LIGA F

El último baile de Misa Rodríguez

La portera canaria se despide del Real Madrid tras seis temporadas. Se marcha sin títulos, pero defendiendo el escudo del equipo en España y en Europa

La portera del Real Madrid, Misa Rodríguez
Real Madrid CF

Era un secreto a voces que Misa Rodríguez abandonaría el club madridista a final de temporada. Pero la confirmación no llegó por parte ni de la entidad blanca, ni de la propia jugadora. Sonia Bermúdez, seleccionadora nacional, confirmó en la rueda de prensa del pasado 27  de mayo que la canaria se marcharía del Real Madrid.

Hay despedidas que muchas veces trascienden lo deportivo. La de Misa Rodríguez es una de ellas, representa el final de una era en el Real Madrid. La portera canaria, una de las jugadoras que puso la primera piedra del proyecto blanco en 2020, se marcha dejando una huella difícil de medir únicamente por las estadísticas. Su adiós simboliza el cierre prácticamente definitivo de aquella generación pionera que convirtió una idea en un equipo competitivo y que llevó al club desde sus primeros pasos hasta consolidarse en el fútbol español, disputando también algún partido europeo.

Misa llegó al Real Madrid en el verano de 2020 procedente del Deportivo. Lo hizo para formar parte del nacimiento oficial de la sección femenina tras la absorción del CD Tacón y rápidamente se convirtió en una pieza indispensable. Desde su debut, asumió la responsabilidad de proteger la portería en una etapa de construcción constante, marcada por el crecimiento del equipo y la exigencia de competir bajo el escudo más mediático del fútbol mundial.

Más allá del rendimiento deportivo

Su trayectoria en el club la sitúa entre las futbolistas más importantes de la corta historia madridista. En enero de 2026 se convirtió en la primera jugadora en alcanzar los 200 partidos con la camiseta blanca, un registro que resume mejor que cualquier discurso su peso dentro del proyecto. Además, conquistó dos Trofeos Zamora y fue durante años la guardameta titular indiscutible del equipo.

Pero la importancia de Misa nunca se limitó a lo que ocurría bajo palos. Con la salida progresiva de muchas de las futbolistas fundacionales, la canaria asumió un papel cada vez más relevante dentro del vestuario. Su liderazgo, su identificación con el club y su capacidad para ejercer de enlace entre generaciones la convirtieron en una referencia para las más veteranas y para las nuevas incorporaciones. La capitanía no hizo más que oficializar un peso que ya tenía desde hacía tiempo.

Su despedida también tiene un fuerte componente simbólico. Junto a Teresa Abelleira, Misa era una de las últimas supervivientes de aquel grupo que inauguró el Real Madrid Femenino en la temporada 2020-21. Con su salida se cierra prácticamente el capítulo fundacional de un equipo que ha evolucionado temporada tras temporada hasta convertirse en aspirante habitual a los grandes títulos.

En términos de rendimiento, pocas jugadoras han ofrecido una regularidad comparable. Durante seis temporadas fue sinónimo de seguridad, acumuló cientos de intervenciones decisivas y sostuvo al equipo en noches complicadas tanto en Liga como en Champions. Su capacidad para aparecer en momentos de máxima presión y su personalidad competitiva la consolidaron como una de las porteras más reconocidas del fútbol español. Los dos Zamora conquistados durante su etapa madridista son una prueba de ello.

Un año de retos

La temporada 2025-26, sin embargo, estuvo marcada por la incertidumbre. El cambio de ciclo en el banquillo y la llegada de Merle Frohms provocaron que Misa comenzara el curso relegada a un segundo plano. Por primera vez desde la creación del equipo perdió la condición de titular, una situación tan inesperada como incómoda para una futbolista acostumbrada a liderar desde el césped.

El panorama cambió con el paso de los meses. Las circunstancias y su propio rendimiento le permitieron recuperar la titularidad, respondiendo con actuaciones solventes y demostrando que seguía siendo una garantía para el equipo. Durante ese tramo volvió a ofrecer la versión que había definido toda su trayectoria en el Real Madrid. Sin embargo, la competencia en la portería volvió a alterar el escenario. En el tramo final de la campaña perdió nuevamente protagonismo, una situación que alimentó las dudas sobre su continuidad y que acabó desembocando en una despedida que parecía inevitable.

Misa se marcha sin haber levantado los grandes títulos que perseguía, pero con algo igual de valioso: el reconocimiento de haber sido una de las futbolistas que construyeron el Real Madrid Femenino desde sus cimientos. Cuando dentro de unos años se repase la historia del club, su nombre aparecerá inevitablemente entre los primeros capítulos. Porque antes de las estrellas que llegaron después, antes de las semifinales europeas y de las noches de prestigio continental, estuvo Misa. Esa portera canaria, que defendió el escudo del Real Madrid como pocas lo han hecho. Desde el primer día hasta el último.

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