Convertida en una de las grandes referentes de la esgrima española, Lucía Martín-Portugués afronta el Mundial en uno de los mejores momentos de su carrera tras proclamarse campeona de Europa. En una entrevista concedida a EFE, la madrileña repasa el camino que la ha llevado hasta la élite, reflexiona sobre la presión de la alta competición y comparte la filosofía con la que afronta tanto el presente como los grandes retos que aún tiene por delante.
El éxito que no se mide en medallas
El oro conquistado en el Campeonato de Europa ha supuesto el mayor éxito de la carrera deportiva de Lucía Martín-Portugués, pero también el reconocimiento a años de esfuerzo en un deporte con mucha menos visibilidad que otros. A sus 35 años, la madrileña se ha consolidado como una de las grandes referentes de la esgrima española y considera que su historia puede servir de ejemplo para quienes creen que la élite tiene fecha de caducidad. “Mi principal hito, más que ser campeona de Europa, es haber conseguido en España ser deportista de alto nivel a los 35 años y poder mantenerme de ello”, asegura. Un mensaje que, explica, quiere trasladar a las nuevas generaciones, muchas de las cuales abandonan el deporte antes de tiempo al pensar que solo se puede triunfar siendo muy joven.
“Hace ya tiempo que dejé de pensar en medallas”
Con esa confianza afronta ahora el Campeonato del Mundo, aunque evita marcarse objetivos relacionados con los resultados. Después de una temporada exigente, reconoce que el oro europeo le ha dado un impulso de energía, pero insiste en que su forma de competir ha cambiado con los años. “Hace ya tiempo que dejé de pensar en medallas. Me centro en el rendimiento y las medallas son una consecuencia directa de haber rendido bien”, explica. Una filosofía que también aplica a la gestión de las expectativas: “Ni soy la mejor del mundo cuando gano, ni la peor cuando pierdo”, resume.

Los próximos asaltos, dentro y fuera de la pista
París 2024 dejó una de sus mayores decepciones deportivas. La madrileña cayó eliminada en el primer asalto y reconoce que no estuvo al nivel que esperaba tras todo el trabajo realizado durante la preparación. “Fue una decepción y un disgusto para mí porque todo el trabajo que habíamos hecho no salió adelante”, admite. Sin embargo, lejos de quedarse con ese mal recuerdo, decidió regresar días después a la capital francesa para darle un nuevo significado a la experiencia. “Mi experiencia deportiva no la podía cambiar, pero mi experiencia olímpica sí. Podía generar recuerdos nuevos”, explica sobre un viaje con el que consiguió reconciliarse con el espíritu olímpico.

Con la mirada ya puesta en Los Ángeles 2028, Lucia reconoce que disputar unos nuevos Juegos “sería un sueño”, especialmente si logra clasificarse con el equipo femenino de sable. Aun así, evita convertir ese objetivo en una obsesión. “Mi sueño es cada día poder levantarme y dedicarme al deporte”, afirma, dejando claro que su manera de entender el éxito ha cambiado con el paso de los años. De hecho, la esgrimista ya tiene claro cuál le gustaría que fuera el siguiente paso en su carrera: tras el ciclo olímpico quiere hacer un parón para ser madre y regresar después a la competición. “Me gustaría hacerlo también por todas las personas que vienen detrás de mí, para transmitir el mensaje de que puedes tener un niño, volver al alto nivel y tener una conciliación familiar normal”, concluye.
La otra cara del éxito
Detrás de los éxitos deportivos de Lucía Martín-Portugués también hay una historia de superación. La deportista española recuerda que, al proclamarse campeona de Europa, el primer pensamiento fue para su padre, fallecido hace trece años mientras ella disputaba precisamente un Campeonato de Europa. Aquel día recibió la noticia de su muerte y terminó la competición en la última posición. Más de una década después, el destino le brindó una oportunidad muy distinta. “Ahora yo iba a poder hacer una de las llamadas más bonitas del mundo, que era a mi madre para decirle que había quedado campeona de Europa”, recuerda emocionada. “Quedé última en aquel campeonato y ahora primera. Hay que ser perseverante”, añade.

Esa fortaleza también la ha llevado a hablar con naturalidad sobre la epilepsia con la que convive, una enfermedad que considera necesario visibilizar. “Todos tenemos algo. Hay discapacidades que son muy evidentes y otro tipo de enfermedades, como las neurológicas, que parecen invisibles. Hay que visibilizarlas también”, defiende. Una mirada que también traslada a su futuro lejos de la competición. Mientras continúa en la élite, Lucia compagina los entrenamientos con cuarto de Odontología y reconoce que le gustaría encontrar una profesión que le permitiera unir sus dos grandes pasiones: la salud y el deporte. Un camino con el que espera seguir dejando huella incluso cuando llegue el día de colgar el sable.

