A los 17 años Naroa Zubimendi (Irún, 2023) apostó por tomarse un año sabático. Sus padres se lo tomaron “bastante bien”, según confiesa la remera guipuzcoana. Eran conscientes de que una adolescente tiene que tomarse a veces un respiro antes de saber hacia dónde quiere orientar su futuro. Tenía que decidir entre aparcar sus estudios un año o apostar fuerte por su carrera deportiva. Zubimendi pertenece a una generación de jóvenes que estuvo encerrada varios meses en casa por la COVID. Como es lógico, quería recuperar parte del tiempo perdido y vivir experiencias que antes no pudo por el confinamiento. En el colegio iba bien. Eso no resultaba un problema. “Me esforzaba un montón por sacar muy buenas notas”, dice. El resto de su tiempo libre lo dedicaba casi en exclusiva al remo. “No paraba de hacer cosas y estaba algo cansada”.
De ahí que el aval paterno esté en este caso más que justificado. “Ese año fue una especie regalo porque pude disfrutar de cosas que, a lo mejor, no voy a tener otra vez la oportunidad del disfrutarlas”, añade. La balanza se inclinó finalmente por el remo. Tras solicitar una plaza en el Centro de Alto Rendimiento de Sevilla se la concedieron y al poco tiempo se trasladó a tierras más cálidas donde pudo convivir durante un año con muchas compañeras de la selección. No toda su vida en la ciudad hispalense tenía que estar centrada en el deporte y en la alta competición. Aprovechó el tiempo para sacarse en carnet de conducir y estudiar inglés, algo que un año después le pudo sacar mucho partido.
La culpable de su afición al mundo del remo es su tía Maite. En su familia todos son bastante altos y la mayoría había jugado al baloncesto. Ella, sin embargo, era consciente de que no era “muy buena”. Los ánimos de su tía nada más cumplir los 12 años para que buscara otro deporte donde se sintiera más cómoda dieron muy pronto resultado. Le comentó que a Naroa que su primo Jon acababa de apuntarse al club de remo Santiagotarrak de Irún “y entonces empezó a decirme que allí había un ambiente muy bueno, donde todos se llevaban super bien y los entrenadores era la mar de majos”.
Ella misma admite que no sabe muy bien por qué fue tan “fácil” de convencer. El caso es que se apuntó, “y desde entonces…”. Ese “desde entonces” se traduce en una plata en el Campeonato del Mundo sub-23 de 2024 en la modalidad dos sin timonel junto a Emma Alimbau, una octava posición en el Mundial sub-23 de 2022 en cuatro sin timonel femenino con la selección española, así como dos campeonatos de España en 2022: uno de larga distancia junto a Aitzpea González y otro en banco móvil.

Irún es una población con mucha afición al remo o al piragüismo en sus diversas modalidades (aguas bravas o de pista). No es difícil ver a cualquier hora del día a un remero dando paladas en su embarcación por el río Bidasoa hasta llegar a Azken Portu. El club Santiagotarrak, que cuenta con 640 socios y más de 60 años de antigüedad, ha visto crecer a deportistas de la talla de Ander Elosegi, con cuatro olimpiadas a sus espaldas y un subcampeonato del mundo en aguas bravas, y en mujeres a Klara Olazabal, dos veces subcampeona del mundo de piragüismo en la modalidad de eslalon.
La clase de Zubimendi en el banco móvil defendiendo los colores de su club pronto se pudo comprobar a base de sus títulos nacionales y de sus buenos resultados cuando competía en el extranjero con la selección nacional. Viajar fuera de España fue lo que le permitió mostrarse en el escaparate que supone ese tipo de competiciones que atraen como un imán a las universidades de Estados Unidos o de Gran Bretaña para tratar de echar sus redes sobre los jóvenes talentos. Lo hacen siempre con una agresiva política de captación de cara a “fichar” a las deportistas que despuntan en el mundo del remo o en cualquier otra modalidad deportiva porque a corto o medio plazo pueden sacar rédito a su inversión y, de paso, crearse una especie de marca capaz de atraer en el futuro a otros chicos y chicas con talento para las actividades deportivas.
“Te empiezan a conocer porque te ven competir y tratan de contactar contigo a través de las redes sociales”, señala. En el caso de Naroa Zubimendi fue la propia Miami University, donde estudian hijos de famosos como David Ghetta o Jon Bon Jovi, quien en septiembre de 2020 se puso contacto con ella por medio de Instagram cuando aún no había acabado el Bachillerato. “Te dicen ¡hola!, soy de la universidad de Miami y contacto contigo por saber si tienes interés en venirte”. El saludo inicial, viene acompañado de una larga lista de servicios que ofrecen al estudiante “todo ello pintado de la mejor manera posible para que vayas con ellos”.
No fue la única universidad que tiró los tejos a la irundarra, aunque ninguna otra le convenció como la de Miami; así que en agosto de 2022 hizo las maletas y partió rumbo a Florida. Lo que más le motivó en su elección fue que en esa universidad se iba a encontrar con chicas que estaban en su misma situación, porque al venir de sitios tan lejanos como Europa, Australia o Nueva Zelanda, “iban a echar de menos igual que yo su casa, su cultura y todas estas cosas que añoras cuando estás fuera”.
También ayudó mucho el hecho de que Miami sea una ciudad “muy activa donde se pueden hacer planes distintos todos los días” o porque se trata de un sitio donde apenas llueve “y eso me permite ir a remar a diario sin temor a que pueda hacer mal tiempo”. De hecho, rechazó propuestas de universidades al norte del país “donde el invierno dura cuatro o cinco meses y, por lo tanto, no tenía sentido ir a un sitio donde hiciera mucho frío y no pudiera remar”. Y eso que siendo de Irún ya estaba bastante acostumbrada a la lluvia. Ahora, en cambio, cuando regresa a su pueblo y está tres días seguidos jarreando agua lo primero que se pregunta es: “Joder, ¿dónde está el sol?”.
Zubimendi goza de una beca que incluye ayudas en sus estudios, manutención y alojamiento. “No puedo entrar en más detalles”, se apresura a decir. Esta política de opacidad respecto a las ayudas económicas se lleva a rajatabla en todas las universidades del país que becan a deportistas. Al margen del importante ahorro de dinero para los bolsillos de los estudiantes, está el tema de las instalaciones que, en este caso, tienen los remeros de la Miami University.
Nada que ver con lo que la guipuzcoana vivió en el Centro de Alto Rendimiento de Sevilla. “Allí teníamos un gimnasio que era como un contendor donde dentro tienes casi todo lo que necesitas como ergómetros y bicis”, afirma. En Miami es otra cosa. “Tenemos unas instalaciones enormes con todo lo necesario para entrenar y un gimnasio gigante, porque es verdad que aquí somos muchas, con sala de fisio incluida”, indica. Como ella misma reconoce: “se nota mucho que aquí hay dinero porque el remo o cualquier otro deporte les interesa muchísimo, mientras que en España no hay tantas subvenciones para el deporte”.
Los entrenamientos también son diferentes. “Cada técnico tiene sus propias ideas”, subraya. Además, en España siempre bogó en botes cortos de dos o cuatro remeras, mientras que en Estados Unidos lo hace en embarcaciones de ocho chicas guiadas por un timonel. Con ellas comparte su tiempo libre y reconoce que, “aunque es mentira,” cuando sale por televisión el futbolista del Arsenal Martin Zubimendi bromea diciéndoles: “Mirar, ese es mi primo”, y como por allí no hay muchos zubimendis la cosa cuela entre risas. Y es que Miami es una ciudad muy futbolera que va a acoger varios partidos de la próxima Copa del Mundo. Tan ese así, que más de una persona felicitó a la guipuzcoana por el reciente título de campeón de Copa de la Real Sociedad.

En estos cuatro años en Estados Unidos a Naroa Zubimendi le ha dado tiempo a completar sus estudios de Ingeniería Biomédica. Este verano piensa regresar a Irún para después emprender viaje de vuelta a Miami donde piensa realizar un máster y terminar el equivalente en España al Trabajo de Fin de Grado. El proyecto que debe presentar junto a sus compañeras se basa en el diseño de un aparato que permite a las personas epilépticas saber con antelación que van a tener un ataque “para que puedan ir a un sitio donde estén controlados”. La remera irundarra explica que las personas epilépticas no pueden conducir si sufren un ataque “porque ponen en riesgo sus vidas y las de otras personas”. Tampoco pueden subir escaleras “o hacer otro tipo de cosas que a nosotros nos parecen básicas” y ese aparato les va a alertar unos minutos antes de que van a sufrir un ataque “para que, por favor, estén tranquilos”.
Con tantas horas de dedicación para los estudios y el deporte, los ratos de ocio son escasos y los interpreta como una especie de recompensa a todos sus sacrificios. De lunes a viernes se despierta sobre las 5:30 horas para ir a entrenar y con el tiempo justo para cambiarse se pasa el resto de la mañana en la universidad. Por la tarde más de lo mismo hasta que llega a su casa “reventada” sobre las 19:30 horas. Los fines de semana sale a divertirse “en una ciudad con infinitas actividades para hacer”. Lo habitual para despejarse del trajín que se trae los días laborables es ir a alguna discoteca “a tomar algo sin estar tanto tiempo como estamos acostumbrados en España”. Sin embargo, no tiene muchos fines de semana de asueto. “Es que entre que estamos super cansadas, que a lo mejor tenemos que competir o hacer cualquier otra cosa, tampoco es que al final tengamos tanto tiempo libre”, se queja.
Este último año no le ha ido nada mal a Naroa Zubimendi. Ha sido elegida “remera a seguir” y ha conseguido “algo muy bonito” como fue que su embarcación se clasificara por primera vez en su historia para los campeonatos nacionales de universitarios en Estados Unidos. Este pasado fin de semana pudo competir en Georgia con los 22 mejores botes del país. La mitad se clasificó porque habían sido líderes en sus respectivas conferencias y los otros once por una invitación que se concede a las tripulaciones que más han destacado durante toda la temporada. Miami fue una de las invitadas. Naroa Zubimendi no le resta mérito alguno a no haber liderado su conferencia. “Es que, con diferencia, es la más dura”. Y no le falta razón, porque entre las cuatro primeras clasificadas en los nacionales, donde Texas se alzó con la victoria, dos de ellas (Stanford y Virginia), estaban en su conferencia.
A falta de dos años para la próxima cita olímpica, a la irundarra no le quita el sueño la idea de acudir a Los Angeles. “Siempre me he tomado el deporte como una diversión para pasármelo bien y competir”. Lo dice con sinceridad. “Fíjate, cuando me llamaron por primera vez para la selección ni siquiera sabía quiénes eran las buenas en mi especialidad”, remacha. Tal vez la falta de un auténtico referente a quien seguir su ejemplo le lleve a inclinar la balanza por el aspecto profesional. “Prefiero centrarme en mi carrera profesional que en ir a unos Juegos Olímpicos buscando un poco cómo ir formándome de cara al futuro”.

