BALONCESTO

Senda Berenson, la madre del baloncesto femenino mundial

La pionera que desafió los prejuicios de finales del siglo XIX y sentó las bases del baloncesto femenino que hoy conquista el mundo

Hablar de baloncesto femenino en la actualidad implica pensar en figuras como Caitlin Clark, Paige Bueckers, Breanna Stewart, o Alba Torrens. Sin embargo, ninguna de ellas habría podido escribir su historia sin el legado de una mujer que, hace más de 130 años, desafió las normas de una sociedad que apenas concebía el deporte como una actividad para mujeres. Su nombre era Senda Berenson y hoy es recordada como la madre del baloncesto femenino mundial.

Mientras James Naismith pasaba a la historia como el inventor del baloncesto en 1891, fue Senda Berenson quien entendió que aquel nuevo deporte también podía cambiar la vida de las mujeres. No quiso trasladar el juego a las pistas femeninas, sino que lo adaptó, organizó y sentó las bases para que miles de jóvenes pudieran practicarlo en aquel entonces cuando la práctica de deporte no estaba bien vista entre las mujeres.

Nacida el 19 de marzo de 1868 en la actual Lituania, emigró junto a su familia a Estados Unidos cuando apenas tenía siete años. Su sueño inicial no estaba relacionado con el deporte, sino con la música. Aspiraba a convertirse en pianista, pero los problemas físicos que sufría desde joven la llevaron a abandonar esa idea y a ingresar en la Boston Normal School of Gymnastics, donde descubrió que la educación física era realmente su vocación. 

Su llegada al Smith College de Massachusetts marcaría un antes y un después. Como directora de educación física, buscaba una actividad que motivara a sus alumnas durante los fríos inviernos. Fue entonces cuando conoció el nuevo deporte creado por James Naismith. Tras viajar para conocer de primera mano aquel juego, decidió introducirlo en el centro, aunque realizando modificaciones para adaptarlo a las convenciones físicas y sociales de finales del siglo XIX.

La mujer que cambió las reglas del juego

El 22 de marzo de 1893 organizó el primer partido oficial de baloncesto femenino de la historia entre alumnas de primer y segundo curso del Smith College. Aquel encuentro reunió a unas 800 espectadoras y tuvo una particularidad que hoy resulta llamativa y es que los hombres tenían prohibida la entrada al gimnasio. Senda Berenson quería que las jóvenes jugaran sin sentirse observadas ni juzgadas en una sociedad profundamente conservadora.

Su aportación fue mucho más allá de aquel partido histórico. Convencida de que el deporte debía favorecer la cooperación por encima de la competición, modificó las reglas originales de Naismith. Dividió la pista en tres zonas para limitar los desplazamientos, restringió el número de botes consecutivos y evitó el contacto físico entre jugadoras, adaptando el juego a la mentalidad de la época y facilitando su aceptación en colegios y universidades femeninas. Aunque muchas de esas normas desaparecerían con el paso de las décadas, fueron decisivas para que el baloncesto femenino pudiera desarrollarse y extenderse por todo Estados Unidos.

Senda Berenson enseñando las normas del baloncesto femenino. AISH
AISH

En 1901 publicó la primera Guía de Baloncesto para Mujeres, un documento que unificó las reglas del juego y sirvió de referencia para cientos de centros educativos durante décadas. Además, presidió durante doce años el Comité de Baloncesto Femenino de Estados Unidos, desde donde continuó perfeccionando el reglamento y promoviendo la práctica deportiva entre las mujeres. Senda Berenson defendía que el ejercicio no solo fortalecía el cuerpo, sino también el carácter, la confianza y la capacidad de trabajar en equipo.

Un legado que sigue vivo

Senda Berenson falleció en 1954 sin llegar a contemplar la auténtica dimensión de su obra. Décadas más tarde, el baloncesto femenino alcanzaría la categoría olímpica y comenzaría un crecimiento imparable que hoy se refleja en ligas profesionales como la WNBA, en competiciones universitarias con millones de espectadores y en el auge en todos los continentes.

Su legado fue reconocido oficialmente en 1985, cuando se convirtió en la primera mujer incorporada al Naismith Basketball Hall of Fame como colaboradora del desarrollo del deporte. Posteriormente también ingresó en el Women’s Basketball Hall of Fame y en el International Jewish Sports Hall of Fame, consolidando un reconocimiento que llegó varias décadas después de su fallecimiento.

Hoy resulta imposible entender el crecimiento del baloncesto femenino sin recordar a aquella profesora que creyó que las mujeres también merecían competir, aprender y disfrutar del deporte. El éxito de jugadoras como Breanna Stewart, A’ja Wilson, Caitlin Clark, Sabrina Ionescu o las referentes españolas de las últimas generaciones encuentra parte de su origen en la valentía de una mujer que decidió romper con los prejuicios de su tiempo.

La historia del baloncesto femenino no comienza con una gran final ni con una estrella de la WNBA. Comienzó con una profesora que vio en un deporte recién inventado una herramienta para cambiar vidas. Más de un siglo después, cada canasta anotada en una pista femenina sigue siendo, en cierto modo, un homenaje silencioso a Senda Berenson, la mujer que abrió la puerta para que todas las demás pudieran entrar.

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