FÚTBOL

Viajar a España para poder gestar un hijo sola, así es la historia de Alia Guagni

La exinternacional italiana cruzó fronteras para cumplir su deseo de maternidad ante las restricciones vigentes en su país

Durante años, Alia Guagni centró su vida en el fútbol. La exfutbolista italiana desarrolló gran parte de su carrera en un momento en el que el fútbol femenino todavía luchaba por obtener reconocimiento profesional y mejores condiciones laborales. En ese contexto, la maternidad parecía un proyecto difícil de encajar entre entrenamientos, competiciones y la exigencia de la élite.

Sin embargo, la idea de tener hijos nunca desapareció. “Siempre he querido tener hijos, siempre he imaginado una familia”, ha contado la exjugadora. Con el paso del tiempo, ese deseo empezó a ganar peso y la llevó a tomar una decisión que resultaría clave para su futuro: congelar sus óvulos mientras seguía compitiendo.

Cuando puso fin a su carrera deportiva en 2025, sintió que había llegado el momento de priorizar aquello que llevaba años posponiendo. Tras reflexionar durante mucho tiempo sobre la posibilidad de convertirse en madre sin pareja, decidió iniciar el proceso. “No encontré a la persona adecuada con la que formar una familia, pero había llegado el momento adecuado“, explicó.

Lo que entonces parecía una decisión personal pronto chocó con una realidad inesperada. Como mujer soltera, no podía acceder en Italia al tratamiento que necesitaba para quedarse embarazada. Para cumplir su deseo de ser madre tendría que buscar una alternativa fuera de su país, un camino que terminaría llevándola a España.

La alternativa estaba en España

Cuando Guagni decidió que quería ser madre, se encontró con un obstáculo que nada tenía que ver con la medicina. El problema no era el tratamiento ni las posibilidades de éxito, sino el lugar donde pretendía realizarlo. En Italia, una mujer sin pareja no puede acceder a determinados procedimientos de reproducción asistida, una limitación que acabó condicionando por completo su camino hacia la maternidad.

La situación resulta llamativa porque algunas de las técnicas necesarias para llevar a cabo estos procesos están permitidas en el país. Sin embargo, la normativa establece quién puede beneficiarse de ellas y quién no. En la práctica, esto deja fuera a las mujeres que desean afrontar la maternidad en solitario y a las parejas formadas por dos mujeres.

La imagen que subió Alia Guagni a sus redes sociales para anunciar su embarazo
@aliaguagni

Ante ese escenario, la exfutbolista tuvo que mirar más allá de las fronteras italianas. El destino elegido fue España, uno de los países europeos con una legislación más amplia en materia de reproducción asistida. Desde hace dos décadas, las mujeres pueden acceder a estos tratamientos independientemente de si tienen pareja o de cuál sea su orientación sexual, una diferencia legal que ha convertido al país en un punto de referencia para muchas europeas.

Guagni ya conocía España por su trayectoria deportiva y encontró en Barcelona la posibilidad de dar el paso que en su país no podía dar. Allí inició el proceso que llevaba años imaginando y que terminó con el resultado que esperaba. “Tuve suerte. El primer intento salió bien“, recordó después.

Su experiencia refleja una realidad que va mucho más allá de su caso personal: la de mujeres que, pese a cumplir todos los requisitos médicos para iniciar un embarazo, se ven obligadas a viajar cientos o miles de kilómetros porque la legislación de su lugar de origen no contempla su modelo de familia.

La otra barrera del proceso

Para la exfutbolista, la dificultad no terminó cuando encontró un país donde podía acceder al tratamiento. El siguiente obstáculo fue asumir todo lo que implica realizar un proceso médico lejos de casa. Porque cuando la legislación obliga a buscar soluciones en el extranjero, la maternidad deja de depender únicamente de una decisión personal o médica y pasa a estar condicionada también por los recursos de cada mujer.

Desplazamientos, estancias, visitas a clínicas, pruebas médicas y la necesidad de coordinar cada paso desde otro país forman parte de una realidad que muchas mujeres deben afrontar. Un camino que requiere tiempo, planificación y una capacidad económica que no está al alcance de todas.

La propia Guagni reconoce que pudo recorrer ese camino gracias a las circunstancias que la rodeaban. “Yo pude hacerlo porque tenía una red familiar fuerte, apoyo y posibilidades económicas. No es así para todo el mundo“, explicó al recordar el proceso.

Su experiencia pone el foco sobre una cuestión que va más allá del debate legal. Cuando una persona se ve obligada a salir de su país para acceder a un tratamiento sanitario, las diferencias económicas adquieren un papel decisivo. Quienes cuentan con recursos pueden buscar alternativas fuera de sus fronteras; quienes no los tienen, a menudo ven reducidas sus opciones.

Por eso, el caso de la exfutbolista italiana se ha convertido también en un ejemplo de las desigualdades que generan este tipo de restricciones. No todas las mujeres parten desde el mismo lugar cuando llega el momento de intentar formar una familia.

Una reforma en espera

Esta historia ha vuelto a situar en el centro del debate una cuestión que Italia lleva años sin resolver. Aunque la legislación ha evolucionado en algunos aspectos relacionados con la reproducción asistida, todavía existen límites que dejan fuera a determinados modelos familiares.

En la actualidad, las mujeres que desean afrontar la maternidad sin pareja y las parejas formadas por dos mujeres continúan encontrando obstáculos para acceder a estos tratamientos dentro del país. Una situación que contrasta con la realidad de buena parte de Europa, donde las normas se han adaptado progresivamente a nuevas formas de familia.

La discusión llegó incluso al Tribunal Constitucional italiano. En 2025, los magistrados analizaron si la exclusión de las mujeres solteras debía modificarse por la vía judicial. La respuesta fue clara: la normativa vigente podía mantenerse, pero nada impide que sea cambiada mediante una decisión parlamentaria.

Esa conclusión desplazó el foco del debate. La cuestión dejó de estar en manos de los jueces para situarse directamente en el terreno político. El futuro de miles de mujeres que reclaman acceder a la reproducción asistida sin las restricciones actuales depende ahora de la voluntad de los legisladores.

Por eso, el caso de Guagni ha adquirido una dimensión que va mucho más allá de su experiencia personal. Su historia ha reabierto una conversación sobre quién puede formar una familia, quién decide los límites de ese derecho y hasta qué punto la legislación refleja la realidad de la sociedad actual.

Alia Guagni junto a su hija, Isabel Lily
@aliaguagni

La cara visible del debate

Lo que comenzó como una decisión íntima ha terminado convirtiendo a Alia Guagni en una de las voces más visibles de un debate que divide a Italia. Tras hacer pública su experiencia, la exfutbolista decidió dar un paso más y utilizar su historia para reclamar cambios en una legislación que considera desfasada respecto a la realidad social actual.

Por ello se ha sumado a una iniciativa que busca ampliar el acceso a la reproducción asistida y abrir el debate en las instituciones italianas. El objetivo es que mujeres que se encuentren en situaciones similares no tengan que recorrer el mismo camino ni verse obligadas a salir del país para cumplir su deseo de formar una familia.

Guagni ha defendido públicamente la necesidad de avanzar hacia un modelo más inclusivo y ha expresado cuál es su principal deseo para el futuro. “Me gustaría que mi hija creciera en un país más justo“, afirmó durante la presentación de la campaña.

La exinternacional también ha cuestionado algunas de las ideas que, a su juicio, siguen condicionando la conversación pública sobre la maternidad y la familia. “La familia es amor, presencia y apoyo. Es estar ahí cada día“, señaló, reivindicando una visión que va más allá de las estructuras tradicionales.

Su historia ha encontrado eco entre muchas mujeres que han vivido situaciones similares o que se plantean recorrer el mismo camino. Lo que para ella comenzó como una decisión personal ligada a su deseo de ser madre se ha transformado en un símbolo de una realidad cada vez más visible en Europa: la de quienes reclaman que el acceso a la maternidad dependa de una elección personal y no del modelo familiar reconocido por la ley.