165 días después de Adamuz, el servicio de AVE Renfe sigue en decadencia

Un tren entre Zaragoza y Madrid acumula casi una hora de retraso mientras los pasajeros buscan respuestas y temen perder sus conexiones

Retrasos del AVE Renfe desde Zaragoza - Economía
Una fotografía del panel de la Estación Delicias de Zaragoza con los retrasos.
Artículo14/David Lorao

Han pasado 165 días desde el accidente ferroviario de Adamuz. Casi medio año desde aquella tragedia que conmocionó a España, dejó 45 víctimas mortales y abrió interrogantes muy serios sobre el estado de la red ferroviaria. Sin embargo, para quienes seguimos utilizando el AVE Renfe, la sensación no es que el servicio se haya recuperado, sino que el deterioro comienza a asumirse como una nueva normalidad.

Este miércoles tenía previsto viajar desde Zaragoza hasta Madrid en un tren cuya salida estaba programada para las 08:04 horas. Había madrugado, había llegado a la estación con tiempo suficiente y esperaba afrontar un desplazamiento ordinario. Nada especialmente complicado: subir al tren, sentarme y llegar a Madrid a la hora establecida.

Pero la hora prevista de salida comenzó a cambiar. Primero apareció una demora considerable. Después, el retraso siguió aumentando hasta situar la salida alrededor de las 08:57 horas. Casi una hora perdida antes incluso de subir al tren, sin una explicación clara y con la desagradable incertidumbre de no saber si la previsión volvería a empeorar.

Un retraso del AVE Renfe sin una explicación concreta

Me acerqué a la oficina de Renfe porque necesitaba confirmar la demora. No quería pasar el control, quedarme encerrado en la zona de embarque y continuar esperando sin información. Bastante tenía ya con un madrugón que, a efectos prácticos, había resultado completamente inútil.

Pregunté a una trabajadora de Renfe si podía confirmar la nueva hora de salida. También quise saber qué había ocurrido. La mujer suspiró, se encogió de hombros y respondió con una sinceridad tan espontánea como preocupante:

—A saber.

Después consultó la información disponible en su ordenador.

—Parece que ha salido con 50 minutos de retraso.

—Alguna incidencia técnica, supongo —le sugerí.

—Puede ser.

—¿Es habitual?

—¿Los retrasos?

—Sí.

—Claro. Desde lo del accidente y que han disminuido la velocidad…

Conviene precisar que aquella fue la explicación informal de una trabajadora, no una comunicación oficial de Renfe sobre la causa concreta del retraso. Yo no recibí ningún aviso que identificara una avería determinada, una incidencia en la infraestructura o una limitación temporal de velocidad como origen de la demora.

Lo verdaderamente desolador, sin embargo, fue aquel “claro” pronunciado con absoluta naturalidad. Como si una hora de retraso fuese ya una consecuencia inevitable de viajar en tren. Como si los pasajeros tuviéramos que resignarnos a que el servicio público pierda calidad y puntualidad con el paso de los meses.

La comparación inevitable con los trenes de China

165 días después de Adamuz, el servicio de AVE Renfe sigue en decadencia
Tren AVE de alta velocidad en movimiento.
Shutterstock

La experiencia resultaba todavía más frustrante porque apenas un mes antes había recorrido China utilizando el tren como principal medio de transporte. Viajé en ferrocarril por Pekín, Xi’an, Chengdú, Chongqing, Fenghuang, Furong y Zhangjiajie.

No fue un trayecto aislado ni una casualidad afortunada. Fueron numerosos desplazamientos entre ciudades, algunos de ellos a través de distancias enormes. Ninguno de aquellos trenes sufrió un retraso de un solo minuto. Ninguno. Las salidas y las llegadas se produjeron exactamente a la hora prevista.

La comparación con el AVE Renfe es incómoda, pero resulta inevitable. España ha presumido durante años de contar con una de las grandes redes de alta velocidad del mundo. Sin embargo, el valor de una infraestructura no puede medirse únicamente por los kilómetros de vías construidos o por la velocidad máxima que pueden alcanzar los trenes. También se mide por su fiabilidad, por la información que reciben los pasajeros y por la capacidad de responder cuando algo falla.

También existe una diferencia llamativa en los servicios que rodean al viaje. En la estación de Zaragoza, un café puede costar 2,40 euros y utilizar el baño supone pagar un euro. En muchas de las grandes estaciones chinas, los aseos eran gratuitos y se podía desayunar por dos o tres euros.

No se trata de idealizar un país ni de fingir que todos sus servicios son perfectos. Se trata de comparar experiencias concretas. Y mi experiencia fue que la red ferroviaria china funcionó con una puntualidad absoluta, mientras que en España tuve que acudir a una oficina para descubrir si mi tren saldría con 50, 53 o casi 60 minutos de retraso.

Las vacaciones y las conexiones perdidas no se recuperan

En mi caso, la demora era molesta, pero no catastrófica. Viajaba con un horario relativamente flexible y podía asumir que mi llegada a Madrid se retrasara. No tenía un avión esperándome ni una cita cuyo incumplimiento pudiera provocar consecuencias graves.

Otros viajeros no tenían esa suerte. En la oficina de Renfe había personas visiblemente desesperadas porque debían enlazar en Madrid con otros trenes o con vuelos. Algunas corrían el riesgo de perder sus conexiones y de ver cómo unas vacaciones organizadas durante meses se desmoronaban por una demora de la que nadie les ofrecía una explicación precisa.

Puede que muchos dispongan de seguros de viaje. Puede que recuperen el precio de un billete, una reserva o una noche de hotel. Pero las vacaciones perdidas, las horas desperdiciadas y las citas canceladas no las devuelve ninguna indemnización.

Tras el accidente de Adamuz, Adif impuso limitaciones temporales de velocidad en distintos tramos de la red por motivos de seguridad. Algunas de ellas provocaron importantes demoras y Renfe llegó a anunciar que determinados retrasos causados por esas restricciones no generarían derecho a compensación para los billetes adquiridos desde finales de enero. Posteriormente, la Comisión Europea recordó que las operadoras no podían desentenderse automáticamente de los derechos de los viajeros.

La seguridad debe estar siempre por encima de la puntualidad. Nadie razonable pediría que un tren circule más rápido si existe alguna duda sobre la infraestructura. Pero proteger a los pasajeros no puede convertirse en una coartada permanente para aceptar un servicio cada vez peor, especialmente cuando las demoras llegan sin información suficiente.

165 días después de Adamuz, el servicio de AVE Renfe sigue en decadencia
El ministro de Transportes, Óscar Puente.
EFE/ Mariscal

El ministro de Transportes, Óscar Puente, defendió tras la tragedia la fiabilidad de la alta velocidad española. Sin embargo, para el viajero que espera durante una hora en una estación, las declaraciones institucionales importan bastante menos que el panel de salidas.

Han pasado 165 días desde Adamuz. El accidente exige prudencia, investigación, mantenimiento e inversiones. Lo que no debería exigir es acostumbrarnos al deterioro. Porque cuando una trabajadora responde “claro” al preguntarle si los retrasos son habituales, quizá el problema ya no sea únicamente que los trenes lleguen tarde.

El problema es que empezamos a considerar normal que lo hagan.

TAGS DE ESTA NOTICIA