Anna Olsina es socia directora de Diaphanum SV en Cataluña y ha desarrollado toda su carrera en el sector financiero y bancario, siempre en posiciones de dirección comercial y muy vinculada a la relación de confianza con clientes de banca privada, familias empresarias y grandes patrimonios. Su carrera laboral le ha permitido entender que la gestión patrimonial no va solo de inversiones, sino de acompañar decisiones familiares, empresariales y vitales que muchas veces trascienden una generación. Se trata de una trayectoria que le ha llevado a Diaphanum, donde lidera el negocio en Cataluña desde un modelo independiente, sin producto propio y con una visión muy integral del patrimonio.
Este verano lo afronta con ganas de recuperar tiempo y perspectiva junto a su familia tras un año y medio especialmente intenso, marcado por la apertura de Diaphanum en Cataluña, la construcción de un equipo y el reto de consolidar un modelo independiente en un territorio exigente. Las vacaciones llegan como una oportunidad para cambiar de ritmo, viajar y volver a conectar con los suyos.
¿Dónde está hecha la foto que nos compartes y qué recuerdo especial te trae?
Jordania fue un viaje de familia, luz y perspectiva. Wadi Rum, con su silencio y su escala casi irreal, se convierte en el hilo conductor de unas vacaciones que no fueron solo una desconexión, sino una forma de descubrir otra cultura y, a la vez, volver a conectar los tres como familia. La foto está hecha en Wadi Rum, en Jordania, durante un viaje con mi marido y mi hija. La elegí porque recoge algo que allí se siente de forma muy intensa: la magia de la luz, el silencio y una inmensidad que te coloca en otro lugar. Recuerdo especialmente el atardecer, cuando el desierto cambia de color y todo parece quedarse suspendido. Fue uno de esos momentos sencillos y enormes a la vez: estar los tres juntos, sin prisa, mirando el horizonte. De esas vacaciones recuperaría precisamente eso: la capacidad de asombro y la sensación de estar plenamente presente.
¿Cómo llega a estas vacaciones? ¿Cuál ha sido el principal desafío profesional de los últimos meses?
Llego a estas vacaciones después de una etapa profesional especialmente intensa. Hace un año y medio abrimos Diaphanum en Cataluña y el reto ha sido abrir camino en un territorio muy exigente: construir equipo, dar a conocer la marca, explicar bien nuestro modelo independiente y ganarnos la confianza de familias empresarias y patrimonios que buscan algo distinto a la banca tradicional. Ha sido un desafío muy bonito, pero también de mucha energía, constancia y presencia. Posicionar una firma no se consigue solo con discurso; se consigue estando, escuchando, respondiendo bien y demostrando, día a día, que aportas valor real.
¿Qué significa para ti desconectar?
Para mí desconectar no es desaparecer, sino cambiar de ritmo y recuperar espacio interior. Me ayuda viajar, especialmente cuando lo hacemos los tres en familia: mi marido, mi hija y yo. Descubrir nuevas culturas y países nos abre la mirada hacia fuera, pero también nos permite mirarnos de otra manera hacia dentro. Compartir veinticuatro horas al día, vivir experiencias nuevas, perdernos, reírnos, decidir juntos y salir de la rutina nos une muchísimo. En esos viajes dejamos de ser solo una familia organizada por horarios y obligaciones, y volvemos a conectar desde lo más sencillo: estar juntos.
¿Eres de las que consigue olvidarse del trabajo en vacaciones o siempre queda un ojo puesto en el móvil?
No consigo olvidarme del trabajo al cien por cien, y tampoco creo que en determinadas responsabilidades sea realista. Pero sí he aprendido a poner distancia y a no dejar que el móvil marque el tono de las vacaciones. Reviso lo imprescindible, confío en el equipo y procuro no confundir disponibilidad con presencia permanente. Me gusta sentir que sigo siendo responsable, pero sin perderme lo que tengo delante. Al final, desconectar también es una disciplina: saber cuándo mirar una pantalla y, sobre todo, cuándo levantar la vista para mirar a las personas que tienes al lado.
¿Cuál es el mayor lujo que te permites durante las vacaciones?
El mayor lujo que me permito en vacaciones es viajar los tres en familia. Ahora que mi hija ya tiene 18 años, soy muy consciente de que esos viajes compartidos son un privilegio y no algo que deba dar por hecho. Me gusta descubrir países nuevos con ellos, entender otras culturas, probar comidas distintas, caminar por lugares desconocidos y construir recuerdos comunes. Compartir esas experiencias durante días enteros nos conecta de una forma difícil de conseguir en la vida diaria. Para mí el lujo no es tanto el destino, aunque lo disfrute, sino el tiempo compartido y la conversación sin prisa.
¿Qué libro, serie, pódcast o canción te acompañará este verano?
Este verano quiero leer una novela histórica reciente: El ejército ciego, de David Toscana, Premio Alfaguara de Novela 2026. Me atrae porque parte de un episodio medieval durísimo, en las guerras bizantinas, y lo transforma en una reflexión sobre el poder, la derrota, la resistencia y la dignidad de los vencidos. Me gusta la novela histórica precisamente por eso: porque te permite viajar a otro tiempo, comprender mejor la condición humana y mirar el presente con más profundidad. En vacaciones necesito lecturas que me saquen de mi entorno habitual, pero que, de algún modo, también me ayuden a pensar.
Completa la frase: “Cuando vuelvo de vacaciones siempre regreso con más…”
Cuando vuelvo de vacaciones siempre regreso con más perspectiva. Con la sensación de que para decidir bien también hay que tomar distancia; de que la intensidad profesional necesita pausas para convertirse en criterio; y de que las mejores ideas no siempre aparecen en una reunión, sino muchas veces caminando, viajando o compartiendo una conversación tranquila. También regreso con más gratitud: por el trabajo, por la familia, por la salud y por la posibilidad de seguir construyendo proyectos con sentido. Las vacaciones me recuerdan que avanzar no siempre significa acelerar; a veces significa volver con la mirada más limpia.

