Cristina Llanas es directora de Experiencia de Personas y responsable de Igualdad en Banco Sabadell y, desde este año, vicepresidenta de Women in Banking Spain (WIB), una asociación que impulsa el liderazgo femenino y la visibilidad del talento en el sector financiero.
En la entidad bancaria catalana, donde trabaja desde hace 25 años, ha desempeñado diferentes responsabilidades dentro del Centro Corporativo, siempre vinculadas a la gestión del talento, con la vocación de contribuir al desarrollo de las personas y a la construcción de una cultura que permita a cada profesional alcanzar su mejor versión. Además, forma parte de Women in Banking Spain desde sus inicios, hace ya cuatro años, y actualmente es la vicepresidenta de la asociación.
Este verano vuelve al Delta del Ebro, un rincón de Tarragona al que su familia regresa desde hace doce años. Allí cambia las reuniones y la agenda por largas caminatas, tiempo compartido y una desconexión que entiende no como un premio, sino como una necesidad para recuperar la energía y la perspectiva.
¿Dónde está hecha la foto que nos compartes y qué recuerdo especial te trae?
La foto está hecha en la playa La Punta del Fangar, en el Delta del Ebro (Tarragona), un lugar muy especial para mí y para mi familia. Desde hace ya doce años elegimos este paraje para pasar unos días de nuestras vacaciones de verano, hasta convertirlo en una tradición familiar.
Es un entorno único, de gran belleza natural. Sus extensas playas, el mar Mediterráneo, la amplitud del paisaje y la ausencia de aglomeraciones crean una sensación de calma que resulta cada vez más valiosa en nuestro día a día. Es uno de esos lugares donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo.
Esta fotografía me recuerda precisamente eso: la importancia de parar, reconectar y dedicar tiempo a lo esencial. Para mí, el Delta representa descanso, bienestar y equilibrio, pero también momentos compartidos con mi familia, que son, sin duda, los más importantes. Allí disfrutamos por igual grandes y pequeños, y cada verano volvemos a casa con la sensación de haber recargado energía y de haber creado nuevos recuerdos juntos.
Si tuviera que resumir lo que significa este lugar para mí, diría que es mi espacio de reconexión: con la naturaleza, con mi familia y también conmigo misma.
¿Cómo llega a estas vacaciones? ¿Cuál ha sido el principal desafío profesional de los últimos meses?
Llego a estas vacaciones con muchas ganas de disfrutarlas y de saborear un descanso muy esperado. Han sido meses especialmente intensos, pero también enormemente enriquecedores, tanto en Banco Sabadell como en Women in Banking Spain (WIB).
En WIB, uno de los grandes retos de este año ha sido seguir avanzando en la profesionalización y consolidación de la asociación. Hemos asumido nuevos compromisos a través de acuerdos con colaboradores institucionales y hemos impulsado con fuerza nuestra expansión territorial, con el objetivo de llevar la actividad de WIB allí donde más necesario es visibilizar referentes femeninos y generar oportunidades para el desarrollo del talento.
El camino recorrido en estos meses ha sido muy ilusionante. Hemos reforzado nuestra presencia fuera de Madrid con iniciativas como los dos encuentros celebrados en Barcelona, hemos llegado a Valencia y ya estamos trabajando para extender nuestra actividad a otras ciudades como Bilbao, Sevilla o Zaragoza. Queremos que WIB sea una asociación cercana, accesible y con impacto en todo el territorio.
Paralelamente, hemos continuado desarrollando programas que forman parte de nuestro ADN: la mentorización de jóvenes universitarias, los cafés profesionales para estudiantes y recién incorporadas al sector, las sesiones de desarrollo para nuestras socias y la participación activa en debates y eventos de actualidad que contribuyen a transformar la industria financiera. Afortunadamente, las ideas, la energía y las ganas de seguir avanzando nunca faltan.
“El principal desafío ha sido compaginar dos responsabilidades que me apasionan”, Cristina Llanas
En cuanto a Banco Sabadell, la actividad ha mantenido el nivel de exigencia, responsabilidad e intensidad propios de una organización que se encuentra en constante evolución. Seguir impulsando iniciativas relacionadas con la experiencia de nuestras personas, la escucha, la cultura y la diversidad exige una mirada estratégica, pero también una gran capacidad de adaptación y ejecución.
Si tuviera que resumir el principal desafío de estos últimos meses, diría que ha sido compaginar con éxito dos responsabilidades que me apasionan y que comparten un mismo propósito: acompañar a las personas en su desarrollo y contribuir a generar un impacto positivo y sostenible, tanto dentro de las organizaciones como en la sociedad.
¿Qué significa para ti desconectar?
Para mí, desconectar significa volver a lo esencial. Es descansar, dormir sin prisas, pasear, disfrutar de una buena conversación alrededor de una mesa y compartir tiempo de calidad con las personas que más quiero.
Significa, sobre todo, disfrutar de mi familia. De mi pareja y de mis dos hijos, de 13 y 9 años, con quienes intento aprovechar esos momentos que durante el resto del año el ritmo diario no siempre nos permite vivir con la calma que merecen. Los juegos, las risas, las conversaciones improvisadas y esa complicidad que surge cuando simplemente estamos juntos son, para mí, una de las mejores formas de desconectar.
También supone dejar de hacer malabares por unos días. Aparcar esa sensación permanente de tener que llegar a todo, de no olvidarme de nada ni de nadie, y permitirme vivir con un ritmo más pausado. Dejarme llevar, improvisar planes con amigos, hacer una excursión, leer, contemplar el paisaje o, simplemente, no hacer nada.
Pero desconectar también tiene una dimensión muy personal. Es encontrar espacios para mí misma, cuidar cuerpo y mente, hacer deporte, estar al aire libre y disfrutar de la naturaleza. Son esos momentos en los que bajo el ruido, recupero perspectiva y vuelvo a conectar conmigo.
Al final, he aprendido que desconectar no es alejarse de lo importante, sino precisamente volver a ello: a las personas, a los lugares y a las pequeñas cosas que nos ayudan a recuperar el equilibrio y la energía para afrontar nuevos retos.
¿Eres de las que consigue olvidarse del trabajo en vacaciones o siempre queda un ojo puesto en el móvil?
Sí, lo consigo, pero reconozco que necesito unos días de adaptación. No soy de las que apagan el interruptor de un día para otro. Después de meses intensos de actividad y de agendas muy exigentes, necesito un pequeño periodo de descompresión para bajar revoluciones y dejar de pensar en proyectos, reuniones o tareas pendientes.
También ayuda mucho que el entorno acompañe. Cuando gran parte de las personas con las que trabajas están igualmente de vacaciones, es más fácil desconectar sin la sensación de que puede surgir algún imprevisto o de que te espera una montaña de correos urgentes a la vuelta.
Dicho esto, confieso que sigo siendo de las que mantiene un ojo puesto en el móvil. Creo que es algo bastante habitual para quienes tenemos responsabilidades profesionales y disfrutamos de nuestro trabajo. Sin embargo, con los años he aprendido a gestionarlo mucho mejor. He entendido que desconectar no es una recompensa, sino una necesidad para volver con energía, perspectiva y nuevas ideas.
Hoy consigo llegar a momentos de desconexión casi total. Quizá uno de los aprendizajes más valiosos de los últimos años ha sido entender que detenerse también forma parte del camino. Hay momentos para impulsar, decidir y acompañar, y otros para tomar distancia, recuperar energía y ganar perspectiva. Y las vacaciones son precisamente una oportunidad para ello.
¿Cuál es el mayor lujo que te permites durante las vacaciones?
Mi mayor lujo durante las vacaciones es, curiosamente, algo muy sencillo: no mirar el reloj y no tener un horario predeterminado. Después de muchos meses en los que la agenda marca el ritmo de cada día, recuperar la libertad de decidir sobre la marcha qué hacer y cuándo hacerlo me aporta una sensación de bienestar difícil de igualar.
Si además puedo combinarlo con largas caminatas en buena compañía, entonces el lujo es completo. Me encanta recorrer senderos y espacios naturales porque caminar tiene algo casi terapéutico: permite desacelerar, observar, reflexionar y disfrutar de conversaciones que rara vez encuentran su espacio en la rutina del día a día.
Durante esas horas compartidas surgen intercambios sobre cualquier tema, desde los más cotidianos hasta los más profundos, y siempre regreso con la sensación de haber ganado perspectiva, serenidad y energía.
Para mí, el verdadero lujo no está en lo extraordinario, sino en disponer de tiempo de calidad, sin prisas ni presiones, para disfrutar de las personas, de la naturaleza y de esos pequeños momentos que durante el resto del año a menudo pasan desapercibidos.
¿Qué libro, serie, pódcast o canción te acompañará este verano?
En cuanto al libro, lo tengo clarísimo: La guardiana, de Yael van der Wouden. Me lo recomendaron hace poco y lo he reservado expresamente para estas vacaciones. Reúne varios ingredientes que me atraen especialmente: una protagonista femenina, una trama con intriga, memoria histórica y, además, el reconocimiento de haber ganado el Women’s Prize for Fiction 2025. Intuyo que será de esos libros que te atrapan desde la primera página y que hacen que siempre quieras leer un capítulo más.
No soy una gran consumidora de series y suelo inclinarme más por una buena película.
En cambio, los pódcast sí forman parte de mi día a día. Seguro que este verano volveré a escuchar Estirando el chicle, que siempre consigue sacarme una sonrisa, y Crims, uno de mis imprescindibles por su manera de narrar historias de true crime que no dejan indiferente.
Y en cuanto a la banda sonora del verano, sospecho que no tendré demasiado margen de negociación. Con dos preadolescentes en casa, las canciones acaban llegando por repetición más que por elección propia. Todo apunta a que seguirán sonando Dai Dai, de Shakira, y NUEVAYoL, de Bad Bunny, hasta convertirse, una vez más, en la banda sonora oficial de nuestras vacaciones.
Completa la frase: “Cuando vuelvo de vacaciones siempre regreso con más…”
Cuando vuelvo de vacaciones siempre regreso con más luz, más energía y, probablemente, con alguna futura escapada ya en mente.
Las vacaciones de verano son el momento del año en el que realmente consigo recargar pilas. Después de unos días de descanso noto cómo recupero la calma, la perspectiva y una forma más pausada de afrontar las cosas.
Intento prolongar todo lo posible ese «efecto vacaciones»: esa sensación de bienestar que hace que relativices más los problemas, tengas una dosis extra de paciencia y afrontes el día a día con una actitud más positiva. Ojalá durara todo el año.

