Elena Fernández es fundadora de Morfeo, marca de descanso que puso en marcha en 2017 con fabricación propia en Murcia y que hoy comercializa sus productos online y a través de marketplaces en distintos mercados europeos. Procedente del mundo del marketing corporativo, dio el salto al emprendimiento con la idea de construir un proyecto propio de principio a fin, desde el producto y la marca hasta la relación directa con el cliente. Al frente de Morfeo combina estrategia, producto, tecnología y gestión de personas, con la satisfacción de haber convertido una idea que comenzó en una hoja en blanco en una marca que ayuda a miles de personas a descansar mejor.
Este verano llega después de unos meses marcados por la expansión internacional de la empresa tras la entrada de Morfeo en Francia. De cara a estas vacaciones su mayor lujo será el tiempo sin planificar, despertarse sin alarma y permitirse no producir nada. Aunque reconoce que desconectar no siempre resulta fácil cuando diriges tu propia empresa, ha aprendido que la verdadera clave está en delegar y confiar en el equipo.
¿Dónde está hecha la foto que nos compartes y qué recuerdo especial te trae?
La foto está hecha en el coche, con mi madre, volviendo de comer. No es una imagen de un gran viaje ni de un destino espéctacular: es justo lo contrario, un momento cotidiano y espontáneo de los que no se planifican. Y por eso me gusta tanto. Para alguien que vive con la agenda llena, esos trayectos sin prisa, charlando y riendo de vuelta a casa, son un pequeño lujo. Lo que permanece imborrable no es el lugar, sino la compañía y la sensación de tiempo tranquilo. Es lo que recuperaría siempre: estar con los míos sin reloj de por medio.
¿Cómo llega a estas vacaciones? ¿Cuál ha sido el principal desafío profesional de los últimos meses?
Llego con la sensación de haber corrido una maratón a sprints. Han sido meses intensos centrados en la expansión internacional de Morfeo, especialmente la entrada en el mercado francés, con todo lo que implica abrirse a marketplaces nuevos, la fiscalidad, la logística y el cumplimiento normativo en otro país.
El mayor desafío no ha sido un proyecto concreto, sino crecer fuera de España sin perder lo que nos hace especiales: la calidad del producto y el trato directo con el cliente. Llego cansada, sí, pero con esa satisfacción tranquila de saber que lo construido este año tiene cimientos sólidos.
¿Qué significa para ti desconectar?
Para alguien que vende descanso, reconozco la ironía: desconectar es justo lo que peor se me da y lo que más predico. Para mí no es no hacer nada, sino cambiar de exigencia. Desconectar es dejar de tomar decisiones durante unas horas, recuperar conversaciones que no terminan en una tarea pendiente y volver a disfrutar sin que todo sea trabajo. Es bajar el ruido mental. He aprendido que el descanso de verdad no se improvisa el primer día de vacaciones: se entrena durante todo el año, igual que cuido el sueño. Desconectar, en el fondo, es darme permiso para no ser imprescindible.
¿Eres de las que consigue olvidarse del trabajo en vacaciones o siempre queda un ojo puesto en el móvil?
Sería poco creíble decir que desaparezco del todo. Cuando llevas tu propia empresa, el móvil siempre está cerca. Pero he pasado del «ojo puesto» permanente a algo más sano: dejo el equipo bien organizado antes de irme, confío en que las personas que trabajan conmigo saben tomar decisiones y me reservo un par de momentos cortos al día para revisar lo esencial. El resto del tiempo intento estar de verdad donde estoy. La clave no ha sido la fuerza de voluntad, sino rodearme de un buen equipo: delegar bien es lo que de verdad te deja desconectar.
¿Cuál es el mayor lujo que te permites durante las vacaciones?
El tiempo sin planificar. En mi rutina todo tiene un hueco en el calendario, así que mi mayor lujo es despertarme sin alarma y no saber exactamente qué voy a hacer ese día. A eso le sumo cuidarme con calma, sin prisas. No necesito grandes destinos ni planes espectaculares; para mí el verdadero lujo es la lentitud. Poder decir «hoy no toca producir nada» y que no pase nada. En un mundo que premia estar siempre ocupada, regalarme aburrimiento me parece el mayor de los lujos.
¿Qué libro, serie, pódcast o canción te acompañará este verano?
Confieso que no soy demasiado de cine ni de libros: lo mío son las newsletters y los pódcast. Me gusta el formato breve y práctico, ese contenido que puedes consumir mientras haces otras cosas. En verano mi plan favorito es escuchar pódcast de negocio y emprendimiento en la playa, con los pies en la arena: es mi manera de seguir aprendiendo sin que parezca trabajo. Las newsletters me sirven para estar al día sin engancharme a la pantalla. Al final, mi verano suena a mar de fondo y a alguien contándome una buena idea al oído.
Completa la frase: «Cuando vuelvo de vacaciones siempre regreso con más…»
…claridad.
Vuelvo con más perspectiva sobre lo que de verdad importa y lo que era simple ruido. La distancia me ordena las prioridades: regreso con menos urgencias falsas y más foco en las decisiones que mueven el negocio de verdad. También vuelvo con más energía y más paciencia, que en el día a día de una empresa se gastan rápido. Las mejores ideas para Morfeo casi nunca se me ocurren en la oficina: aparecen cuando freno. Por eso ya no veo las vacaciones como una pausa, sino como parte del trabajo.

