DIRECTIVAS EN VERANO

Gema Fernández (Coface): “Me resulta difícil desconectar del todo. Hay una responsabilidad que no desaparece”

La directora de Recursos Humanos de Coface en España y Portugal atiende a Artículo14 poco antes tomarse unos días de descanso

Imagen de unas vacaciones especiales de Gema Fernández
Imagen de unas vacaciones especiales de Gema Fernández

Gema Fernández es directora de Recursos Humanos de Coface en España y Portugal. Toda su trayectoria profesional ha estado vinculada a la gestión de personas, y actualmente centra buena parte de su trabajo en acompañar a las organizaciones en un cambio de era en el que la inteligencia artificial y la tecnología están redefiniendo la forma de trabajar. Su visión parte de una convicción clara: el reto no consiste en sustituir lo humano, sino en reforzarlo, poniendo en valor capacidades como el pensamiento crítico, la creatividad, la atención, el vínculo con los demás y la capacidad de dar sentido.

Este verano llega con una mezcla de satisfacción y cierto desgaste después de unos meses en los que el principal reto ha sido liderar el cambio sin perder de vista el propósito: cuidar los costes y, al mismo tiempo, cuidar a las personas; impulsar nuevas formas de trabajar sin perder estabilidad y mantener la mirada a largo plazo en medio de las urgencias del día a día. Para ella, desconectar significa salir del modo de resolución constante y permitirse hacer menos, sin presión y sin culpa.

¿Dónde está hecha la foto que nos compartes y qué recuerdo especial te trae?

La foto está tomada en la playa de Bolonia, en Tarifa (Cádiz), durante uno de esos atardeceres que uno vive y no olvida. Siempre me ha parecido hipnótico observar cómo el sol se va escondiendo lentamente en el horizonte. Parece que el tiempo se detiene y, sin embargo, cuando quieres darte cuenta, el espectáculo ha terminado.

Imagen de un atardecer en Tarifa
Imagen de un atardecer en Tarifa

Lo que más me gusta de ese momento es la sensación de estar completamente presente. De no perder detalle durante unos minutos, de observar con atención y de captar con todos los sentidos cómo cambian la luz, el color del mar, el sonido de las olas o la textura de la arena.

También me recuerda la importancia del asombro y de entender las cosas como un todo. En esa imagen, el mar, el sol, la arena y la luz son inseparables: cada parte es esencial, pero la belleza surge precisamente de su unión. El conjunto es mucho más que la suma de sus partes.

Quizá por eso guardo este recuerdo con tanto cariño. Porque me recuerda que, a veces, lo más valioso es simplemente estar ahí, presente, contemplando algo extraordinario que ocurre delante de nosotros cada día y que, aun así, nunca deja de sorprendernos.

¿Cómo llega a estas vacaciones? ¿Cuál ha sido el principal desafío profesional de los últimos meses?

Llego a estas vacaciones con una mezcla de satisfacción y cierto desgaste. Han sido meses intensos, no tanto por el volumen, sino por la naturaleza de las decisiones.

El principal desafío ha sido trabajar desde la visión y el propósito en un contexto donde, muchas veces, parece que tienes que hacer cosas casi opuestas: cuidar costes y, al mismo tiempo, cuidar a las personas; impulsar el cambio sin perder estabilidad, gestionar la distancia entre el largo plazo que queremos construir y el corto plazo que ocupa el 90% de la agenda con urgencias del día a día…

Sabemos que, cuando una organización cambia de modelo, atraviesa una etapa incómoda en la que los resultados pueden incluso empeorar antes de mejorar. Y ahí es donde el liderazgo realmente se pone a prueba.

En esos momentos, lo único que sostiene es el propósito: mirar más allá de lo evidente y confiar, incluso cuando el proceso es exigente.

¿Qué significa para ti desconectar?

Desconectar, para mí, no es solo dejar de trabajar o no mirar el correo. Es conseguir salir del modo “resolución constante” y de esa anticipación permanente en la que muchas veces vivimos.

La hiperconectividad no lo pone fácil: todo está disponible, todo es inmediato y siempre parece haber algo pendiente. Por eso, desconectar no ocurre solo por contexto, sino por intención. Requiere cierta disciplina.

Para mí, es permitirme parar de verdad, sin culpa, sabiendo que ese espacio no es una pausa del trabajo, sino parte de hacerlo mejor.

Es ahí donde recuperas claridad, energía y, sobre todo, perspectiva.

¿Eres de las que consigue olvidarse del trabajo en vacaciones o siempre queda un ojo puesto en el móvil?

Si soy honesta, siempre queda un pequeño “hilo” conectado. Me resulta difícil desconectar del todo, porque hay una responsabilidad que no desaparece completamente.

Dicho esto, con el tiempo he aprendido a gestionarlo de otra manera. No se trata de estar pendiente constantemente, sino de decidir de forma consciente cuándo estar y cuándo no.

También tiene mucho que ver con la confianza en el equipo. Saber que las cosas pueden seguir avanzando sin tu intervención es clave para poder soltar.

No es una desconexión total, pero sí mucho más intencional y equilibrada.

¿Cuál es el mayor lujo que te permites durante las vacaciones?

El mayor lujo es acercarme a un estilo de vida más “slow”: hacer menos y hacerlo con menos presión del tiempo.

Estoy aprendiendo a disfrutar de perderme cosas, de no estar en todo y de no “comprar” necesidades que no son realmente mías. No siempre es fácil; vivimos muy orientados a no perdernos ningún plan y, si es posible, a contarlo todo.

También valoro mucho parar la cabeza haciendo cosas más manuales, que habitualmente no suelo hacer. Me ayuda a desconectar de verdad: desde actividades sencillas, como la pintura por números, hasta la cocina o experimentar con el bricolaje. Ahí es donde realmente cambio de ritmo.

¿Qué libro, serie, pódcast o canción te acompañará este verano?

Tengo varios libros a medias que quiero retomar este verano. Uno de ellos es ‘Los abismos comunitarios’, de mi amiga Begoña Aráez, y también ‘Canta Irlanda’.

Al mismo tiempo, tengo pendiente leer ‘Freakonomics’, que aborda cómo los incentivos y el análisis de datos ayudan a entender el comportamiento humano en situaciones cotidianas. Cada vez me interesa más mirar las decisiones desde ese ángulo.

A nivel musical, este año, confieso que no he dejado de escuchar a Rosalía y creo que seguirá acompañándome durante el verano.

Completa la frase: “Cuando vuelvo de vacaciones siempre regreso con más…”

Cuando vuelvo de vacaciones siempre regreso con más claridad.

La distancia ayuda a ordenar el ruido del día a día y a distinguir mejor qué es realmente importante y qué no. Muchas decisiones que en el momento parecen complejas se simplifican cuando consigues tomar perspectiva.

También vuelvo con más energía, pero sobre todo con una mirada más consciente, más alineada con lo que quiero priorizar y con el tipo de decisiones que quiero sostener. Al final, no se trata solo de descansar, sino de volver con más criterio y con mayor conexión con el propósito.

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