La muerte de Isak Andic, fundador de Mango, durante una excursión el 14 de diciembre de 2024 en Collbató, ha derivado en una causa judicial que sitúa a Jonathan Andic, su hijo mayor, como investigado por un presunto “homicidio con premeditación y ocultación de pruebas”. Una semana después de comparecer en el juzgado y tras un auto de prisión provisional que eludió con el pago de una fianza de un millón de euros, el primogénito anunció anteayer que da un paso al lado, de manera temporal, en la compañía.
Previamente al comunicado oficial de la empresa, en un contexto de presión judicial y mediática, el que fuera vicepresidente de Mango publicó una carta abierta para explicar su desvinculación en la empresa de moda. Jonathan Andic ya no figura formalmente como miembro de su consejo de administración. “La atención y el foco que exige mi defensa en el proceso judicial, en este momento, no me permite mantener el alto compromiso que exige mi rol en la compañía. Por este motivo, y desde la responsabilidad, he decidido apartarme temporalmente de mi dedicación a Mango, conservando el vínculo con otros proyectos familiares, empresariales y sociales”, explicó.
Supuesto forcejeo y una caída previa
Un texto breve -320 palabras-, sin tecnicismos construido alrededor del dolor, la familia y la necesidad de “demostrar” su inocencia. La misiva se publicó un día antes de que trascendieran nuevos detalles de la investigación sobre la muerte de su padre, Isak Andic. Según avanzó ayer El Periódico, los Mossos d’Esquadra manejan entre sus hipótesis la existencia de un supuesto forcejeo entre padre e hijo junto al punto del barranco desde el que cayó el fundador de Mango en Collbató. En esta línea, la jueza aprecia “indicios” que apuntarían a una muerte “no accidental”.

A su vez, según este mismo medio, se desveló ayer por fuentes cercanas al caso que el fundador había sufrido una caída tres meses antes. Un suceso que podría ser relevante desde el punto de vista de su defensa. Una estrategia que ha empezado a construirse con la misiva.
Conexión neuroemocional
“Escribo estas palabras con sinceridad y humildad, desde el dolor, la impotencia y la frustración de encontrarme ante un relato de presunta culpabilidad que no responde a la realidad”, arranca la carta de Jonathan Andic. En Artículo14, hemos pedido su análisis a Eva García Ruiz, directora del Instituto Español de Sinergología y experta en la aplicación práctica de la neurociencia.
“La carta está construida desde una estrategia neuroemocional que permite reducir la percepción de amenaza y desplazar el foco desde el hecho hacia la experiencia humana del emisor”, explica. De esta forma, el texto no busca desmontar racionalmente las acusaciones, sino modificar la forma en que el lector percibe a quien escribe. “No parece escrita desde la impulsividad ni desde la necesidad de defenderse jurídicamente, sino desde la intención de modular cómo el cerebro del lector interpreta a la persona que habla para lograr rehumanizarla”, sostiene.
En este sentido, señala la importancia del vocabulario elegido. En la primera línea aparecen palabras como “sinceridad”, “humildad”, “dolor”, “impotencia” y “frustración”. Según García, se trata de términos asociados a la vulnerabilidad y al desgaste emocional, mucho menos amenazantes que un discurso de confrontación.
Cuatro alusiones a ‘familia’
Una de las palabras clave en la misiva es “familia”. A lo largo del texto se alude hasta en cuatro ocasiones a ese término, además la palabra padre se utiliza dos veces, junto con “amor”, “respeto”, “cariño” o “vínculo”. “Quiero expresar, con el corazón, que he querido y quiero profundamente a los míos, y de una manera muy especial, a mi padre. […] El amor, el respeto y el vínculo que siempre hemos sentido forman parte del ADN de nuestra familia, como saben aquellos que nos conocen bien”.
“Desde la neurociencia social, las referencias familiares activan procesos de identificación autobiográfica y facilitan la empatía emocional, conectando con la situación de un hijo y no de un acusado. El cerebro deja parcialmente de procesar el mensaje desde el juicio y comienza a hacerlo desde el apego y la humanidad compartida”, explica Eva García.

“Relato público”
Uno de los elementos más relevantes del texto, según la especialista, es el uso de la palabra “relato”. Aparece en la segunda línea y también en el inicio del tercer párrafo. “Se ha construido un relato público con una visión parcial, descontextualizada y tergiversada, que ha generado una percepción de culpabilidad ajena a la realidad”. Para García Ruiz, el término introduce la idea de construcción narrativa más que de verdad objetiva y, junto con adjetivos utilizados, “trabajan sobre la percepción de manipulación sin entrar en una confrontación frontal”.
“No habla de hechos ni de pruebas. Habla de un relato público. Neurocognitivamente esto tiene mucho impacto porque introduce la idea de interpretación y posible distorsión”, señala. El término “relato” no activa en el cerebro la misma percepción de objetividad que activarían palabras como “investigación” o “evidencias”.
La misma lógica aparece en la expresión “presunta culpabilidad”, utilizada al inicio de la carta. “Introduce de manera implícita el marco de la presunción de inocencia y desplaza al lector hacia un procesamiento más racional y prudente”, apunta la experta. Según explica, no es lo mismo decir “me acusan injustamente” que hablar de una “presunta culpabilidad”. La segunda fórmula reduce la agresividad, proyecta control emocional y conecta con códigos jurídicos y sociales asociados a la justicia y la cautela.
“Serenidad, entereza, tranquilidad”

El tono general del texto también evita la agresividad. Así, Jonathan Andic afirma en los últimos párrafos que afronta el proceso con “serenidad”, “entereza”, “tranquilidad” y “convicción”. Según García Ruiz, la calma verbal suele asociarse inconscientemente a estabilidad y credibilidad en contextos de crisis reputacional. “El cerebro interpreta la calma verbal como una señal de control ejecutivo y estabilidad psicológica. El texto intenta transmitir sufrimiento, pero un sufrimiento contenido, ordenado y digno”, incide la experta.
La carta evita detalles técnicos, explicaciones jurídicas, cronologías o argumentaciones racionales extensas. “El objetivo no parece ser convencer desde la prueba, sino rehumanizar al emisor ante la opinión pública. Por eso todo el lenguaje está orientado a activar empatía, reducir hostilidad y generar duda emocional antes que desmontar racionalmente la acusación”, señala.
“Desde la neurociencia, la carta está diseñada para modificar el marco mental desde el que el lector procesa la situación. Intenta que el cerebro deje de ver únicamente a un posible culpable y vuelva a ver a una persona, a un hijo, a alguien emocionalmente atravesado por el dolor y por la exposición pública”, concluye Eva García.

