Juanma Moreno se prepara para afrontar una negociación dura con Vox. Desde las elecciones andaluzas han pasado ya 18 días, y 10 desde la última vez que el presidente andaluz habló sobre su derecha. Esa es la máxima que ha impuesto a su equipo, la de no hacer declaraciones que puedan aumentar “el lío”. En estos días, y con mucha discreción, el equipo de Juanma Moreno ha descolgado el teléfono para llamar a Vox, tal y como desveló Artículo14. Un primer contacto informal para iniciar las negociaciones formales y lograr la investidura.
Esta primera llamada no ha gustado en Vox, por las formas. De hecho, ni siquiera la considera una toma de contacto a tener en cuenta. El partido de Santiago Abascal quiere que sea el propio Juanma Moreno el que descuelgue el teléfono y se ponga al habla con Manuel Gavira, el líder del partido en el sur. De momento, Moreno ha delegado en su secretario general, Antonio Repullo, las primeras negociaciones.

Con la negociación formal sin haber comenzado, la gran incógnita pasa por saber si Vox exigirá o no entrar en el Gobierno, como sí ha hecho en Extremadura y en Aragón. Juanma Moreno busca un acuerdo programático e incluso está abierto a ceder cargos “intermedios” a Abascal, pero “no” quiere que formen parte su consejo de Gobierno.
Ante esta primera línea roja del presidente andaluz, en Vox se guardan la carta maestra para mantener la sartén por el mango en la negociación hasta el final. “Lo que ofrecemos es una negociación para formar una alternativa, también en Andalucía, frente a Sánchez”, explican fuentes cercanas a Santiago Abascal. Si bien, en Bambú ya avanzan que en las reuniones con el PP tendrán muy presentes la “proporcionalidad”. Esto es, diseñar un pacto en el que ambos partidos se sientan representados según su resultado en las urnas.

Esa “proporcionalidad” es la que inquieta en el PP. “El problema es qué entienden por proporcionalidad”, se preguntan en el entorno de Moreno. ¿Y qué es la proporcionalidad? “53 a 15. Pediremos en función de eso”, según Vox. Se evita, de momento, confirmar si, por ejemplo, con esa proporción Abascal podría exigir una consejería. “Andalucía no es como el resto de comunidades y ellos no han ganado tanto”, precisan fuentes populares.
Hasta ahora, en términos de poder político, la ultraderecha se ha hecho con una vicepresidencia y dos consejerías, y también con un senador autonómico, en Extremadura, en Aragón y en Castilla y León. Tras la fumata blanca en este último territorio, todas las fuentes consultadas dan por descontado que pronto habrá avances en Andalucía.

La prioridad nacional
Al objetivo de mantener un gobierno en solitario, Moreno suma otro más. El de limitar la influencia ideológica de Santiago Abascal en el acuerdo programático. En este punto, los negociadores de Vox ya avisan de que “habrá prioridad nacional”, algo que empiezan a asumir en el PP, conscientes de que es el sello que su derecha ha plantado en el resto de acuerdos. Para la dirección nacional no habría mayores problemas, aunque Moreno ha pedido que, a priori, no se involucren en los contactos.
En cuanto al tipo de pacto, Moreno se abre a distintas fórmulas, o un acuerdo anual con un compromiso de seguimiento posterior o uno de cuatro años. Lo importante, precisan, es evitar la repetición electoral. Un extremo que no descartan por completo en San Telmo.

