Navarra

Cuarto encierro de San Fermín 2026: los toros de Álvaro Núñez firman una carrera con varias caídas y mucha tensión

Los toros de Álvaro Núñez protagonizan el cuarto encierro de San Fermín 2026 con una carrera rápida, caídas y tensión

Cuarto encierro de San Fermín 2026 - Sociedad
Una fotografía de un encierro reciente.
EFE

El cuarto encierro de San Fermín 2026 ha dejado este viernes una carrera intensa, accidentada y marcada por la tensión desde la salida de los corrales. Los toros de Álvaro Núñez, ganadería gaditana de Tarifa, han completado el recorrido en 2 minutos y 32 segundos, en una mañana en la que la manada ha empezado compacta, pero se ha ido estirando y separando a medida que avanzaba por las calles de Pamplona.

El encierro ha comenzado con fuerza en la cuesta de Santo Domingo, donde el empuje inicial de los astados y la presencia de corredores han provocado las primeras caídas. Algunos mozos han resbalado al intentar colocarse o apartarse de los cabestros, en uno de los puntos donde la velocidad y la falta de espacio suelen generar las situaciones más comprometidas.

La carrera no ha sido larga, pero sí exigente. La pérdida de cohesión de la manada en varios tramos ha obligado a los corredores a leer muy rápido la posición de cada toro y a reaccionar sin apenas margen.

Una salida fuerte en Santo Domingo

Los toros de Álvaro Núñez han salido con decisión nada más sonar el cohete. En los primeros metros, la manada ha avanzado arropada por los cabestros, pero la velocidad del grupo ha generado pronto momentos de apuro entre los corredores que buscaban sitio en Santo Domingo.

La cuesta ha vuelto a demostrar por qué es uno de los tramos más delicados del recorrido. Su pendiente, la tensión del arranque y el poco tiempo para colocarse convierten cualquier tropiezo en una situación de riesgo. Este viernes se han visto caídas tempranas y mozos intentando levantarse antes de que llegaran los animales.

En esa primera fase, el encierro parecía controlado por la propia estructura de la manada. Sin embargo, la fuerza de los toros y la velocidad del grupo anticipaban que la carrera podía complicarse si los astados empezaban a abrirse.

El peligro inicial estuvo en la mezcla de aceleración, nervios y amontonamientos. Un encierro puede cambiar por completo en apenas unos segundos, y Santo Domingo volvió a recordarlo.

La manada se estira y aumenta la incertidumbre

La principal característica del cuarto encierro fue la pérdida progresiva de cohesión. Los toros no mantuvieron una formación cerrada durante todo el recorrido y eso generó una carrera más difícil para los mozos.

Cuando la manada se estira, los corredores no se enfrentan a un solo bloque compacto, sino a distintos ritmos y referencias. Un toro puede aparecer por un lado, otro quedar más retrasado y los cabestros circular en posiciones diferentes. Esa fragmentación obliga a tomar decisiones muy rápidas.

En varios tramos, los astados recorrieron la calle separados entre sí, aumentando la sensación de peligro. No se trató de un encierro caótico en el sentido clásico, pero sí de una carrera con suficiente desorden como para elevar la tensión.

El riesgo crece cuando cada toro empieza a escribir su propio recorrido. Para los corredores, eso significa menos previsibilidad y más dificultad para calcular el momento exacto de entrada o retirada.

Estafeta concentra la emoción del viernes

Como suele ocurrir en Pamplona, la calle Estafeta volvió a concentrar parte de la emoción de la mañana. La longitud del tramo permite carreras más sostenidas, pero también expone a los corredores durante más tiempo si la manada llega abierta o con toros descolgados.

Los toros de Álvaro Núñez avanzaron con viveza y dejaron imágenes de carreras ajustadas, caídas y momentos de tensión. La presencia de más corredores en la antesala del fin de semana también añadió dificultad, porque la densidad humana reduce los huecos y aumenta el riesgo de tropiezos.

La carrera fue rápida, pero no limpia en su desarrollo. Hubo golpes, resbalones y situaciones en las que varios mozos quedaron mal colocados ante el avance de los astados.

La emoción de Estafeta estuvo en esa frontera entre la carrera brillante y el peligro inmediato. Los toros permitieron momentos vistosos, pero exigieron mucha precisión.

Álvaro Núñez vuelve a Pamplona tras su debut de 2025

La ganadería de Álvaro Núñez participaba por segunda vez en los encierros de San Fermín. Su debut en 2025 ya había dejado una carrera muy rápida y tumultuosa, con momentos de peligro y un recuerdo que elevaba la expectación de este viernes.

Procedente de Tarifa, la ganadería llegaba a Pamplona con un lote serio y de gran presencia. Los seis toros previstos para la carrera y la corrida de la tarde presentaban pesos entre los 565 y los 595 kilos, con ejemplares colorados y negros.

Entre los nombres del lote figuraban Asustado, Gavilán, Billetero, Juncoso y Gruñón, además de otro ejemplar llamado también Gavilán. Por la tarde, los toros serán lidiados por Morante de la Puebla, Borja Jiménez y Pablo Aguado, en uno de los carteles más esperados de la feria.

La ganadería confirmó que su presencia en Pamplona no pasa inadvertida. En apenas dos participaciones, ya ha dejado carreras con velocidad, emoción y momentos de clara exigencia.

Un encierro corto, pero nada sencillo

El tiempo final, 2 minutos y 32 segundos, sitúa la carrera dentro de una duración habitual para Pamplona. Sin embargo, la cifra no cuenta por sí sola la dureza del encierro. La velocidad, las caídas y la separación de los toros marcaron una mañana mucho más complicada de lo que puede sugerir el cronómetro.

En San Fermín, un encierro breve no siempre equivale a un encierro cómodo. A veces ocurre justo lo contrario: la rapidez reduce el margen de maniobra, concentra el peligro y obliga a los corredores a tomar decisiones inmediatas.

El parte médico será el que precise el alcance de los golpes y posibles traslados, pero la carrera dejó imágenes suficientes para hablar de un viernes exigente en las calles de Pamplona.

La tensión estuvo en la velocidad y en la pérdida de referencias claras. Cuando la manada se separa, el encierro deja de tener un único ritmo y se convierte en una sucesión de amenazas distintas.

San Fermín entra en el fin de semana con más presión en las calles

El cuarto encierro llega además en la antesala del fin de semana, cuando Pamplona suele recibir más visitantes y aumenta la presencia de corredores en el recorrido. Esa circunstancia puede elevar el riesgo, sobre todo si se suman mozos con menos experiencia en los tramos más comprometidos.

Los toros de Álvaro Núñez han dejado una carrera de intensidad creciente, con una salida fuerte, una manada cada vez más abierta y momentos de tensión que mantuvieron la atención hasta la entrada en la plaza.

El viernes ha servido como advertencia para los próximos encierros: la fiesta entra en sus días de mayor afluencia y cualquier pérdida de orden en la carrera puede multiplicar el peligro.

El cuarto encierro de San Fermín 2026 queda así como una mañana rápida, emocionante y accidentada. No hizo falta una duración extrema para que Pamplona volviera a contener la respiración. Bastaron una salida poderosa, varios toros separados y una calle llena de corredores para recordar que cada encierro tiene su propio modo de poner la ciudad al límite.

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