Alba Díaz se sincera sobre la situación que vive: “Me da vértigo ir al gimnasio”

Alba Díaz confiesa que ha ganado seis kilos en verano y que volver al gimnasio le genera vértigo: "Van a estar como observándome"

Alba Díaz Martín - Estilo14
Una fotografía de archivo de Alba Díaz Martín.
Redes sociales

Alba Díaz Martín, hija de la diseñadora Vicky Martín Berrocal, ha compartido en sus redes sociales una reflexión personal sobre algo que le genera más vértigo del que podría esperarse: volver al gimnasio después del verano. No es el esfuerzo físico lo que la frena. Es la mirada de los demás. «Van a ver que he engordado 6 kilos», confiesa, poniendo sobre la mesa una inseguridad que, como ella misma reconoce, probablemente comparte mucha gente que ha pasado por lo mismo al cruzar la puerta de un centro deportivo en septiembre.

Un verano entre la felicidad y la ansiedad

Alba reconoce que antes del verano había conseguido mantener un hábito que se había propuesto: caminar más, no como objetivo estético sino «por salud». Las vacaciones llegaron con tiempo para la familia, los amigos y una etapa que describe como feliz pero también atravesada por la ansiedad. El resultado visible: seis kilos más y una relación con el espejo que ya no es la misma que en junio.

Lo que hace interesante su mensaje no es la confesión del peso sino lo que dice a continuación. «Van a estar como observándome», admite, antes de dejar claro que esa observación imaginada no es razón suficiente para no volver. Y a partir de ahí, en lugar de convertir la publicación en una promesa de transformación física, hace algo menos habitual: cambiar el marco desde el que se mira a sí misma.

«La única persona a la que le tienes que dar explicaciones es a ti»

El giro que propone Alba Díaz en su mensaje es concreto. No vuelve al gimnasio para recuperar una imagen anterior, ni para recibir la aprobación de nadie. «Yo no vengo al gimnasio ni para que me aplaudan ni para que me digan qué bien estoy ni mal estoy», afirma. El objetivo que se marca es más interno y, en cierto modo, más exigente: demostrarse que puede volver a priorizarse y cumplir aquello que se propone.

Esa distinción —entre hacer algo para los demás y hacerlo para una misma— suena a lugar común hasta que se aplica de verdad a una situación concreta. En este caso, la situación concreta es una chica con seis kilos más que tiene que entrar en un gimnasio sabiendo que la conocen y que van a fijarse. El «yo voy a volver por mí» no es un eslogan motivacional: es la única respuesta que tiene sentido en ese contexto.

Redefinir la constancia

Uno de los puntos más sólidos de su reflexión tiene que ver con cómo se entiende habitualmente la constancia. Alba señala algo que se da por hecho con demasiada frecuencia: que ser constante significa no haberse parado nunca. «Tenemos la manía de confundir el ser constante como con no fallar nunca», dice.

Su propuesta es otra: la constancia también se demuestra en el regreso. «Ser constante quizás también es volver y retomar algo que has pensado que no era importante durante un tiempo». Es un matiz que cambia bastante la ecuación. Bajo esa definición, quien ha dejado el gimnasio tres meses y vuelve en septiembre no ha fallado. Ha tardado en volver, que es algo distinto.

Un mensaje que llega porque viene de la experiencia

Alba Díaz Martín cierra su publicación con un mensaje dirigido a quienes puedan estar en la misma situación. «Sé lo que se siente y que no estáis solos», escribe. Y añade una última idea que resume bien el tono de todo lo anterior: «No hace falta hacerlo perfecto. Solo hace falta empezar o volver».

Lo que distingue este tipo de mensaje de otros que circulan habitualmente en redes sobre cuerpo, ejercicio y autoestima es precisamente eso: que parte de la incomodidad real, no de la superación ya conseguida. Alba no cuenta cómo lo logró. Cuenta que todavía no ha vuelto, que le da vértigo hacerlo y que va a hacerlo de todas formas. La diferencia entre esos dos tipos de relatos es la misma que hay entre un testimonio y un anuncio.

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