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Ronda y el nuevo desfiladero del Tajo, una experiencia que no te puedes perder

A Ronda no se va, se llega. No es una ciudad de paso en medio de una ruta es el final de un viaje. La ciudad destaca por su carácter milenario y romántico

“He buscado por todas partes la ciudad soñada”. Con esta célebre frase del poeta Rainer María Rilke podría resumirse la esencia de Ronda. A esta ciudad no se llega de casualidad, se llega con un propósito. Su carácter milenario y romántico se funde con  el paisaje de la Serranía de una manera tan natural, que en muchos momentos no distinguiremos de forma clara que es naturaleza y que es la civilización.

Recorrer Ronda exige hacerlo sin prisas y de un calzado cómodo. Sus calles están marcadas por el relieve de las montañas que la rodean. La mejor forma de descubrirla es paseando y dejándose sorprender por cada uno de sus rincones.

Un balcón privilegiado sobre el Tajo

La ruta comienza en la Alameda del Tajo, un jardín suspendido sobre el impresionante desfiladero que ha convertido a Ronda en uno de los territorios más reconocibles de Andalucía. Desde este punto, la piedra y la forja acompañarán al visitante durante la mayor parte del recorrido. Las vistas desde sus balcones nos ayudarán a contemplar las sierras del suroeste y permiten alcanzar los atardeceres más bellos de la provincia. Muy cerca, se encuentra el Paseo de los Ingleses, perfecto para disfrutar del paisaje con calma.

El itinerario  continúa hacia el Paseo de Blas Infante, en la parte trasera de la famosa Plaza de toros. Los jardines siguen bordeando el Tajo hasta llegar al Parador del Turismo. A continuación,  nos desviamos hacia la calle Virgen de la Paz para admirar su portada principal, trasladada hace años por motivos urbanísticos. Esta calle da paso a una serie de esculturas dedicadas a grandes toreros rondeños.

La Alameda del Tajo, en Ronda.

Entre puentes, historia y aventura

El recorrido regresa hasta la Plaza de España, dejando a nuestra izquierda la popular calle de la Bola, también denominada Calle Espinel. Frente al Parador aparece una estrecha calle que conduce directamente al Puente Nuevo, una de las grandes joyas arquitectónicas de Ronda con casi 300 años de antigüedad. Desde sus balcones, situados a casi cien metros sobre el río Guadalevín, río de leche, llamado así por las espumas que forman sus aguas al pasar por las diferentes cataratas del cortado.

Desde aquí, podrás observar, y practicar si lo deseas, deportes de aventura como el descenso de barrancos a vías ferratas o atravesar el Tajo por el recién inaugurado desfiladero. Una propuesta que permite descubrir este espacio natural desde una perspectiva diferente. La caminata continua hasta el mural dedicado a los Viajeros Románticos, un homenaje a aquellos visitantes que dieron a conocer Ronda al resto del mundo en otras épocas. A partir de ahí, bordearemos las calles estrechas y sinuosas que conducen al Palacio de Mondragón y a la plaza de Duquesa de Parcent, presidida por la Iglesia Mayor. Desde esta ubicación se obtienen magníficas vistas de toda la ciudad antes de emprender el descenso hacia el Barrio de San Francisco. Allí nos encontraremos con parte de las  murallas y la puerta del Almocabar y su famoso pilar.

Calle Espinel, en Ronda.

Las mejores panorámicas

Tras descender a la parte más baja de la ciudad, llega el momento de emprender el camino de regreso. La subida comienza en los Jardines de Cuenca, que ofrecen algunas de las mejores vistas del casco histórico. Desde aquí se aprecia el Puente Nuevo en toda su magnitud, una perspectiva que permite comprender la impresionante integración de esta obra de ingeniería en el paisaje rondeño.

Durante el recorrido también se descubre el Arco de Felipe V y el inicio de la calle Santo Domingo, donde se encuentra el acceso al Palacio del Rey Moro. Quienes lo deseen pueden descender hasta las inmediaciones del río para contemplar desde otra perspectiva el desfiladero que ha dado fama internacional a Ronda.

La ruta finaliza en la plaza Carmen Abela, punto de acceso a la conocida Carrera Espinel, popularmente llamada calle de la Bola. Se trata del principal eje comercial de la ciudad, un lugar perfecto para pasear entre tiendas, disfrutar del ambiente local o detenerse a observar el constante ir y venir de vecinos y visitantes. No muy lejos se encuentra el mural que explica el curioso origen del nombre de esta emblemática calle.

Tras una mañana recorriendo monumentos y miradores, llega el momento de hacer una pausa para recuperar fuerzas.

Sabores para descubrir Ronda

La oferta gastronómica de Ronda es tan amplia como variada. A lo largo del recorrido existen establecimientos para todos los gustos y presupuestos, con una gran relación calidad-precios.

Para comenzar el día, una buena opción son los tradicionales churros de La Rueda o Alba, así como los desayunos de la Casa del Jamón. Si la idea es disfrutar del tapeo, destacan locales como La Bodeguita, Camelot o Lechuguita, conocidos por su cocina informal y el ambiente que se respira en sus terrazas.

Quienes busquen una experiencia gastronómica más completa encontrarán propuestas como Bardal, distinguido con una estrella Michelin. Kutral, especializado en carnes de calidad, o Pedro Romero, reconocido por su tradicional rabo de toro. A ellos se suman otros establecimientos como Tropicana, Akelarre, Toro Tapas o Las Maravillas Tapas, además de La Mamma Burger, que cuenta con las mejores hamburguesas del municipio andaluz. La variedad es tan alta que resulta prácticamente imposible elaborar una lista definitiva.

Para terminar la jornada, Ronda también ofrece una animada vida nocturna con locales como Dulcinea, Drinks, 021 Backroom o la terraza del Hotel Catalonia, desde donde es posible disfrutar de una copa con vistas privilegiadas sobre la ciudad.

Mucho más que una visita

Después de comer, la ciudad invita a seguir descubriéndola. Los más aventureros pueden recorrer una vía ferrata, acercarse hasta la Puerta del Cristo, regresar al barrio de San Francisco anocheciendo o caminar hasta la Ermita de la Virgen de la Cabeza. Para los más valientes, siempre queda la posibilidad de completar la vuelta a la Hoya del Tajo, una de las rutas más espectaculares del entorno.

Si te has quedado con la miel en los labios y gozas de más tiempo para visitar la ciudad, podrás frecuentar otros rincones no tan reconocidos de la ciudad. Entre ellos, el Museo Joaquín Peinado, ubicado en el antiguo Palacio de los Marqueses de Moctezuma, en pleno casco histórico de Ronda, entre el Palacio Mondragón y la Iglesia de Santa María la Mayor cuya entrada se encuentra desde los cuatro euros. El Valle del Genal, una reserva natural que en otoño se convierte en otro mundo. Y para los más deportistas, una infinidad de rutas de senderismo de todos los niveles.

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