Alta costura

Tom Ford, Flora y los iconos de una década: así está reinventado Gucci las tendencias a base de archivo

La marca de origen florentino acaba de desvelar una nueva ubicación tras su éxito con su última instalación efímera en Milan Design Week, confirmando que los códigos de la moda cada vez pasan más por la expectación pero también por el deseo de lo tangible y experimental

Fotografía: Kiloycuarto
Fotografía: Kiloycuarto

Si hablamos de la actualidad de las tendencias, probablemente haya pocas cosas más referenciadas por minuto que a los 90. A su vez, probablemente pocos momentos tengan más relevancia que Tom Ford reveintando los códigos del lujo contemporáneo en plena era del minimalismo; en concreto, la imagen de Kate Moss desfilando con una de las piezas centrales de esa campaña F/W firmada por el propio diseñador para Gucci, en pleno 1995; una imagen que se ha hecho tan viral como icónica, y que las redes sociales han encumbrado, de vuelta en 2026 como uno de los máximos referentes de aquella década.

En este caso, una camisa en cuestión (de seda azul cerúleo-klein) que representa más que una prenda de tendencia, un momentum colosal en la moda en pleno cambio de paradigma. De hecho, junto con la de la modelo británica, la imagen de Madonna luciendo esa misma prenda en los MTV Music Awards de ese año probablemente fuese la confirmación de Ford como la estrella que sería en la casa italiana durante los siguientes diez años.

La campaña FW 95/96, firmada por Tom Ford (Pinterest)

Desde su entrada estelar en la casa Gucci, el estadounidense predefinió el concepto de ADN contemporáneo a golpe de hipersexualidad, sofisticación en los tejidos y márketing audaz. Un renacimiento de los códigos sartoriales y comerciales de la marca que, junto la camisa de raso (en formato sugerentemente desabrochado), dejó en su legado iconos tan contemporáneos como el cinturón con doble G, el traje de terciopelo o los vestidos con cut-outs. Toda una experiencia tan visceral como emocional que, al igual que Alessandro Michele supo reinterpretar, los fans de la marca no han olvidado.

Quizá por eso el actual director creativo de la casa italiana, Demna ha abrazado ese magnetismo con una sensualidad controlada que bebe tanto de la historia y cronología de la firma como de los iconos que se han formado en sus puestos de dirección creativa. Precisamente este era el corpus de la exposición Memoria, que Gucci presentó en el claustro de la Basílica de San Simpliciano durante la última Milan Design Week. Un recorrido por los 105 años de historia de la Casa a base de (ni más ni menos) doce tapices concebidos como una crónica visual de algunos de sus momentos más relevantes; desde la tensión en la firma familiar en plenos años 60, hasta la llegada del boho-chic de Frida Giannini o (por supuesto) ese look de Moss venerado cual Venus de Boticcelli.

Los (no tan nuevos) objetos de deseo

Como si se tratase de obras renacentistas, las creaciones en cuestión se representa con detalle el nacimiento de iconos como los bolsos de la firma Bambú (1947) o Jackie (1961), todavía uno de los más vendidos hasta la fecha. Y es que, si algo borda Demna es apelar al legado, a la generación que admira. En una entrevista que concedió al poco de ingresar en Gucci, citó a Ford como parte de su nueva visión a la hora de reinterpretar el legado Gucci, y a esta era específicamente “como inspiración”, además de como referencia de lo que muchos expertos han bautizado como el ‘punto cero’ del Gucci moderno: “Si Tom Ford trataba el cuerpo como una superficie de deseo, Demna intenta redefinir ese deseo para una era digital”, analizaba The Face como parte de su ensayo en lo aspiraciones del cambio generacional. O el “donde Ford ofrecía fantasía pulida, Demna introduce fricción”, de BOF.

En esta certeza de que apelar a las audiencias Z y nuevas generaciones también es apelar al pasado reivindicado con coherencia, Demna gana cada vez más adeptos bajo una mezcla entre ironía y narrativa. Lejos de reemplazar los iconos de los 90, la nostalgia actual los reinterpreta activamente, “acelerando y resignificando” esta conversión.

En consecuencia, la estética del lujo también que busca ahora la distopía como vinculo social, especialmente en un contexto virtual donde, cada vez más (y de la mano de la IA), el mundo real se funde con el onírico.

Una modelo con el motivo floral en la colección Crucero de 2017 (Pinterest)

El lujo experimental es el nuevo estatus cultural

Ya lo adelantaba el pasado mes de enero con su campaña La Famiglia, donde destacaban algunos de estos iconos de la casa, dentro de una estética (casi un carrusel de Instagram  en directo) y lenguaje comunes a esta mentalidad tan “Gucciness” a la que el director creativo se ha referido en varias ocasiones. No en vano, esta última instalación en Fuorisalone pretende también rendir homenaje a otro icono: Gucci Flora (el diseño del perfume original de Vittorio Accornero en el 66), para lo que este estampado se materializó en un entorno (literalmente) tridimensional de un jardín perfumado con flores de temporada en el espacio central de todo el claustro. Mientras que Michele abrazó el nuevo romanticismo (los referentes vintage y la fantasía intelectual) por encima de todo, Demna ha devuelto la vigencia a los iconos como símbolos culturales, a los referentes y a sus creadores, incorporándolos ya de paso y sin disimulo al nuevo imaginario de la firma.

Esta semana también acaba de conocerse que el core de Gucci Memoria estará disponible para visitar en Palazzo Gucci y como parte de Dentro de Gucci Storia, la nueva muestra en la sede de la ciudad florentina; la transacción definitiva del metaverso a lo tangible, y también de lo deseable a lo visitable. Así, Palazzo Gucci vuelve a abrir sus puertas en su icónico hogar,”con una perspectiva renovada. Anclada en sus orígenes, Gucci Storiareinterpreta así el destino compartido de la firma y su lugar de nacimiento en continuo diálogo con el presente”, tal y como explica la marca.

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La modelo Vittoria Ceretti con el nuevo modelo de la casa Borsetto (Gucci)

Paralelamente, la casa acaba de presentar Borsetto, un nuevo modelo inspirado en el mítico Horsebit que, bajo la dirección creativa de Demna, evoca las inspiraciones ecuestres de Gucci desde su primera aparición en colecciones de finales de los años 40. Otro símbolo nostálgico que director creativo y la firma han remodelado estratégicamente en un paso más hacia el lujo contemporáneo más visceral, como el que fuese el máximo exponente de hace un par de décadas. Y sin embargo, no deja de ser también un símbolo del revival constante que es la industria de la moda en sí: un universo cíclico donde el deseo físico y exclusivo por los objetos ha sido reemplazado por el aspiracional vía pantallas. O, en palabras del propio Tom Ford, “la moda trata sobre fantasía, pero sobre crear una versión más deseable de uno mismo”.

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