Mondrian, Yves Klein, Pablo Picasso… Pocos diseñadores hicieron del arte una fuente de inspiración tan constante y explícita como Yves Saint Laurent, que convirtió la alta costura en un espacio de diálogo con la pintura moderna; un catálogo de colores, composiciones y lenguajes plásticos en torno al cuerpo femenino. Entre ellos, los de Henri Matisse no fueron una excepción.
Algunos de sus estampados, volúmenes y siluetas de los 80 son un homenaje claro de Saint Laurent a la figura del pintor francés, tanto gráfica como conceptualmente. Sin embargo, lo que quizá pase como indiferente popularmente para el público (e incluso seguidores) del artista es su vínculo primigenio con el diseño, más allá del arte plástico y como una parte constante de su práctica creativa.

De hecho, Henri Matisse (1869-1954) utilizó la técnica de los recortes en 1919 para diseñar la escenografía del ballet Le Chant du rossignol (que había ideado el vestuario en el taller de Paul Poiret), y volvió a recurrir a ella veintiún años más tarde, para el mural La Danse. Esto sirvió de premisa para que el comercial textil británico Zika Ascher le encargase algunos diseños que, eventualmente, estarían destinadas al uso cotidiano y decorativo. No en vano, este último era conocido por colaborar con artistas modernos y trasladar sus lenguajes al ámbito de la moda y los tejidos, lo que convirtió a Matisse (en cierto modo) en modisto, a base de construir lo que serían fragmentos o piezas de collage aplicacadas al interiorismo pero también al cuerpo, a modo de patrón textil.
Los llamados papiers découpés tienen una relación muy cercana con prácticas del diseño: cortar, superponer, construir formas planas o jugar con patrones decorativos son parte tanto al patronaje como al diseño textil. “Sus composiciones evolucionaban a partir de grandes hojas de papel pintado, que fijaba con alfileres a la pared, moviéndolas, ajustándolas y recomponiéndolas para comprobar su equilibrio”, dicen desde la institución francesa. En el caso del encargo de Ascher, los modelos terminaron siendo pañuelos de lino y revestimientos murales, que el artista francés más tarde donaría a la ciudad de Niza (Oceanía, el mar y Oceanía, el cielo) en 1953.

Estos recortes son además fruto de su readaptación al medio tras una incapacidad que le dejó en silla de ruedas. Eventualmente, esta disciplina no solo es parte de su trabajo tardío, sino que llegó a conformar uno de los estilos más reconocibles del artista.
No es de extrañar que, como consecuencia, gran parte de sus composiciones a base de colores vivos, texturas solares y formas orgánicas hayan entrado en diálogo y superposición con tejidos y prendas a lo largo de la historia. Desde el Museo YSL apuntan a la potente “dimensión ornamental y rítmica” de la obra de Matisse como principal motivo para que gran parte de su (sobre todo) producción tardía influyese en estampados y colecciones de moda y de diseño de interiores, más allá de los del modisto francés y hasta la actualidad. Sin embargo, y en particular, la influencia en Yves Saint Laurent es tan rara como extraordinaria, no solo por cómo asimiló el principio de estos emblemáticos recortes en la obra de Matisse (que influyeron enormemente en la manera en la que el diseñador entendía la silueta y la superficie textil) sino que lo tradujo a su personal estilo, continuando inherentemente en la experimentación de sus prendas (“como una intersección entre la vista, el gesto y el cuerpo”).

Por su parte, Saint Laurent también heredó de Matisse la idea de “borrar las fronteras entre arte y decoración”, como una experiencia total donde el vestido dialogaba con el cuerpo, el espacio y la cultura visual moderna. Y es que si, para Matisse, los vibrantes estampados se convirtieron en una forma de crear un espacio pictórico que iba “más allá de los límites de lo tangible”, para el primero, su pintura ofrecía “un puente entre el plano bidimensional y el tridimensional”, lo que le llevó a convertir la profesión de la moda en un móvil que se despliega “como pintura en movimiento”.
Al mismo tiempo, para Saint Laurent, dibujar era “el acto fundacional” de todo lo que creaba. “Antes del trabajo en el atelier, de elegir el modelo o la tela, estaba el papel sobre el que trazaba, con un gesto casi espontáneo, la línea esencial”, dicen desde el Museo YSL Paris. Este era el documento donde el diseñador captaba todo lo esencial: “desde la postura del cuerpo a su equilibrio, pasando por una silueta en movimiento que ya anunciaba la aparición de la prenda”.

Así, la muestra alimenta la idea de que, tanto la costura y como pintura, ambos son gestos que contribuyen a “la misma experimentación con la línea, la misma precisión en el manejo de los contrastes entre materiales y volúmenes”, como matizan desde el museo francés. Matisse y Saint Laurent comparten así un vocabulario común, casi inversamente proporcional a los respectivos oficios que después desempeñarían: “esculpir en el color y perforar el material”, respectivamente.
Titulada tras la obra de Baudelaire (a quien ambos admiraban) Le beau, la mode et le bonheur, esta nueva exposición también documenta la relación simbiótica de ambos con la creatividad, retroalimentada mediante sus viajes (y su nexo con el Mediterráneo en toda su esencia) que, en esta ocasión, puede verse en una gran parte de archivos disponibles; desde literatura a cine o danza, nombres como Apollinaire, Aragon o Proust vertebran el universo visual que rodean a ambos. “En sus respectivos enfoques creativos, las fotografías Polaroid de Yves Saint Laurent revelan el proceso que hay detrás de la confección de una prenda, mientras que las distintas etapas de la obra de Matisse documentan la evolución de un cuadro”, explican desde el Museo YSL Paris.

Este vínculo se refuerza en la muestra a base de ejemplos procedentes de las ricas colecciones del Musée Matisse de Niza y de la Fondation Pierre Bergé–Yves Saint Laurent, complementadas con importantes préstamos procedentes de Francia y del extranjero. Así, una selección de 160 obras (bajo la curación de Serena Bucalo-Mussely y Aymeric Jeudy, y la instalación de Studio Matters), desde piezas de alta costura a prendas tradicionales, completa el resto de objetos (como dibujos, pinturas, tejidos, accesorios y documentos de archivo) presentes en este recorrido único hasta la fecha que, desde el próximo 17 de junio (y hasta el 28 de septiembre) unirá un poco más al pionero y creador avant-garde de la moda con uno de los artistas más destacados e influyentes del arte contemporáneo.
