Mientras la Guardia Civil intenta contener la llegada masiva de personas a las playas de Ceuta, un debate paralelo ha ido ganando fuerza entre analistas y periodistas: ¿es esta oleada solo un fenómeno migratorio, o hay algo más detrás? La crisis migratoria en Ceuta ha coincidido, casi al milímetro, con un giro diplomático de España hacia Argelia, el gran rival regional de Marruecos. La pregunta que se hacen muchos es si se trata de una casualidad o de un mensaje calculado desde Rabat.
La coincidencia que ha encendido las alarmas durante la crisis migratoria en Ceuta
El detonante del debate tiene fecha concreta: el 20 de julio, apenas diez días antes de que la crisis estallara con fuerza, Pedro Sánchez viajó a Argel y cerró con el presidente Abdelmayid Tebboune un acuerdo político para aumentar el suministro de gas argelino a España, además de fijar una cumbre bilateral para octubre.
Ese acercamiento pone fin, de facto, a una crisis diplomática abierta en 2022, cuando España respaldó el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental —un giro que en su momento le costó a Madrid represalias comerciales y energéticas por parte de Argelia, principal proveedor de gas del país—.
Diez días después de ese viaje, miles de personas —en su mayoría jóvenes marroquíes— comenzaron a cruzar la frontera de Ceuta a nado o saltando la valla de Castillejos, con una intensidad que no se veía desde 2021. La proximidad temporal entre ambos hechos es la que ha disparado las especulaciones.
El precedente que hace verosímil la sospecha

La hipótesis no nace de la nada: existe un antecedente muy concreto que la sostiene. En mayo de 2021, entre 6.000 y 9.500 personas cruzaron a Ceuta en apenas unos días después de que Marruecos relajara deliberadamente sus controles fronterizos. Aquello ocurrió justo cuando España había acogido, por razones médicas, al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, en un hospital de Logroño.
El propio Marruecos terminó vinculando aquella crisis a la postura española sobre el Sáhara Occidental, y el Gobierno de entonces —a través de la ministra de Defensa, Margarita Robles— llegó a acusar abiertamente a Rabat de “chantaje”. Es decir: Marruecos ya ha demostrado en el pasado su capacidad y su disposición a usar el control migratorio como herramienta de presión diplomática cuando algo en la relación bilateral no le convence.
Las piezas del tablero regional
Más allá del precedente de 2021, hay otros movimientos recientes que ayudan a entender por qué Rabat podría sentir que necesita reafirmar su posición frente a Madrid:
- Marruecos, Israel y Estados Unidos. Desde los Acuerdos de Abraham de 2020, Marruecos normalizó relaciones con Israel a cambio de que Washington reconociera la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Esa alianza se ha profundizado este mismo año: en enero, Rabat y Tel Aviv firmaron un plan de trabajo militar conjunto, y en febrero, Washington y Marruecos suscribieron un memorando para la exploración de minerales críticos en el Sáhara. Marruecos se ha convertido así en una pieza central para Estados Unidos en la contención de la influencia rusa y china en el Magreb, lo que le otorga a Rabat un respaldo internacional considerable.
- Argelia y Marruecos, rivales de fondo. Ambos países mantienen la frontera terrestre cerrada desde 1994 y no tienen relaciones diplomáticas plenas desde 2021. Su rivalidad gira, en gran medida, en torno al propio Sáhara Occidental, donde Argel respalda al Frente Polisario frente a la soberanía marroquí que reclama Rabat. Cualquier gesto español hacia Argelia —especialmente uno relacionado con el gas, el arma que ya usó Argel en 2021 para presionar a España— puede ser leído en Marruecos como una señal que conviene contrarrestar.
La disputa territorial de fondo durante la crisis migratoria en Ceuta

Detrás de toda esta tensión hay, además, un asunto de soberanía que sigue sin resolverse: Marruecos mantiene una reivindicación histórica sobre Ceuta y Melilla, a las que considera territorios pendientes de descolonización, en un planteamiento similar al que aplicó en su día al Sáhara Occidental.
España, por su parte, sostiene que Ceuta es territorio español desde 1668 —mucho antes de la formación del actual Estado marroquí— y que ambas ciudades tienen el mismo estatus jurídico que el resto del territorio nacional. Se trata de una disputa de soberanía no resuelta entre los dos países, sin que exista una resolución internacional vinculante que respalde la posición marroquí.
Lo que sí es hipótesis y lo que no
Aquí está el punto que conviene manejar con más cuidado: la idea de que Marruecos esté relajando deliberadamente sus controles fronterizos para enviar un mensaje a España por su acercamiento a Argelia es, a día de hoy, una hipótesis, no un hecho confirmado. No existen declaraciones oficiales ni evidencia documentada por parte de ninguno de los dos gobiernos que la respalden.
El propio Ministerio de Asuntos Exteriores español ha rechazado esta interpretación de forma explícita, insistiendo en que la relación con Rabat “es excelente” y que en nada se ve afectada por el buen momento con Argelia.
Lo que sí son hechos verificables, y que explican por qué la hipótesis resulta razonable, son estos tres: Marruecos ha demostrado en el pasado su disposición a usar el control fronterizo como herramienta de presión diplomática; hoy cuenta con un respaldo internacional reforzado gracias a sus alianzas con Washington e Israel; y España ha elegido este verano estrechar lazos precisamente con el gran rival regional de Rabat. Tres datos que, juntos, no demuestran una estrategia deliberada, pero sí explican por qué tantos analistas se resisten a descartarla.
