La noticia de la muerte del Rey Harald V de Noruega, el monarca más mayor que reinaba en Europa (89 años), supuso la inmediata coronación de su hijo, el Rey Haakon VIII. Su nombramiento acarreó a su vez la coronación de Mette-Marit como nueva Reina del país nórdico, poco después de centrar la polémica por sus vínculos con el depredador sexual Jeffrey Epstein.
Mette-Marit tenía 25 años y era una madre soltera cuando conoció al príncipe heredero Haakon en un festival musical en Kristiansand. “Solo la miré, y fue como una luz”, reconoció el nuevo Rey en su autobiografía. Su relación se mantuvo en secreto durante varios meses, hasta que finalmente fue filtrada a la prensa.
Desde que accediera al seno de la familia real noruega, el perfil de Mette-Marit siempre estuvo bajo escrutinio. Inicialmente, por su pertenencia a la escena de música electrónica, que para muchos no era adecuado para una mujer que aspiraba a convertirse en Reina de Noruega. “El malestar de ese año todavía está conmigo, sentirse perseguida es un sentimiento abrumador”, reconoció en una afirmación recogida en la autobiografía de su marido.

Nacida en 1973 e hija de un periodista y una banquera, sus padres se divorciaron y vivió su infancia con su madre y sus hermanos. En 2001, reconoció que sus años de fiestas nocturnas eran “importante parar vivir en contra de lo establecido. Eso también me llevó a vivir una vida bastante alocada”. Reconoció moverse en un ambiente donde “cruzamos las fronteras”. En ese mismo año se casó con el príncipe Haakon, lo que supuso un reto para adaptarse a su posición social radicalmente distinta.
“Con el tiempo, se sintió más cómoda en el papel y se convirtió en una persona más auténtica”, declaró a Reuters Trond Noren Isaksen, historiador y autor de varios libros sobre la monarquía noruega. Sus puntos fuertes residían en “su gran calidez humana” y su capacidad para conectar con la gente, según el autor.
Entre 2000 y 2002, estudió ética en la Universidad de Oslo y en 2003 realizó cursos en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres, centrándose en el desarrollo internacional, el VIH/SIDA y los problemas de los refugiados. A partir de entonces, empezó a desarrollar su verdadero rol como parte central del a familia real, ejerciendo como patrona de varias fundaciones, atendiendo a eventos, y ejerciendo de madre de su primer hijo Magnud Borg, así como de los hijos que tuvo con el príncipe Hakoon, Ingrid Alexandra y Sverre Magnus.
Cuando su vida aparentaba estar alejada de la polémica, en enero de este año se revelaron una cadena de mails que mantuvo con Jeffrey Epstein. Las comunicaciones continuaron incluso tras la sentencia contra el magnate y depredador sexual. Tras conocerse el escándalo, pidió perdón público a la familia real. Tras la revelación, un 47,6% de los noruegos consideraron que no seria apta para ser nombrada reina.

Otro de los escándalos que sacudieron a Mette Marit fue el juicio que afrontó su hijo Marius (29 años) por violación y violencia doméstica. Si bien denegó las acusaciones, admitió algunos delitos de menor magnitud. Se le impusieron cuatro años de cárcel, que fueron apelados por su defensa. La madre evitó entonces hacer declaraciones públicas sobre el caso, mientras lidiaba a su vez con serios problemas de salud por una fibrosis pulmonar crónica, una afección que le dificulta la respiración y la deja exhausta.
La periodista Anine Hallgren, del diario noruego Aftenposten, destacó los problemas de salud de la Reina como uno de sus principales retos para ejercer el cargo. “En junio de 2026, la reina Mette-Marit recibió un trasplante de pulmones. Hasta la fecha, se encuentra de baja por enfermedad y no ha tenido la oportunidad de desempeñar sus funciones como miembro activo de la familia real”, recordó la reportera.
Si su salud se lo permite, la nueva reina estará al cargo de acompañar al rey en actos oficiales, visitas de Estado y actividades sociales y culturales. También deberá representar a la Corona en eventos públicos, pero no tendrá capacidad de intervenir en decisiones de la Corona, cuyas competencias recaen en el Rey y en la princesa heredera. Dados los recientes escándalos que salpicaron a la nueva Reina, es previsible que la Casa Real de Noruega opte por un perfil más discreto para Mette-Marit al inicio de su reinado.

