Adiós al rey Harald V de Noruega: así fue su reinado desde 1991 hasta hoy

Harald V acompañó a Noruega durante el rechazo a la UE, el auge petrolero, Utøya y la transformación social del país

Muerte del rey Harald V de Noruega - Internacional
Una fotografía de archivo del difunto monarca.
EFE/Cornelius Poppe

Noruega despide a uno de los grandes símbolos de su historia reciente. El rey Harald V de Noruega ha fallecido este viernes 28 de agosto de 2026 a los 89 años, poniendo fin a un reinado que comenzó en enero de 1991 y que se prolongó durante más de tres décadas.

Treinta y cinco años en los que el país cambió profundamente: rechazó incorporarse a la Unión Europea, convirtió sus ingresos petroleros en una riqueza financiera extraordinaria, sufrió el trauma de los atentados de Oslo y Utøya y atravesó después la pandemia y el regreso de la guerra a Europa.

Harald V no gobernó Noruega en el sentido político del término. Como corresponde a una monarquía parlamentaria, sus atribuciones fueron fundamentalmente representativas y ceremoniales. Sin embargo, su figura terminó convirtiéndose en una constante dentro de una sociedad que cambió a enorme velocidad. Esa capacidad para permanecer mientras todo a su alrededor evolucionaba explica buena parte de su legado.

1991: un nuevo rey para una Noruega que comenzaba a cambiar

El rey Harald V de Noruega llegó al trono el 17 de enero de 1991 después de la muerte de su padre, Olav V, uno de los monarcas más queridos de la historia del país. Cuatro días después prestó juramento ante el Storting y asumió el mismo lema que habían utilizado su padre y su abuelo: «Alt for Norge», que puede traducirse como «Todo por Noruega».

No hubo coronación. Harald y la reina Sonia fueron consagrados el 23 de junio de aquel mismo año en la catedral de Nidaros, en Trondheim, siguiendo la tradición establecida por Olav V. Después recorrieron diferentes regiones del país. Era una forma de comenzar un reinado que mantendría constantemente esa proximidad con los ciudadanos como una de sus principales señas de identidad.

Los primeros años del rey Harald V de Noruega coincidieron además con acontecimientos que redefinieron la posición internacional del país. En 1993, las negociaciones secretas entre israelíes y palestinos desarrolladas en Noruega condujeron a los Acuerdos de Oslo. Harald no intervino políticamente en aquellas conversaciones, pero aquel episodio consolidó la imagen de su país como territorio vinculado a la mediación y la diplomacia internacional.

1994: los Juegos de Lillehammer y el segundo «no» a Europa

Uno de los años decisivos del reinado fue 1994. Noruega organizó los Juegos Olímpicos de Invierno de Lillehammer, un enorme escaparate internacional para un país que empezaba a proyectar una imagen de prosperidad, naturaleza y estabilidad. El rey Harald V de Noruega inauguró oficialmente aquellos Juegos, mientras el entonces príncipe heredero Haakon participó en una ceremonia que quedó asociada a una de las grandes celebraciones nacionales de aquella década.

Pero el acontecimiento políticamente más trascendente llegó meses después. El 28 de noviembre, los noruegos volvieron a votar sobre su incorporación a la Unión Europea. El 52,2% rechazó la adhesión, repitiendo la negativa que el país ya había expresado en 1972. Noruega permaneció fuera de la UE, aunque estrechamente integrada en Europa mediante el Espacio Económico Europeo y posteriormente el espacio Schengen.

Durante todo el reinado del rey Harald V de Noruega, aquella peculiar posición permaneció prácticamente intacta: un país profundamente europeo en términos económicos y políticos, pero decidido a conservar su soberanía fuera de las instituciones comunitarias.

La transformación económica de Noruega

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El reinado coincidió también con uno de los mayores experimentos de gestión de riqueza pública de la historia contemporánea. El Parlamento había creado en 1990 el fondo destinado a administrar los ingresos extraordinarios procedentes del petróleo, antes de que Harald ascendiera al trono. Sin embargo, la primera transferencia efectiva de dinero llegó en 1996, cuando el fondo recibió cerca de 2.000 millones de coronas.

A partir de entonces comenzó un crecimiento gigantesco. Noruega destinó parte de sus ingresos energéticos a inversiones internacionales con el objetivo de preservar esa riqueza para las generaciones futuras. Con el paso de los años, el fondo soberano noruego se convirtió en uno de los mayores del planeta. El rey Harald V de Noruega vio así cómo el petróleo modificaba la posición económica de un país que terminó situándose entre los más prósperos del mundo.

El cambio no fue únicamente económico. También cambió la propia sociedad noruega y, con ella, la monarquía. El matrimonio del príncipe Haakon con Mette-Marit Tjessem Høiby en 2001 simbolizó esa adaptación. Tres años después nació Ingrid Alexandra, llamada a ocupar el trono después de su padre gracias a unas reglas sucesorias reformadas para establecer la primogenitura con independencia del sexo.

Utøya, el día que definió su papel como rey

Si existe un momento que explica la función desempeñada por el rey Harald V de Noruega, probablemente sea el 22 de julio de 2011. Los atentados perpetrados por Anders Behring Breivik contra el complejo gubernamental de Oslo y la isla de Utøya causaron 77 muertos y provocaron la mayor conmoción nacional desde la Segunda Guerra Mundial.

Harald apareció ante los noruegos al día siguiente. Habló de una «tragedia nacional», expresó su solidaridad con las familias y defendió los valores democráticos atacados por el terrorista. Su mensaje contenía una frase que terminaría asociada a aquellos días: «Creo firmemente que la libertad es más fuerte que el miedo».

No correspondía al monarca organizar la respuesta policial ni adoptar las decisiones políticas posteriores. Su función era distinta: representar el duelo colectivo. El rey Harald V de Noruega se convirtió entonces en una figura alrededor de la cual podía reunirse simbólicamente un país traumatizado.

El discurso que retrató la Noruega del siglo XXI

Cinco años después pronunció otro de los discursos más recordados de su reinado. En septiembre de 2016, durante una recepción en los jardines del Palacio Real, Harald intentó responder a una pregunta aparentemente sencilla: qué era Noruega.

Su respuesta reflejó hasta qué punto había cambiado el país desde 1991. Habló de familias diferentes, inmigración, diversidad sexual y distintas creencias religiosas. Recordó que había noruegos que creían en Dios, en Alá, en el universo o en nada; chicas que amaban a chicas y chicos que amaban a chicos. La identidad nacional quedaba definida por la convivencia y no por el origen.

Aquel discurso terminó representando buena parte de la transformación experimentada por la propia Corona. El rey Harald V de Noruega había heredado una institución tradicional y consiguió mantenerla integrada en una sociedad especialmente igualitaria, secular y liberal.

La pandemia, la enfermedad y los últimos años

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Otro momento extraordinario llegó en marzo de 2020. Ante la expansión de la COVID-19, Harald se dirigió nuevamente al país. Habló del miedo, de quienes estaban enfermos, de los trabajadores sanitarios, de las pérdidas económicas y de la soledad provocada por las restricciones. Su mensaje volvió a insistir en una de las ideas recurrentes de su reinado: la confianza mutua como elemento fundamental de la sociedad noruega.

Los últimos años fueron más difíciles. La salud del rey Harald V de Noruega comenzó a limitar progresivamente su actividad y Haakon tuvo que ejercer en diferentes ocasiones como regente. Al mismo tiempo, distintas controversias relacionadas con miembros de la familia real sometieron a la institución a una presión creciente y redujeron parte del respaldo social del que había disfrutado durante décadas.

Harald, sin embargo, nunca quiso abdicar. Entendía el juramento que había pronunciado en 1991 como un compromiso para toda la vida. Incluso en febrero de 2026, en plena crisis de imagen de la Casa Real, el Parlamento noruego volvió a respaldar ampliamente la continuidad de la monarquía.

Su muerte cierra ahora una época. Harald V no transformó Noruega mediante decisiones políticas; representó a Noruega mientras el país se transformaba. Subió al trono cuando terminaba la Guerra Fría y se marcha después de haber acompañado al país durante el rechazo a la UE, el auge de la riqueza petrolera, la tragedia de Utøya, la pandemia y una nueva era de incertidumbre europea. Más de 35 años que cambiaron Noruega y que ya forman parte de la historia de su monarquía.

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