“¿Es el enemigo? ¿Ustedes podrían parar la guerra un momento?”, la situación actual en Oriente Medio parece salida de un monólogo de Gila. Los esfuerzos por contener dos de los conflictos más inestables de la región se enfrentan a una incertidumbre cada vez mayor, a pesar de la presión política ejercida por Washington para poner fin a los combates. En Líbano, el acuerdo de alto el fuego negociado por Estados Unidos fue papel mojado. Poco después del anuncio del presidente Donald Trump, ya estaba en peligro. En cuestión de horas, Israel lanzó nuevos ataques en el sur de Líbano, mientras que el líder de Hizbulá rechazó públicamente el acuerdo, alegando que el grupo respaldado por Irán no había sido incluido en las negociaciones y no aceptaba los términos. Es más el jefe de la milicia chíi aseguró que el diálogo con Israel es “humillante” y habría nuevos ataques.

El intercambio de ataques ha suscitado dudas sobre si el acuerdo podrá sobrevivir o si Israel y Hizbulá se encaminan hacia una nueva fase de escalada. Según el Ministerio de Sanidad de Líbano, el conflicto ha causado la muerte de más de 3.300 personas y ha desplazado a más de un millón de personas de sus hogares desde principios de marzo. Es más, este jueves ha muerto un casco azul serbio y dos españoles han resultado heridos por la caída de morteros en su posición en Líbano. El Ejército israelí ha acusado a Hizbulá de matar al soldado de la FINUL.

Estos acontecimientos ponen de relieve los límites de los esfuerzos diplomáticos para detener un conflicto que ha continuado a pesar de los repetidos llamamientos internacionales a la moderación. El alto el fuego se presentó como una oportunidad para reducir las hostilidades a lo largo de la frontera entre Israel y Líbano, pero los últimos ataques y la respuesta de Hizbulá han puesto en duda su viabilidad. Al mismo tiempo, la guerra en Irán sigue sin resolverse, a pesar de que aumenta la presión dentro de Estados Unidos para cambiar de rumbo. La Cámara de Representantes de EE UU votó a favor de medidas destinadas a poner fin a la guerra del presidente Donald Trump contra Irán, lo que supone una inusual reprimenda pública por parte de los políticos estadounidenses. Es más, cuatro representantes republicanos se unieron a los demócratas para apoyar la iniciativa.

La votación representa el primer esfuerzo exitoso del Congreso para forzar el fin de un conflicto que ha entrado en su cuarto mes. Sin embargo, los legisladores estadounidenses siguen estando lejos de tener el poder para impedir futuras acciones militares, lo que deja incierto el impacto práctico de la medida. El conflicto ya ha tenido consecuencias devastadoras. Los informes citados durante el debate en el Congreso hacían referencia a miles de muertes de civiles y a importantes daños al comercio mundial. Mientras tanto, las negociaciones de paz siguen estancadas, a pesar del optimismo de Trump, de momento, no se logran llegar a un acuerdo diplomático. Así, ambos conflictos siguen activos a pesar de los esfuerzos por contenerlos, lo que pone de manifiesto la brecha existente entre las ambiciones políticas de poner fin a las guerras y la realidad que se vive sobre el terreno.

