Irán empieza hoy a enterrar a su líder supremo, y lo hace con sentimientos encontrados: entre el fervor del régimen y el miedo a un jaque mate por parte de Estados Unidos. Este viernes arrancan los actos de despedida dedicados a Alí Jameneí, el ayatolá asesinado el 28 de febrero en el primer día de la guerra que Estados Unidos lanzó contra el país. La primera despedida arranca hoy mismo, con una ceremonia reservada a altos cargos iraníes que servirá de antesala al gran funeral de Estado. El grueso llegará mañana sábado, cuando el féretro se exponga al público en la Musalla de Teherán y comience un homenaje que las autoridades quieren convertir en el mayor de la historia de la República Islámica.
Las cifras que maneja el régimen son mareantes: el Ayuntamiento de Teherán habla de hasta 20 millones de asistentes sólo en la capital. La organización corre a cargo de la Guardia Revolucionaria y de las milicias Basij, que han diseñado un dispositivo descomunal. Se cancelarán vuelos, se restringirá el acceso a las principales ciudades y las autopistas de Teherán se habilitarán como aparcamientos y alojamientos improvisados para los peregrinos que lleguen de todo el país. El régimen quiere una foto de lealtad masiva, una demostración de que, pese a los golpes, sigue en pie.

Irán en máxima alerta
Pero bajo la solemnidad Irán se ha declarado en máxima alerta. Que los ayatolás hayan tardado cuatro meses en realizar la despedida del que fue su líder supremo no es casualidad. Han esperado a tener un acuerdo, a la “buena marcha” de las negociaciones y a un alto el fuego que parece algo más duradero. Aún así el régimen no se fía y por eso han reforzado todas las fronteras y han blindado el espacio aéreo de Teherán.
Más allá de la multitud que pueda acudir, lo que realmente preocupa es la cantidad de dirigentes religiosos, altos cargos y delegaciones que se reunirán estos días en escenarios demasiado concretos. Es un blanco perfecto. La oportunidad de oro de Estados Unidos para poder asestar su último golpe y cumplir la que, cuando comenzó el conflicto, era el primer objetivo: el fin del régimen.

Objetivos sin cumplir
Descabezar el régimen -junto al programa nuclear iraní- fue uno de los objetivos declarados de Donald Trump y pese a los bombardeos y a cuatro meses de conflicto, todavía no los ha cumplido. De poco sirvió la muerte del líder supremo y la desaparición de buena parte de la cúpula militar. Los ayatolás han conseguido perpetuarse en el poder. La maquinaria de represión se ha detenido, el aparato del Estado se ha reconstruido sobre la marcha y el país conserva una capacidad de resistencia que ha sorprendido a los propios servicios de inteligencia estadounidenses.
Llama la atención, además, el momento elegido. Han pasado más de cuatro meses desde la muerte de Jameneí, un retraso notable para una tradición que prescribe entierros rápidos. La versión oficial lo achaca a la magnitud del homenaje y al propio contexto bélico; los críticos, a un intento del Estado por inflar la asistencia y reconstruir el relato de unidad tras un conflicto que lo dejó tocado. El resultado es un funeral estirado que se alargará casi una semana y se repartirá entre cinco ciudades de Irán e Irak. El broche de oro está previsto el 9 de julio en Mashad, la ciudad natal de Jameneí, donde será enterrado en uno de los santuarios más sagrados de la tradición chiita.

Motjaba Jameneí, el heredero
En todos estos actos se espera que asista el hijo de Alí, Mojtaba Jameneí, elegido sucesor por la Asamblea de Expertos apenas unos días después de la muerte de su padre. Lo más inquietante es que, desde su nombramiento, nadie lo ha visto ni escuchado en público. Los servicios de inteligencia estadounidenses sostienen que dirige la estrategia del país y las propias negociaciones desde un aislamiento total, y varios informes apuntan a que resultó gravemente herido en el mismo ataque que mató a su padre, con quemaduras por las que habría pasado por el quirófano en varias ocasiones. Aunque Irán no lo ha confirmado, una de las grandes incógnitas de estos días es, precisamente, si aparecerá en el funeral.

