La muerte del ayatolá

Quién sucederá a Alí Jamenei como líder supremo de Irán

La ausencia de certezas sobre Alí Jamenei reactiva la mayor incógnita del régimen: cómo se decide el poder en Irán cuando la cúspide tiembla

El ayatolá Ali Jamenei.
EFE/EPA/STR TEHERÁN

La pregunta ha vuelto con fuerza tras una escalada militar que ha sacudido Irán y ha colocado el foco, de nuevo, sobre la cima real del sistema. Si Alí Jamenei está muerto, ¿quién ocuparía el puesto más poderoso de la República Islámica? Los rumores y la niebla informativa típica de los momentos de crisis han alimentado especulaciones sobre su estado y su paradero. Pero lo relevante es otra cosa: el mecanismo de sucesión existe, aunque se mueve en la penumbra y se decide entre élites.

En Irán no hay delfín oficial ni una sucesión automática. Y eso convierte a Alí Jamenei en un punto de equilibrio. Mientras él estuviera, el sistema se mantiene en pie con una lógica de continuidad. Pero si falta, se abre una pugna silenciosa donde pesan tanto la jerarquía religiosa como la fuerza del aparato de seguridad.

El poder que se hereda sin heredero

Para entender por qué la sucesión de Alí Jamenei es un asunto mayor —y no un simple cambio de nombre— hay que recordar qué concentra ese cargo. El líder supremo no es un jefe de Estado ceremonial. Marca el rumbo estratégico, tutela a las instituciones y conserva la última palabra en los grandes asuntos internos y externos. Presidentes van y vienen; el líder supremo permanece. Por eso, cuando el debate se activa, el país entero entra en una especie de cuenta atrás política.

Además, Alí Jamenei lleva décadas construyendo un sistema de lealtades, equilibrios y contrapesos internos. Sustituirlo no es solo designar a una figura religiosa: es garantizar que ese engranaje siga funcionando sin romperse o decidir deliberadamente que cambie.

Quién elige al sucesor de Alí Jamenei: la Asamblea de Expertos y el filtro previo

La Constitución iraní sitúa la decisión en manos de la Asamblea de Expertos, un órgano compuesto por 88 clérigos con capacidad para nombrar —y, en teoría, supervisar— al líder supremo. Si Alí Jamenei no pudiera continuar, esa asamblea se reuniría para escoger un reemplazo mediante deliberaciones internas y votaciones.

Quién sucederá a Alí Jamenei como líder supremo de Irán
El líder supremo de Irán Ali Jamenei.
Efe/JKiloyCuarto

Pero hay un matiz que lo condiciona todo: los miembros de la Asamblea de Expertos no surgen de un proceso libre en el sentido occidental. Sus candidaturas pasan por el tamiz de otro órgano determinante, el Consejo de Guardianes, que valida quién puede entrar en la carrera institucional. Traducido: la sucesión de Alí Jamenei no se decide en una plaza pública, sino en un circuito cerrado, diseñado para preservar la naturaleza del régimen y su continuidad.

Por eso tampoco existe un heredero garantizado. Hay nombres que suenan, equilibrios que se negocian y líneas rojas que nadie suele cruzar a la vista de todos.

Los nombres que más suenan en la República Islámica

En las quinielas que circulan desde hace tiempo —y que resucitan cada vez que la salud o la seguridad de Alí Jamenei se convierten en noticia— aparece con frecuencia Mohsen Qomi, un clérigo considerado cercano al líder supremo. Su baza sería la continuidad: alguien que conoce los pasillos del poder y podría ofrecer una transición sin sobresaltos, al menos para el núcleo duro del sistema.

Otro perfil repetido es Alireza Arafi, con peso en el entramado religioso e institucional. Su ventaja no sería el carisma, sino la estructura: posiciones relevantes en órganos clave y el control de resortes académicos y clericales que cuentan muchísimo en un país donde la legitimidad se escribe en lenguaje religioso.

También se cita a Mohsen Araki, con experiencia y presencia en la Asamblea de Expertos. En un escenario de sucesión de Alí Jamenei dominado por conservadores, un candidato con recorrido teológico e institucional puede funcionar como figura de consenso, precisamente porque no rompe nada.

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Musulmanes chiíes paquistaníes sostienen retratos del líder supremo de Irán
EFE/EPA/SHAHZAIB AKBER

En un registro más ligado a la seguridad del Estado aparece Gholam Hossein Mohseni Ejei, una figura conectada con el aparato judicial y con antecedentes en el ámbito de inteligencia. Para los sectores más duros, un perfil así garantiza control interno en un momento sensible, algo especialmente tentador si el relevo de Alí Jamenei coincidiera con crisis en la calle o con presión exterior.

Y en el radar, aunque con menos ruido mediático, está Hashem Hosseini Bushehri, con visibilidad religiosa como referente en Qom y presencia en la Asamblea. Su papel suele interpretarse como el de un candidato posible en pactos de equilibrio: alguien que puede sumar apoyos si el tablero se fragmenta.

El “factor Guardia Revolucionaria”

Hay, sin embargo, un temor —o una hipótesis— que altera el guion clásico: que la sucesión de Alí Jamenei deje de ser estrictamente clerical y se incline hacia un modelo más militarizado, con la Guardia Revolucionaria (IRGC) como gran árbitro. No implicaría necesariamente un líder supremo con uniforme, pero sí un líder supremo moldeado por la fuerza real que tiene el aparato de seguridad.

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Una imagen del líder supremo, Ali Jamenei, quemándose.
Efe

En un vacío de poder, la Guardia Revolucionaria no solo cuenta armas: cuenta redes, economía, influencia territorial y capacidad de imponer orden. En un escenario extremo, ese peso puede inclinar la balanza hacia un candidato más alineado con los sectores de seguridad, incluso si su perfil religioso no fuera el más brillante. Y eso sería un mensaje: tras Alí Jamenei, Irán podría cerrar filas aún más.

La sucesión de Alí Jamenei no es un debate de palacio sin consecuencias. Marca el tono de la política exterior, el tipo de respuesta ante presiones internacionales, el margen -si lo hay- para reformas internas y la manera de gestionar las protestas. También afecta al equilibrio entre clérigos y aparato militar, y al modo en que Irán define sus alianzas regionales y su postura estratégica.

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