Más allá de los mensajes grandilocuentes y la eufórica puesta en escena para recibir a la delegación de Donald Trump en China, hubo un aspecto apenas mencionado sobre la cumbre bilateral en que se discutieron asuntos clave de la geopolítica global. Todos los integrantes de la delegación estadounidense que aterrizaron en Pekín -incluidos los más altos cargos-, fueron obligados a utilizar teléfonos antiguos sin conexión a internet.
El motivo: cualquier smartphone, ordenador portátil o Tablet era susceptible a ser infiltrado y rastreado, lo que podía poner en compromiso datos confidenciales. Por ello, se quiso evitar incluso la conexión a redes Wifi de hoteles, o el uso de puertos de carga para teléfonos móviles. “Se advirtió de que China podía hacer una investigación exhaustiva de datos sobre cualquier participante en la delegación”, apuntó el Daily Mail.

Prohibidos los regalos y souvenirs
La obligación también se aplicó al viaje de vuelta. Al embarcarse en el Air Force One, el avión oficial de la presidencia, ningún pasajero pudo llevar consigo cualquier compra o souvenir de China. Por ello, se obligó a tirar a la basura cualquier regalo o elemento conmemorativo de la visita. Todos los viajeros dejaron sus dispositivos personales en Estados Unidos antes de poner rumbo a Pekín.
China es un país especialmente sensible respecto a esta problemática. En 2024 endureció su marco contra el espionaje y amplió la capacidad de inspeccionar dispositivos electrónicos bajo investigación, algo que ha aumentado la cautela de gobiernos y empresas extranjeras. Además, hay antecedentes de controles más agresivos en zonas como Xinjiang, donde se han denunciado inspecciones, instalación de software y revisión de datos de turistas y viajeros.

Para una delegación presidencial -en este caso, el principal rival económico global-, el problema no es solo que lean mensajes, sino que puedan obtener contactos, documentos, ubicaciones, agendas o credenciales que sirvan para contrainteligencia. Por eso Trump y su equipo usaron teléfonos de uso temporal, portátiles básicos o documentación impresa. Así se reduce la superficie de ataque y se limita el daño si un equipo logra ser infiltrado.
Operación de riesgo
China, una dictadura sin libertades políticas o de expresar opiniones públicas contra el régimen, ha convertido la seguridad digital en parte central de su política interna, que combina ciberseguridad, control de datos y vigilancia estatal. Por ello, los viajes oficiales de delegaciones occidentales se manejen como operaciones de riesgo. En el caso de Washington y Pekín, ambos países tienen un largo historial de contraespionaje a sus espaldas.
La noticia cobró más relevancia dado el perfil de algunos integrantes de la delegación norteamericana, que incluía a propietarios de grandes empresas del sector tecnológico. Entre ellos, el dueño de Tesla y la red social X (twitter) Elon Musk, el jefe de Apple Tim Cook, el de Nvidia Jensen Huang, o altos cargos de Meta. En total, más de una decena de altos ejecutivos de corporaciones estadounidenses participaron en negociaciones bilaterales sobre comercio, tecnología e inversiones.

Según oficiales estadounidenses preguntados por la cadena Fox News, las medidas se tomaron teniendo en cuenta las preocupaciones del Gobierno estadounidense, que considera a China como “uno de los entornos cibernéticos más agresivos del mundo”. Las restricciones pudieron afectar significativamente el trabajo diario, ya que los mensajes se retrasan o se redirigen, el acceso a la nube se limita y los oficiales pueden pasar días sin sus contactos digitales habituales ni su presencia online.
China: un estado de vigilancia masiva
“China es un estado de vigilancia masiva. Las reuniones informativas para funcionarios estadounidenses comienzan mucho antes de la llegada del presidente, y dejan claro que todo está siendo monitoreado”, declaró a Fox News Bill Gage, exagente especial de los servicios secretos y actual director de protección ejecutiva de Safehaven Security Group. “Siempre les decimos a las personas que asuman que todo lo que dicen y hacen, tanto en persona como digitalmente, podría ser monitoreado”, afirmó a la misma cadena Theresa Payton, exdirectora de información de la Casa Blanca y directora ejecutiva de Fortalice Solutions.
Sin embargo, las autoridades chinas han negado las acusaciones. El portavoz de la embajada china en Washington, Liu Pengyu, declaró que “el Gobierno chino otorga gran importancia a la protección de la privacidad y la seguridad de los datos, de conformidad con la ley. Nunca ha exigido, ni exigirá, a empresas ni a particulares que recopilen o almacenen datos en contravención de la ley”.
