Mientras Europa observa con inquietud la escalada de tensiones internacionales, las guerras híbridas y las amenazas en las fronteras exteriores, el Ejército francés intensifica su campaña nacional de reclutamiento, con especial atención en atraer a más mujeres. En ese contexto, la figura de la general de brigada Anne Bardy, comandante de una brigada logística de cerca de 8.000 militares en activo, ilustra el perfil que la institución quiere proyectar: liderazgo, meritocracia y participación femenina en una estructura históricamente masculina.
“No se puede construir unas Fuerzas Armadas sin diversidad“, afirma la general a Artículo14. “La presencia de las mujeres aporta un verdadero equilibrio y tienen mucho que contribuir“.
Cuando ingresó en 1994 en la Escuela Especial Militar de Saint-Cyr, apenas había tres mujeres en su promoción, pese a que este centro de oficiales del Ejército de Tierra abrió sus puertas al público femenino diez años antes.
Hoy, las Fuerzas Armadas francesas tienen un 17,3% de mujeres en sus filas, de un total de 200.162 militares. Si se cuentan los agentes civiles, la tasa global de mujeres llega a 22% (una de las más altas del mundo).
Sin embargo, su presencia en los rangos más altos sigue siendo limitada. Para la oficial, se trata de una cuestión de tiempo: el aumento progresivo de mujeres en los niveles de entrada debería reflejarse, con los años, en la cúpula militar.
Nacida en Besançon, en la frontera con Suiza, considera que el mérito debe seguir siendo el criterio central de selección. La idea de cuotas, frecuente en otros ámbitos, le parece poco pertinente en el contexto militar. Es el mérito individual el que construye la legitimidad del mando. “Y esa legitimidad es esencial para dar cohesión y dirigir a los equipos”.
Vocación y exigencia
Para quienes consideran esta carrera, el mensaje es claro: “Es una profesión que tiene sentido, que permite servir a un ideal que trasciende al individuo”, admite.
Ese sentido del servicio es también lo que motivó a Amina, de 20 años, sargenta desde hace seis meses en el 53º regimiento de transmisiones de Lunéville (Lorena), unidad responsable de la seguridad de los sistemas de información. “Uno se supera constantemente, ya sea en el campo de batalla o en el regimiento”.
En su unidad, la presencia femenina es relativamente alta. “Encontrar mi lugar fue más sencillo así”, reconoce. Aun así, las mujeres siguen siendo minoría en las especialidades más exigentes físicamente, como la infantería, donde los soldados pueden desplazarse con cargas de entre 30 y 60 kilos.
Una carrera de largo recorrido
La carrera militar, insiste la general Bardy, es un largo recorrido. “No se trata de un ascensor, sino más bien una escalera social: quien se esfuerza puede progresar”. El Ejército ofrece oportunidades de formación y progresión incluso para perfiles que han tenido dificultades en el sistema educativo tradicional.
Pero ese ascenso exige tiempo. “No se llega a general en unos pocos años: se construye a lo largo de décadas, con experiencia y una legitimidad que se adquiere progresivamente”.
La legitimidad de esta amante del ski y el tenis, de 51 años, que domina el inglés y el alemán, fue erigida a lo largo de tres décadas. Su experiencia incluye una misión en Chad, un paso por el Estado Mayor Internacional de la OTAN en Bruselas y responsabilidades en programas de armamento, desde vehículos tácticos hasta drones, hoy centrales en los conflictos contemporáneos.
Ese recorrido ha moldeado también su forma de mando, basada en el liderazgo de terreno. La oficial insiste en que es fundamental mantener el diálogo y comprender cómo se sienten los soldados, ya que de ahí depende la cohesión del grupo. “La fuerza de nuestro ejército son, ante todo, las cualidades humanas”, subraya.
Maternidad y responsabilidad
Madre de tres hijos, asegura que la maternidad no ha sido un obstáculo, aunque sí ha transformado su mirada. “Ser madre cambia inevitablemente la forma de ver las cosas”.
Recuerda especialmente un momento durante su trabajo en programas de protección para soldados desplegados en Afganistán. Al ver a militares expuestos en vehículos aún no blindados, pensó en lo que implicaba esa vulnerabilidad. “Si fuera mi hijo quien partiera en operación, me gustaría que alguien hiciera todo lo posible por protegerlo”. Y así lo hizo.
Rearme y desafío industrial
El contexto en el que se inscribe esta campaña de reclutamiento es, sin embargo, profundamente distinto al de décadas anteriores. Francia ha incrementado de forma significativa su esfuerzo en defensa, con un presupuesto que alcanzará los 57.000 millones de euros en 2026. Excluyendo los gastos obligatorios como la deuda y las pensiones, la defensa se ha consolidado como el segundo presupuesto del Estado, por detrás de la educación.
La presión no recae solo sobre las Fuerzas Armadas. La industria de defensa afronta también un desafío de gran magnitud: cerca del 40% de las empresas del sector declara dificultades para contratar, y se estiman en unos 85.000 los puestos por cubrir de aquí a 2030 en los grandes grupos y su red de subcontratistas.
Entre los proyectos emblemáticos figura el futuro portaaviones de nueva generación, destinado a sustituir al Charles de Gaulle a partir de la década de 2030. El programa movilizará a miles de trabajadores y a toda la cadena industrial naval, reflejando la escala del esfuerzo en curso.
Más que una simple campaña de reclutamiento, el mensaje es claro: las Fuerzas Armadas francesas se preparan para un nuevo ciclo, en el que atraer talento se ha convertido en una prioridad estratégica.

