Hay una escena en Harry Potter y el prisionero de Azkaban en la que Dumbledore le dice a Harry que la felicidad puede encontrarse incluso en los momentos más oscuros, si uno recuerda encender la luz. El mayor Oleksandr Ivanov, soldado ucraniano, pasó casi cuatro años en una celda rusa de Mordovia comprobando que esa frase no era solo literatura. Era, literalmente, el manual de instrucciones para sobrevivir.
Ivanov fue capturado durante los combates por Mariúpol en la primavera de 2022. Su último recuerdo de la ciudad no era táctico: era el olor a muerte en el aire. La última llamada a su esposa Nelly fue también la más corta. «Esta es la última vez que tendré contacto contigo», le dijo, según recogen en la BBC. Días después, un mensaje de texto confirmó que había sido hecho prisionero. A partir de ahí, 1.495 días de silencio.
Una celda, nueve personas, ninguna palabra
Las condiciones en la colonia penal rusa donde pasó tres de sus cuatro años de cautiverio eran de una austeridad calculada para doblegar la voluntad. Nueve hombres en una celda pequeña, la mayor parte del tiempo de pie y en silencio. Un inodoro, un lavabo de agua fría, una pastilla de jabón y un rollo de papel higiénico para toda la semana. Comida caliente tres veces al día, pero en cantidades tan escasas que Ivanov perdió 30 kilos. Una radio emitiendo sin parar que Ucrania había dejado de existir. Los guardias quemaban las cartas delante de los prisioneros para que lo vieran.
El contacto con el exterior fue casi inexistente. En cuatro años, Ivanov solo pudo enviar un mensaje de voz a su mujer: tres frases dictadas con los guardias delante. Nelly respondió con otras tres: habían celebrado el cumpleaños del niño, ido al cine, visitado la guardería. Para Oleksandr, saber que los niños de Mykolaiv iban al cine fue suficiente. Si los niños iban al cine, Ucrania seguía en pie. Se aferró a eso.
El fan de Harry Potter que nadie esperaba en Mordovia

La historia con Harry Potter no empezó en la guerra. Empezó en 2005, cuando Ivanov tenía doce años y participó en un concurso televisivo infantil. Eligió el tema de Harry Potter casi al azar, fue eliminado en la primera ronda y, sin embargo, la saga lo atrapó para siempre. Leyó cada libro en cuanto salía. El quinto, Harry Potter y la Orden del Fénix, lo devoró en un solo día. Durante sus años de universitario en Kiev, los libros llenaban los trayectos largos en metro. Los leyó tantas veces que, sin proponérselo, los había memorizado.
En la celda de Mordovia, los presos tenían prohibido hablar entre ellos. Pero un día Ivanov confesó a sus compañeros que era fan de Harry Potter. Ellos le pidieron que les contara la historia. Él puso una condición: narraría los siete libros de memoria y con la máxima fidelidad posible. Todos aceptaron.
Hogwarts en voz baja
Durante cinco o seis horas al día, Ivanov susurraba las aventuras de Harry, Ron y Hermione a un público que iba desde jóvenes reclutas hasta hombres mayores que jamás habían abierto uno de esos libros. Lo hacía como un audiolibro: generaba suspense, dejaba los capítulos en un momento de tensión, anunciaba con humor que «tras treinta minutos de publicidad, sabrán qué sucede a continuación». A veces se entusiasmaba demasiado y sus compañeros lo calmaban para no llamar la atención de los guardias.
Al cabo de un mes había llegado al final. Su audiencia le pidió que volviera a empezar. Y empezó. Durante esas horas, los presos dejaban de estar en una colonia penal de Mordovia. Estaban en los pasillos de Hogwarts.
Los tatuajes inspirados en la saga que Ivanov llevaba en el cuerpo acabaron siendo también un puente inesperado con algunos guardias, que los reconocieron y, según él mismo cuenta, mostraron «cierta humanidad» que antes no existía.
El final que Nelly esperaba
Mientras Oleksandr narraba en voz baja, Nelly reconstruía su rastro desde fuera. Cada soldado liberado en un intercambio de prisioneros salía con los números de teléfono de las familias de sus compañeros memorizados. Así llegaban las noticias: «Sí, estuvo aquí, luego lo trasladaron». Era lo único que tenía.
En algún momento escribió una carta a J. K. Rowling contándole lo que su marido había hecho con sus libros en una celda rusa. «Oleksandr se ha convertido en esa luz para muchos otros», escribió, parafraseando a Dumbledore. No hubo respuesta. Pero el 15 de mayo de 2025 llegó el mensaje que llevaba cuatro años esperando: Oleksandr había sido liberado en un intercambio de prisioneros y volvía a casa.
Ahora está en recuperación, intentando recuperar cuatro años de tiempo perdido. Ha recibido cientos de mensajes de personas que conocieron su historia, y paquetes con objetos relacionados con Harry Potter llegados de todas partes. «No tengo palabras para expresar lo que esto significa para mí», ha dicho. Y ha añadido algo que resume mejor que cualquier otra cosa lo que son estos días para él: «Estoy agradecido a todos y orgulloso de formar parte de este país».

