La supervivencia de Hizbulá ante el debilitamiento del régimen iraní

Un informe del Alma Center analiza el futuro de la organización chií en dos escenarios extremos: un Irán debilitado o el colapso total del régimen

Misgav Am (Israel), 08/05/2026.- Israeli troops maneuver on the Lebanese side of the border, as seen from the Upper Galilee in northern Israel, 08 May 2026, amid a ceasefire between Israel and Lebanon. (Líbano) EFE/EPA/ATEF SAFADI
Tropas israelíes realizan maniobras en el lado libanés de la frontera, vistas desde la Alta Galilea, en el norte de Israel, el 8 de mayo de 2026.
EFE/EPA/ATEF SAFADI

Pese al supuesto alto al fuego vigente, los intercambios diarios entre el ejército israelí y Hizbulá siguen siendo el pan de cada día. El fuego continúa a alta intensidad, el ejército israelí mantiene posiciones en el sur del Líbano y las operaciones militares provocan víctimas constantes tanto entre la milicia proiraní como entre la población civil libanesa. Por otra parte, el norte de Israel sigue bajo fuego constante de drones y misiles, y los residentes israelíes de la región protestan por la fallida estrategia del ejecutivo de Benjamin Netanyahu para garantizar su seguridad.

La próxima semana está prevista una nueva ronda de negociaciones entre Israel y Líbano en Washington, en un intento por integrar la resolución del frente libanés dentro del proceso de conversaciones entre Estados Unidos e Irán, cuya resolución del conflicto sigue en punto muerto. En este contexto, un informe del Alma Research and Education Center analiza qué ocurriría con Hizbulá si el régimen iraní se debilitara gravemente o incluso colapsara.

“La incorporación de Hizbulá a la campaña directa contra Israel el 2 de marzo de 2026 marca un giro estratégico profundo”, señala el documento. Para los analistas del think tank hebreo, la ofensiva israelí no busca únicamente erosionar las capacidades militares de la organización chií, sino desmontar de manera sistemática “sus infraestructuras militares, económicas, civiles y políticas”.

El estudio, firmado entre otros por la analista Zoe Levornick, plantea dos posibles escenarios: un Irán debilitado pero funcional -la situación vigente- y un segundo escenario menos probable, marcado por el colapso del régimen de los ayatolás. El futuro de Hizbulá “va más allá de sus capacidades militares: también incluye sus redes sociales, instituciones financieras, sistemas educativos y representación política dentro del Estado libanés”, escribe Levornick. 

El informe considera que un Irán debilitado reduciría drásticamente la financiación y el suministro de armas a Hizbulá. Hasta antes de la guerra iniciada el 7 octubre de 2023 tras la masacre de Hamás en el sur de Israel, Teherán aportaba entre 700 millones y mil millones de dólares anuales a la organización. Hoy, con infraestructuras energéticas iraníes dañadas, bloqueo naval del Estrecho de Ormuz y costes masivos de reconstrucción, esa ayuda podría disminuir considerablemente.

La consecuencia inmediata sería una transformación operativa de la milicia. “Hizbulá se verá obligado a apostar por la producción local de armamento”, apunta Levornick, describiendo un modelo basado en talleres clandestinos para fabricar munición. El antiguo esquema jerárquico, con brigadas organizadas y unidades regionales, podría mutar hacia una estructura más flexible y descentralizada. Muchos de sus altos cargos políticos y milicianos han sido liquidados por Israel, incluido su ex líder Hassan Nasrallah. 

Hizbulá ya recicló las tácticas que utilizó durante los años de ocupación israelí en el sur del Líbano en las décadas de 1980 y 1990: ataques de desgaste, emboscadas, drones explosivos -de muy barata adquisición- y operaciones de “golpear y escapar”. Según Levornick, “la organización podría evitar grandes ofensivas y centrarse en preservar fuerzas mientras intenta mantener la imagen de una resistencia permanente”.

La fortaleza de Hizbulá no depende solo de sus cohetes o combatientes, sino que reside en haber construido durante décadas un “Estado dentro del Estado”. Hospitales, escuelas, redes de bienestar social, instituciones financieras como Al-Qard al-Hassan y un potente aparato propagandístico conforman un ecosistema que garantiza lealtad dentro de la comunidad chií. “Las organizaciones aparentemente civiles se integran en la construcción de infraestructuras militares y en el apoyo logístico a los combatientes”, afirma el informe.

La posible transformación económica de Hizbulá cobraría peso si cae su apoyo financiero de Teherán. La organización podría expandir todavía más sus actividades dentro del crimen organizado transnacional. El documento menciona específicamente el narcotráfico de pastillas de Captagon, el lavado de dinero en América Latina, las criptomonedas y las redes de extorsión económica dentro de la diáspora chií.

Paradójicamente, el debilitamiento iraní no necesariamente reduciría el control interno de Hizbulá sobre el Líbano. El estudio sostiene que la organización intentaría “libanizar” su discurso para reforzar su legitimidad nacional y disminuir la imagen de ser simplemente un brazo de Teherán. “El debilitamiento de Irán no conduce necesariamente al colapso de Hizbulá, sino a un proceso de adaptación acompañado de más radicalización”, afirma Levornick.

Sin embargo, esa transición también podría aumentar el riesgo de conflicto interno. Las presiones internacionales para desarmar a Hizbulá, sumadas a una posible recuperación parcial del Estado libanés, podrían desembocar en enfrentamientos directos entre la milicia y otras facciones políticas o incluso con sectores del ejército libanés. Muchos residentes del Líbano culpan a la milicia proiraní de impulsar una estrategia suicida de lucha contra Israel, que se ha traducido en la destrucción absoluta de poblados al sur del país y barrios de Beirut.

El improbable colapso del régimen de los ayatolás significaría que Hizbulá perdería no solo financiación y armas, sino también su fundamento ideológico. Sin la figura del líder supremo iraní y sin la tutela estratégica de la Guardia Revolucionaria, la organización enfrentaría una crisis existencial. Hizbulá fue concebido por el régimen iraní como su principal recurso militar capaz de golpear de cerca al estado judío. 

Alma Center contempla dos posibles caminos: la integración política gradual dentro del sistema libanés o una radicalización violenta que desemboque en guerra civil. Para los autores, el segundo escenario es el más probable. En esa hipótesis, el ejército libanés podría fracturarse internamente, mientras actores regionales como Siria o Turquía intentarían aprovechar el vacío de poder. El informe también alerta sobre el crecimiento de Hamas en los campos palestinos del Líbano y sobre la creciente influencia turca en sectores sunníes. “En ambos escenarios, el debilitamiento de Hizbulá no conduce necesariamente a la estabilidad”, concluye Levornick.

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