Donald Trump tiene una persona para todo. Para negociar, para atacar, para desmentir, para explicar lo inexplicable, para esconderle y ahora también para despertarle de la siesta.
La última incorporación al imaginario presidencial se llama Jayme Leagh Franklin, tiene 27 años, es empresaria de medios conservadora y el lunes apareció detrás de Donald Trump durante un acto en el Despacho Oval. Hasta ahí, nada extraordinario. Lo extraordinario llegó cuando las cámaras captaron al presidente con los ojos cerrados, la cabeza vencida hacia un lado y la boca entreabierta mientras Robert F. Kennedy Jr. explicaba con incesante verborrea sus teorías sobre vacunación infantil. Trump se durmió y entonces Franklin se llevó la mano al abdomen. Fue como un resorte porque Trump levantó la cabeza. Así nació “The Zapper”.
Nadie sabe si es cierto que Franklin tiene un botón debajo del vestido, ni si existe un dispositivo capaz de devolver al presidente a la conciencia. Lo que sí sabemos es que internet vio una coincidencia y en pocos segundos la teoría corrió por las redes como pólvora.

La secuencia se hizo viral y Franklin pasó de ser una desconocida en una reunión de la Casa Blanca a convertirse en un robot capaz de mantener despierto al presidente.
“Es The Zapper”, escribía un usuario junto al vídeo. Otro decía, “tiene el trabajo más importante de la sala y nadie lo sabe”. Hubo quien imaginó el dispositivo oculto y quien llevó la broma a terrenos bastante más sabrosos asegurando que era un cyber borg. Porque internet puede convertir una mano sobre el estómago en un departamento secreto de la Administración Trump en menos tiempo del que tarda un presidente en cerrar los ojos. “Un golpecito en la barriga y te llevas una descarga”, ahondaban las redes en la misión de Franklin.
La teoría, conviene decirlo, es solo una teoría. Ninguna prueba avala que Franklin estuviera equipada con un mecanismo para despertar a Trump. La coincidencia entre su gesto y el movimiento del presidente es el único combustible de la historia.
Tal vez lo más destacado de la presencia de esta mujer en el Despacho Oval es que Franklin no es una figurante. Es el tipo de personaje que encaja en el universo Trump.
Quién es Jayme Leagh Franklin
Franklin es la fundadora y directora ejecutiva de The Conservateur, una publicación y marca de estilo de vida dirigida a mujeres jóvenes conservadoras. Su receta para el éxito es un zine para fans de su partido que combina política, cultura, moda y belleza con una defensa explícita de los valores tradicionales. Si durante décadas las revistas femeninas enseñaron a las mujeres qué vestido comprar, qué pintalabios usar y qué hacer para parecer más jóvenes, The Conservateur añade además lo que tienes que pensar.
Esta joven presenta también Sincerely American, un podcast dedicado a la cultura popular desde una perspectiva conservadora. Antes de convertirse en empresaria mediática, Franklin hizo carrera dentro del aparato republicano. Trabajó en la primera Administración Trump como directora de correspondencia y participó en la campaña presidencial de 2020 como coordinadora de coaliciones. También ha ocupado puestos relacionados con el Senado y Fox News. Franklin pertenece a ese nuevo ecosistema de mujeres conservadoras que han aprendido a convertir la política en una identidad visual.

La derecha ha entendido la importancia de su identidad y recurre a creadoras de contenido para presentar sus marcas de estilo de vida. Una posición donde la ideología se vende con una cuidada dosis de estética. Lo que probablemente no estaba en el plan de nadie era convertirse en un dispositivo humano de alarma presidencial.
¿Qué le pasa a Donald Trump?
La escena tuvo además el factor Trump. El presidente lleva tiempo generando especulaciones cada vez que aparece con los ojos cerrados durante un acto público. Sus críticos interpretan esos momentos como señales de cansancio propias de un mandatario octogenario. La Casa Blanca sostiene que cerrar los ojos no significa necesariamente que esté dormido y Trump ha dicho en ocasiones que lo encuentra reconfortante y ha negado haberse quedado dormido durante reuniones.
La discusión, en realidad, importa menos que las imágenes. En política, una fotografía o unos segundos de vídeo pueden terminar teniendo una vida propia muy distinta si son sacados de contexto. Franklin estaba justo a su lado cuando Trump dio la cabezada. Ella se tocó la barriga y el presidente reaccionó como un resorte.

Hay algo muy hollywoodiense en esto de convertir una escena política en una sitcom. La Administración Trump ya posee suficientes personajes como para llenar una temporada completa de televisión. Ahora las redes han añadido a una mujer cuya misión consiste en pulsar un botón interior cada vez que el presidente se queda dormido. Una especie de mando a distancia humano para el Despacho Oval.
La política contemporánea se parece cada vez más a un reality show. Todo puede convertirse en contenido. Ya no hace falta un gran escándalo para fabricar una historia de película. Tres segundos y una buena sincronización puede ser suficiente.
Franklin sigue siendo la fundadora de The Conservateur, podcaster, comentarista y antigua funcionaria de Trump, pero a todo eso hay que añadir el puesto de despertador presidencial.

