Sobre el papel y a priori parece no encajar. Un candidato criticado por comentarios machistas y homófobos, que se presenta con saludo militar e invocaciones a Dios y que promete combatir el crimen “con mano de hierro”, debería haber espantado al electorado femenino. Pero no ha sido así, o al menos, no dicen eso las encuestas previas a la victoria oficial de Abelardo de la Espriella, el candidato ultraderechista que ha ganado con un estrechísimo margen a su rival, el izquierdista Iván Cepeda. Abogado y empresario de profesión, De la Espriella parece haber aglutinado el voto de la mayoría de las mujeres. A la espera de conocer los resultados y el escrutinio final así como el voto segregado por género, las primeras encuestas apuntan a que De la Espriella ha resistido los envites y ha acaparado el voto femenino.
Lo habitual en buena parte del mundo es que la derecha radical pesque mejor entre los hombres y que las mujeres se inclinen hacia opciones de izquierda. La encuesta, por ejemplo, de AtlasIntel para ‘Semana’ reflejaba una división marcada por sexo: De la Espriella lideraba entre las mujeres con el 54,7% frente al 35,5% de Iván Cepeda, mientras que entre los hombres se invertía la tendencia y ganaba el senador del Pacto Histórico, con el 50,1% sobre el 45,7%. Otra medición de la misma casa elevaba el respaldo femenino al abogado hasta el 59,5%, mientras que Cepeda se imponía entre los hombres con el 51,3%. El patrón se repetía: el candidato de la “mano de hierro” capitalizaba el voto de las mujeres, y el izquierdista, el de los hombres.

Las mujeres se refugian en las recetas de De la Espriella
Casi todos esos cortes por género procedían de una misma encuestadora, AtlasIntel, la que más se molestaba en desglosar por sexo. Aunque todavía falta por conocer el escrutinio final y el recuento de más de 30.000 mesas que ha solicitado el senador izquierdista, si la tendencia se confirma, las mujeres estarían refugiándose tras años de bipartidismo en otras recetas, aunque más peligrosas, desconocidas por el momento en Colombia. También hay que tener en cuenta el poco margen con el que Espriella ha ganado, por menos de un punto.

El espejo latinoamericano
Donde el patrón sí parece algo más sólido no es en el género, sino en la edad. Cepeda mandaba entre los jóvenes de 18 a 34 años; De la Espriella, de los 35 en adelante. El “Tigre”, como lo llaman sus seguidores, encontraba su granero en el electorado maduro, el más permeable al mensaje de orden y seguridad.
La fórmula de De la Espriella, presentada en Colombia como innovadora y rompedora, lo es sólo en Bogotá. En realidad el modelo del colombiano es un viejo conocido de la política mundial y confirma la tendencia que desde hace tiempo lleva replicándose en toda Sudamérica. El candidato, casado y con cuatro hijos, bebe del mismo modelo que Nayib Bukele en El Salvador o Javier Milei en Argentina.
No haber tenido una carrera política previa le ha servido como una carta de presentación alejada de la “casta” que representaban el resto de candidatos, con más años de trayectoria pero también con más desgaste acumulado.

Una ultraderecha imparable
De poco han servido las críticas del “petrismo” que desde que comenzó la campaña han cargado contra el candidato ultraderechista, entre otras cosas, por tener hasta tres nacionalidades (la colombiana, la estadounidense y la italiana). Ni el poco arraigo que se esmeraban en demostrar sus detractores ni tampoco sus mensajes machistas y homófobos han parado De la Espriella, que se ha convertido en el primer presidente de Colombia de ultraderecha al acumular el apoyo de la derecha tradicional, encarnada por el expresidente Álvaro Uribe pero también por la única mujer candidata de la carrera electoral: Paloma Valencia.
Según algunos expertos, para una franja del electorado, el miedo a la inseguridad y el hartazgo con la clase política pesan más que la agenda de género y eso ha sido precisamente lo que ha empujado a más de 12 millones de colombianos a probar la “mano de hierro” prometida por De la Espriella.

