Bioincrustación

Los moluscos que desafían a los petroleros: la batalla biológica también afecta al estrecho de Ormuz

Mientras el mundo sigue atento los contactos diplomáticos entre Irán y Estados Unidos, millones de moluscos, algas y crustáceos están ralentizando el tráfico marítimo en el paso por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial

*ACOMPAÑA CRÓNICA* La Haya, 19/06/2026.- Los buques inmovilizados estos meses en el estrecho de Ormuz por la guerra entre Irán y Estados Unidos afrontan un problema añadido: la acumulación de percebes, algas y otros organismos marinos en sus cascos, una bioincrustación que reduce la velocidad de los barcos, aumenta su consumo de combustible y resultará en un coste adicional para las navieras. EFE/Fleet Robotics -SÓLO USO EDITORIAL/SOLO USO PERMITIDO PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE APARECE EN EL PIE DE FOTO (CRÉDITO OBLIGATORIO)-
Los buques inmovilizados estos meses en el estrecho de Ormuz por la guerra entre Irán y Estados Unidos afrontan un problema añadido: la acumulación de percebes, algas y otros organismos marinos en sus cascos
Efe

No son una amenaza armada, y ni siquiera aparecen en los mapas militares con los que Washington y Teherán vigilan cada movimiento marítima en el golfo Pérsico. Sin embargo, en las aguas cálidas del estrecho de Ormuz existe un enemigo capaz de retrasar los movimientos petroleros, encarecer el transporte marítimo y complicar todavía más la circulación por uno de los corredores comerciales más importantes del planeta, por donde circula una quinta parte del petróleo que consume el mundo.

Son mejillones, percebes, algas y pequeños crustáceos. Mientras la atención internacional se centra en la tensión diplomática entre Estados Unidos e Irán, una consecuencia secundaria del conflicto está apareciendo bajo la línea de flotación de cientos de embarcaciones. Los barcos que permanecen estancados durante semanas o incluso meses terminan convertidos en auténticos arrecifes flotantes.

Un buque metanero Q-Max, avistado desde un ático frente al estrecho de Singapur.
EFE/Remy Osman

Qué es la bioincrustación

El fenómeno recibe el nombre de bioincrustación. Cuando un buque deja de navegar, miles de larvas microscópicas encuentran en el acero del casco una superficie perfecta donde adherirse. En cuestión de semanas comienzan a crecer colonias de mejillones, percebes, algas y otros organismos marinos que forman una gruesa capa biológica.

Lo que para la naturaleza representa un nuevo hábitat supone un problema logístico de enormes dimensiones para los propietarios y marineros de las embarcaciones. Un casco cubierto por moluscos aumenta considerablemente la resistencia al avance del barco. Eso obliga a consumir más combustible, reduce la velocidad comercial y puede encarecer una travesía que, en condiciones normales, resultaría perfectamente rentable.

Buques en el estrecho de Ormuz
Buques en el estrecho de Ormuz

En el Estrecho de Ormuz, son ahora los moluscos quienes ponen piedras en el camino, tras el anuncio de Donald Trump de levantar el bloqueo impuesto a los puertos iraníes y la aparente voluntad del régimen de los ayatolás de no entorpecer el tráfico marítimo, que fue su principal herramienta de chantaje durante la guerra. 

Las aguas cálidas del estrecho favorecen un crecimiento especialmente rápido de estos organismos marinos. Al mismo tiempo, la incertidumbre provocada por la crisis regional mantiene numerosos buques esperando autorización para zarpar, encontrar destino o atravesar el corredor marítimo con garantías de seguridad. Su estancamiento favorece la reproducción de moluscos. 

Ormuz
El mapa de los estrechos con más riesgo
KiloyCuarto

“No se trata únicamente de combustible; es un problema operativo”, explican especialistas del sector consultados por la cadena CNN. Antes de volver al servicio, muchos barcos necesitan ser limpiados por equipos de buzos que retiran manualmente la capa de organismos adheridos al casco. El proceso puede prolongarse durante horas y, en los casos más graves, ocupar uno o dos días completos, dependiendo del nivel de incrustación. Según explica la cadena estadounidense, algunos buques llevan tanto tiempo inmovilizados que “están cubiertos de moluscos y algas”, una situación que obliga a intervenir antes de reanudar la navegación.

Paradójicamente, limpiar demasiado tampoco es una buena noticia. Los cascos modernos están protegidos por pinturas antiincrustantes diseñadas para impedir precisamente la adhesión de organismos marinos. Si durante la limpieza se emplean herramientas demasiado agresivas, esa capa protectora puede deteriorarse y acelerar nuevas colonizaciones biológicas en futuras travesías.

Barcos en el estrecho de Ormuz vistos desde Khasab, Gobernación de Musandam, Omán
EFE/EPA/ALI HAIDER

La situación ha abierto incluso un nuevo mercado laboral. Empresas especializadas buscan buzos capaces de trabajar bajo el agua durante largas jornadas eliminando manualmente toneladas de incrustaciones biológicas. En algunos casos, los trabajos deben realizarse con el barco todavía fondeado, lo que exige extremar las medidas de seguridad en una de las zonas geopolíticas más sensibles del mundo.

Según informó el diario El Financiero, la demanda de estos profesionales ha aumentado precisamente por el elevado número de embarcaciones que permanecen inmovilizadas mientras esperan poder cruzar el estrecho. Cada jornada adicional que un petrolero permanece detenido supone miles de dólares en combustible, salarios, seguros y alquiler del propio buque. Si además necesita una limpieza submarina antes de zarpar, el retraso se prolonga todavía más.

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