Qué está pasando en el ‘Big One’: temor ante un megaterremoto en las fallas de California

Un nuevo modelo revela niveles muy elevados de tensión en San Andrés y San Jacinto y señala a Cajon Pass como un punto clave

Fallas de California - Internacional
Vista aérea de la falla de San Andrés desde unos 2600 m de altura sobre la llanura de Carrizo.
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California lleva décadas esperando un terremoto que nadie sabe cuándo llegará. Lo llaman el ‘Big One’ y forma parte tanto de la cultura popular estadounidense como de una realidad geológica perfectamente conocida: bajo una de las regiones más pobladas del país existe una gigantesca red de fallas capaz de generar terremotos muy destructivos.

Ahora, una nueva investigación ha vuelto a colocar las fallas de California bajo el foco. Un equipo internacional encabezado por la geofísica Liliane Burkhard ha reconstruido mil años de actividad sísmica en los sistemas de San Andrés y San Jacinto y ha llegado a una conclusión inquietante: algunos de sus segmentos presentan actualmente niveles de tensión que alcanzan o superan los máximos observados en el modelo durante el último milenio.

Eso no significa que exista una cuenta atrás ni que los científicos hayan conseguido predecir el próximo gran terremoto. La sismología sigue sin poder determinar el día, el mes o siquiera el año en que una falla terminará rompiéndose. Lo que demuestra el estudio es que la energía continúa acumulándose y que existe una zona particularmente importante cerca de Los Ángeles.

Cajon Pass, la puerta que podría conectar dos grandes fallas

El punto central de la investigación es Cajon Pass, un corredor montañoso situado al nordeste de Los Ángeles, cerca de San Bernardino. Allí se aproximan dos de las principales fallas de California: San Andrés y San Jacinto.

Los investigadores han bautizado este lugar como una especie de “puerta sísmica”. Dependiendo de cómo esté distribuida la tensión cuando se produzca un terremoto, Cajon Pass podría detener una ruptura o permitir que esta continuase de una falla a otra.

Ese segundo escenario es especialmente relevante. Una ruptura capaz de propagarse por diferentes segmentos tendría potencial para alcanzar una longitud mayor y, por tanto, generar un terremoto más potente.

Las simulaciones estiman para 2025 tensiones de Coulomb de 2,8 megapascales en el segmento Mojave South, 1,8 en North San Bernardino y 3,6 en San Jacinto Bernardino. En varios casos, estos valores se encuentran ya dentro o por encima de los rangos que el modelo asocia con rupturas anteriores.

El último ‘Big One’ del sur de California ocurrió en 1857

La preocupación tiene además un precedente histórico. El último gran terremoto que rompió extensamente la falla de San Andrés en el sur de California ocurrió el 9 de enero de 1857.

Fue el terremoto de Fort Tejon, de magnitud 7,9. La ruptura superficial recorrió aproximadamente 360 kilómetros y produjo desplazamientos del terreno que alcanzaron nueve metros en algunos lugares.

En aquel momento California tenía una población diminuta comparada con la actual. Los Ángeles apenas empezaba a desarrollarse y gran parte del territorio atravesado por la falla estaba prácticamente deshabitado.

Hoy el escenario sería radicalmente diferente. Decenas de millones de personas viven alrededor de las fallas de California, junto a autopistas, ferrocarriles, conducciones de agua, redes eléctricas, gasoductos y centros logísticos esenciales para la economía estadounidense.

Qué podría provocar realmente el ‘Big One’

Para comprender las consecuencias, el Servicio Geológico de Estados Unidos desarrolló el escenario ShakeOut, basado en un terremoto hipotético de magnitud 7,8 en el sur de la falla de San Andrés.

El resultado muestra la dimensión del problema: aproximadamente 1.800 muertos, 50.000 heridos y unas pérdidas económicas y materiales cercanas a los 200.000 millones de dólares.

El mayor peligro no estaría únicamente en los edificios derrumbados. Un gran terremoto podría cortar carreteras, sistemas ferroviarios y conducciones que atraviesan directamente la falla, dejando partes del sur de California con graves dificultades de suministro durante semanas.

Además, un terremoto de estas características desencadenaría incendios, deslizamientos, roturas de tuberías y fallos de comunicaciones. La verdadera dimensión del ‘Big One’ estaría en la suma de todos esos efectos secundarios.

Qué posibilidades existen de que ocurra

Los científicos pueden calcular probabilidades, pero no predecir terremotos concretos. Las estimaciones oficiales del USGS señalan que la región de Los Ángeles tiene, en un horizonte de 30 años, un 60% de posibilidades de sufrir al menos un terremoto de magnitud 6,7.

La probabilidad baja al 46% para uno de magnitud 7 y al 31% para un evento de magnitud 7,5.

Eso tampoco significa que exista un 31% de probabilidades de que mañana ocurra el ‘Big One’. Son estimaciones de riesgo acumulado durante décadas y comprenden diferentes fallas de California, no únicamente San Andrés.

El nuevo estudio de Burkhard tampoco modifica esas cifras ni anuncia una probabilidad “histórica” inmediata. Su principal aportación consiste en demostrar cómo se ha acumulado la tensión durante siglos y cómo dos grandes sistemas podrían interactuar alrededor de Cajon Pass.

Un terremoto de magnitud 9 no es el escenario

El término “megaterremoto” también puede inducir a error. La falla de San Andrés mide aproximadamente 1.300 kilómetros, pero sus características físicas limitan el tamaño máximo de una ruptura.

Según el USGS, San Andrés podría generar terremotos de hasta alrededor de magnitud 8,3, mientras que un evento de magnitud 9 o superior resulta extremadamente improbable en esta falla.

Eso no resta gravedad al escenario. La escala de magnitud es logarítmica y un terremoto cercano a 8 liberaría una cantidad extraordinaria de energía.

La tensión aumenta, pero nadie sabe cuándo romperá

Esta es la verdadera situación de las fallas de California. La placa del Pacífico continúa desplazándose hacia el noroeste respecto a la placa Norteamericana y la deformación sigue acumulándose en aquellos segmentos que permanecen bloqueados.

El nuevo trabajo demuestra que el nivel de tensión alrededor de Cajon Pass merece especial vigilancia y que una futura ruptura podría tener mecanismos más complejos de lo que se pensaba.

Pero no existe ninguna alarma que anuncie un terremoto inminente.

El ‘Big One’ ocurrirá algún día porque las fallas siguen activas. Lo que la ciencia todavía no puede responder es cuándo. Esa incertidumbre es precisamente la razón por la que California diseña edificios, sistemas de alerta e infraestructuras pensando permanentemente en un terremoto que puede producirse dentro de décadas o comenzar mientras se lee esta frase.

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