Venezuela

Quién es Alejandro Betancourt, el bolichico de Chávez que une a Trump y Delcy

Alejandro Betancourt, empresario venezolano, investigado en España y Suiza, reaparece como una pieza clave del acuerdo que dará a EE UU el control sobre más de 65.000 millones de barriles

Alejandro Betancourt no es ministro ni diplomático. Ni falta que le hace para que su nombre aparece cada vez que se cruzan algunos de los grandes intereses de la nueva Venezuela. Petróleo, oro, dinero, Estados Unidos. Y ahora, además, 65.000 millones de barriles.

Hay una vieja entrevista que permite entender al personaje. En 2016 recibió a un periodista en el salón de su casa, en una zona noble de Madrid. Desayunaba tostadas con mermelada de frambuesa, tenía prisa y una agenda que su interlocutor comparó con la de un ministro. “No quiero figurar, llevo una vida discreta”, decía entonces.

1,5 millones de barriles de crudo al día

Diez años después sigue sin ser ministro, pero algunos políticos parecen necesitarlo. Donald Trump presentó el viernes el acuerdo alcanzado con el Gobierno de Delcy Rodríguez como “el mayor acuerdo petrolero de la historia”. Rodríguez puso el domingo números a la operación: 25 años de duración, 17 campos estratégicos, más de 1,5 millones de barriles diarios de producción prevista y unos 209.000 millones de dólares de ingresos estimados para Venezuela.

AME6857. CARACAS (VENEZUELA), 02/07/2026.- La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, habla durante una rueda de prensa este jueves, donde agradeció a los 147 países y a "los artistas internacionales, Bad Bunny entre otros, que enviaron ayuda” tras el doble terremoto, en Caracas (Venezuela). EFE/ Iván Cárdenas
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.
EFE

Y en mitad de semejante océano emerge Betancourt. Según ha revelado Financial Times, North American Blue Energy Partners (NABEP), la compañía vinculada al empresario, será el socio minoritario de la empresa mediante la cual Estados Unidos obtendrá el control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas venezolanas. La estructura contempla licencias y joint ventures sobre 17 campos petrolíferos. Los mismos 17 de los que habla Delcy.

Su cautiverio dorado

Durante casi ocho meses no pudo abandonar el Reino Unido. Sus pasaportes italiano y venezolano permanecían retenidos mientras se sucedían los procedimientos judiciales que le afectaban. Pero su manera de estar atrapado era bastante particular. Quien quisiera verlo tenía que acudir a una de sus residencias británicas. Una estaba en Chelsea; la otra, cerca de Oxford. Betancourt podía recorrer en helicóptero la distancia entre ambas.

Suiza había solicitado su extradición dentro de una investigación por presunto blanqueo y en 2025 fue detenido dos veces en Reino Unido. Primero por una orden española y después a petición de las autoridades helvéticas. Betancourt no ha sido condenado por los hechos investigados y ha negado cualquier irregularidad. En mayo, Suiza retiró la petición de extradición británica y se levantaron las restricciones de viaje, aunque la investigación helvética continuó abierta. Parecía el epílogo para uno de los millonarios nacidos al calor del chavismo, pero fue el inicio de otro capítulo.

“Nos vamos a comer a Ray-Ban”

Hijo de un músico y una diseñadora de joyas, Betancourt pertenece a una generación de jóvenes empresarios venezolanos bautizados como los bolichicos. Antes de cumplir los treinta, Derwick Associates, una compañía recién creada y sin experiencia previa, obtuvo al menos once contratos sin licitación por alrededor de 5.000 millones de dólares para construir plantas termoeléctricas durante la emergencia eléctrica decretada por Hugo Chávez.

Betancourt se hizo inmensamente rico. Hacia 2010 comenzó su desembarco en España. Se casó, adquirió propiedades y entró en negocios que poco tenían que ver, al menos en apariencia, con las centrales eléctricas venezolanas. Uno de ellos fue Hawkers. El hombre acostumbrado a codearse con grandes fortunas y apellidos ilustres podía sentarse a comer un menú del día en un polígono industrial de Elche con cinco jóvenes emprendedores de estética skater. Eran los fundadores de la marca de gafas que usaron las redes sociales como máquina de vender.

Él llegó liderando una ronda de financiación de 50 millones de euros y anunció sus intenciones sin excesiva modestia: “Nos vamos a comer a Ray-Ban”. Uno de los responsables de Hawkers diría después, entre risas, que Alejandro estaba “un poco loco”. Y no le faltaba razón. Betancourt puede pasar de los contratistas de Chávez a unos veinteañeros de Elche, de la alta sociedad madrileña a los petroleros venezolanos y de estos a los despachos de Washington. Esa facilidad para relacionarse contrasta con un círculo íntimo muy reducido, ni siquiera una docena de personas.

El multimillonario útil

Los problemas judiciales no le apartado del negocio internacional. The Washington Post reveló esta semana que altos funcionarios de la Administración Trump intervinieron ante las autoridades suizas para interceder por Betancourt, su interlocutor útil para Washington en Venezuela. Según el periódico, las autoridades helvéticas habían pedido además al Departamento de Justicia estadounidense que lo detuviera si entraba en Estados Unidos.

En junio, un alto funcionario del Departamento de Estado solicitó al consulado estadounidense en Londres que le concediera un visado de entradas múltiples durante un año. ¿Por qué tenía Washington semejante interés en este multimillonario venezolano? Betancourt conocía desde dentro el petróleo venezolano. Había participado en Petrozamora, una compañía con presencia del Estado y socios rusos que llegó a convertirse en una importante operación de extracción.

Su relación con el Gobierno de Maduro terminó rompiéndose, pero en 2023 regresó a Caracas. Participó en una reunión con representantes de la industria petrolera y, según The Washington Post, cuando terminó el encuentro Delcy Rodríguez quiso hablar con él a solas. Betancourt aportaría conocimiento del sector y se mantendría alejado de la política; a cambio obtendría garantías de seguridad y la posibilidad de participar nuevamente en el petróleo.

Petrozamora terminaría convertida en NABEP. Y Betancourt volvió a empezar. La compañía pasó, según las informaciones publicadas en Estados Unidos, de producir alrededor de 18.000 barriles diarios a acercarse a los 200.000 en dos años, hasta convertirse en el segundo mayor productor privado venezolano.

Imagen de barriles de petróleo.
shutterstock

Cuando la Administración Trump comenzó a diseñar el futuro de la industria venezolana, encontró en Betancourt el hombre que conocía Caracas y también Washington. Y en ambos le cogían el teléfono. Habló directamente con Delcy antes incluso de que lo hiciera el secretario de Estado, Marco Rubio.

El joven que había hecho fortuna con contratos durante el chavismo de repente era uno de los hombres útiles para los Estados Unidos de Donald Trump a la hora de hacer negocios en la Venezuela posterior a Maduro. Quedan muchas incógnitas. Décadas de falta de inversión, deterioro de infraestructuras, sanciones y mala gestión han dejado la industria petrolera muy lejos de su potencial. Lo que es indiscutible es que el acuerdo coloca a este hombre que se hizo millonario en la Venezuela de Chávez en el corazón del nuevo reparto del petróleo venezolano. Betancourt representa bien la Venezuela que está naciendo.

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