La estrategia en redes sociales del nuevo jefe de Gobierno británico ha desatado una pugna abierta entre su equipo digital y los analistas de Downing Street, quienes cuestionan si el tono informal, repleto de referencias futbolísticas y anécdotas de pub, cruza la línea hacia un exceso de testosterona política.
Desde su llegada al poder, Andy Burnham ha intentado transformar radicalmente la imagen pública del laborismo. Consciente de la imperiosa necesidad de contrarrestar el influjo digital de formaciones populistas competidoras como Reform UK, el mandatario ha apostado decididamente por TikTok, X e Instagram. Lejos de los rígidos y encorsetados discursos institucionales que caracterizaron a su predecesor, Keir Starmer, la actual administración ha optado por una narrativa más desinhibida.
El punto de inflexión que encendió todas las alarmas en el núcleo gubernamental fue un vídeo viral en el que el propio Burnham y el canciller John Healey se dedicaban a calificar y puntuar aperitivos típicos de los bares británicos, una iniciativa ideada original y estratégicamente para promocionar recortes en las tasas comerciales locales. El vídeo cuenta con millones de reproducciones, desatando una marea de reacciones. Mientras sus partidarios aplaudían una cercanía insólita en un mandatario, los detractores y ciertos asesores internos tildaron el ejercicio de ‘payasada’ y manifestaron su preocupación por una deriva excesivamente varonil y vulgar.
Las críticas apuntaron de inmediato a los códigos de la denominada cultura de taberna británica (pub culture y blokeishness). Diversos sectores y analistas señalaron que centrar la agenda oficial en debates sobre cervezas, fútbol y aperitivos de bar perpetúa un estereotipo hipermasculino y excluyente, con su camaradería de vestuario o de barra de bar que aliena a una parte considerable del electorado -especialmente a las mujeres y a otros tantos votantes de corte progresista-. Para los detractores de esta línea, emular los clichés más tradicionales del hombre británico de clase trabajadora refuerza un sesgo de género rancio que choca con las aspiraciones de modernidad e inclusión que el Partido Laborista dice representar.
La polémica
La tensión actual refleja una disyuntiva clásica de la comunicación política contemporánea: ¿hasta qué punto debe un líder rebajar el tono formal para conectar con audiencias jóvenes inmersas en la cultura del meme? Los estrategas digitales del Ejecutivo defienden que la frescura de Burnham es clave para rescatar a sectores del electorado tradicionalmente desencantados con la política convencional. Argumentan que la autenticidad no resta valor a la gestión gubernamental, sino que humaniza la figura del primer ministro en un escenario donde la personalidad cotiza al alza.
Sin embargo, las críticas no se han hecho esperar. Figuras de la oposición y usuarios en las redes sociales han tachado la faceta más campechana del primer ministro de insoportable o carente de la sobriedad requerida para la máxima magistratura del país.
Para consolidar este modelo de comunicación, la Oficina del Gabinete proyecta reclutar a decenas de expertos en comunicación digital y creadores de contenido, con el objetivo explícito de canalizar la agenda del Ejecutivo hacia nuevos públicos.
No obstante, la euforia virtual será volátil si las políticas económicas, la mejora de los niveles de vida y la optimización de los servicios públicos no respaldan el optimismo proyectado en las pantalla.

