La entrada de Suecia en la OTAN no ha sido el punto final de la transformación de su política de seguridad. Después de abandonar una tradición de cerca de dos siglos de no alineamiento militar, Estocolmo está ahora reorganizando también la forma en la que obtiene y analiza información sobre las amenazas que llegan desde fuera de sus fronteras. El próximo paso será contar con una nueva agencia civil de inteligencia exterior comparable al MI6 británico.
El organismo llevará las siglas UND (Utrikesunderrättelsetjänst) y, si se cumplen los plazos previstos, comenzará a trabajar en enero de 2027. El Parlamento deberá dar luz verde a la reforma, cuya votación está prevista para este 13 de agosto, apenas unas semanas antes de las elecciones generales de septiembre.
Su nacimiento responde a un escenario de seguridad muy diferente al que Suecia conocía hace apenas cinco años. La invasión rusa de Ucrania, el deterioro de las relaciones con Moscú y las nuevas obligaciones derivadas de la pertenencia a la OTAN han llevado al Gobierno a considerar insuficiente la actual distribución de competencias entre sus organismos de inteligencia.
La ministra de Exteriores, Maria Malmer Stenergard, resumió el cambio de prioridades al presentar el proyecto. La guerra, sostuvo, ha demostrado que la ventaja informativa y la capacidad para reaccionar ante cambios tecnológicos pueden ser “tan cruciales como los sistemas de armas avanzados”.

El fallo que dejó una lección en Estocolmo
Pero detrás de la reorganización también existe un episodio incómodo para la inteligencia sueca. Antes de que las tropas rusas entraran en Ucrania en febrero de 2022, los servicios estadounidenses y británicos alertaron de que Vladimir Putin preparaba una invasión a gran escala. En varias capitales europeas hubo dudas sobre esas advertencias.
Suecia estuvo entre ellas.
El MUST, la inteligencia militar del país, conocía en profundidad las capacidades de las Fuerzas Armadas rusas, pero sus responsables no consideraron probable que el Kremlin asumiera los enormes riesgos de una guerra abierta. El problema, según el análisis realizado posteriormente, no estuvo tanto en observar lo que Rusia podía hacer como en interpretar qué estaba dispuesta a hacer su dirección política.
Ese vacío es precisamente uno de los que pretende cubrir el UND. Carl Bildt, ex primer ministro y encargado de revisar el sistema sueco de inteligencia, señaló que el país era “muy bueno siguiendo los acontecimientos militares sobre el terreno”, pero tenía mayores dificultades para comprender “la política de Rusia y hacia dónde se dirigía”.
El nuevo servicio tendrá carácter civil y asumirá algunas funciones que hasta ahora correspondían al MUST, incluidas competencias relacionadas con operaciones y agentes en el extranjero. Deberá trabajar además con las Fuerzas Armadas, el servicio de seguridad interior SAPO y el organismo responsable de la inteligencia de señales, el FRA.

Una seguridad pensada para la nueva Suecia
La creación del UND se suma a una transformación mucho más amplia. Suecia solicitó su adhesión a la OTAN en 2022 y se convirtió en miembro de pleno derecho en 2024. Ahora destina aproximadamente el 2,8% de su PIB a Defensa y pretende elevar ese porcentaje hasta el 3,5% en 2030.
El país también ha incrementado su implicación en la seguridad europea y su apoyo a Ucrania, al tiempo que recupera estructuras de defensa civil que durante décadas habían perdido protagonismo.
El debate trasciende, además, las fronteras suecas. La posibilidad de que Europa tenga que asumir una mayor responsabilidad sobre su propia seguridad está llevando a otros gobiernos a revisar sus capacidades de inteligencia. Alemania estudia cambios para facilitar el trabajo del BND, mientras en varios países se discute cómo aumentar el intercambio de información entre socios europeos y reducir la dependencia de Estados Unidos.
Incluso ha aparecido la idea de desarrollar mecanismos inspirados en Five Eyes, la histórica red de inteligencia formada por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Construir algo semejante en Europa presenta enormes dificultades por el grado de confianza que exige compartir información especialmente sensible.
Suecia, de momento, ha optado por empezar reformando su propia casa. Para Bildt, la decisión no llega precisamente pronto: “Creo que debería haberse hecho hace diez años”.

