La cifra de fallecidos por el doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela el pasado miércoles asciende a 1.943, mientras que los heridos suman 10.571, según informó este martes el presidente del Parlamento venezolano, Jorge Rodríguez. Asimismo, precisó que 6.461 personas han sido rescatadas hasta el momento, y que entre 13.400 y 13.500 lograron salir por sus propios medios o con ayuda de familiares en los primeros momentos de la emergencia.
Rodríguez detalló que 855 edificios sufrieron daños en el país, de los cuales 189 colapsaron por completo. En las zonas más golpeadas por los temblores, Caraballeda y Catia La Mar, en el estado La Guaira, se estima que había unas 30.000 personas entre residentes y visitantes cuando ocurrió el sismo.
Desde el miércoles se han contabilizado 689 réplicas, según el balance del Parlamento. El terremoto es ya el más letal que ha sufrido Venezuela en el último siglo, por encima del sismo de 1967 cerca de Caracas, que dejó 245 muertos. Una evaluación preliminar de la NASA, realizada a partir de imágenes satelitales, calcula que el movimiento telúrico pudo dañar o destruir cerca de 58.870 edificaciones en toda la región afectada, que incluye Caracas y otros seis estados del norte del país.
34 segundos de “terror”
En medio de ese balance, las siguen relatando a Artículo14 cómo vivieron los segundos en los que la tierra tembló. Es el caso de María José, quien se encontraba junto a su hija, en una farmacia de Caracas cuando comenzó el sismo. Según describió, el local es una estructura moderna, construida casi enteramente de vidrio, con un techo de hierro en forma de triángulo, y ya arrastraba antes del terremoto problemas frecuentes de rotura de tuberías de agua.
María José contó que, al notar que el piso se movía, sintió pánico y terror, y reaccionó tomando a su hija del brazo para correr hacia la salida. Las puertas automáticas del local se abrían y cerraban con el movimiento de la estructura mientras los productos de los estantes caían al suelo. Al lograr salir, quedó situada justo debajo de la estructura de hierro del techo, que también oscilaba, lo que la hizo entrar de nuevo en pánico. Después continuó corriendo hacia la calle, una zona que, según explicó, ya arrastraba antecedentes de derrumbes y explosiones por fugas de agua.

La mujer resumió así esos primeros instantes del sismo: “esos fueron 34 segundos de terror donde podía ver a todo el mundo corriendo y desesperado por ponerse en un sitio seguro”.
Uno de los momentos que más impactó a María José, según relató, fue darse cuenta después del temblor de que no había estado sola con su hija en el establecimiento, sino acompañada también de tres amigos de la joven. En medio del pánico, sin embargo, no logró recordar con quién más se encontraba.
“Uno protege a la persona que más quiere en un momento de eso”, reflexionó, y explicó que en ese instante no recordó con quién estaba, que solo quería proteger a su hija. Solo después de que pasara el movimiento telúrico logró recordar que otras tres personas, muy cercanas a ella, también se encontraban en el lugar y, afortunadamente, salieron ilesas.
El miedo que persiste una semana después
Ya cumplida una semana del terremoto, María José aseguró que el temor no ha desaparecido. Según relató, todos los días se levanta con miedo y con temor, y no quiere separarse de su hija. Describió que las réplicas se han sucedido de forma constante, al punto de que en ocasiones resulta difícil distinguir si realmente está temblando o si se trata de una sensación.
María José también hizo referencia a las personas de su entorno que atraviesan situaciones más difíciles. “Aún hay mucha gente desaparecida“, y recuerda a los fallecidos a raíz del sismo, frente a lo cual dijo sentirse agradecida de que su propia familia no haya sufrido pérdidas. Aun así, reconoció que la incertidumbre sobre un posible nuevo episodio sísmico continúa presente. “Prefiero estar al lado de mi hija”, concluyó.

