Natalia Fernández Díazgranados, una ingeniera mecánica de 34 años, falleció luego de permanecer atrapada bajo los escombros del complejo turístico La Mar Suite, en Tucacas, estado Falcón, tras los fuertes terremotos que sacudieron territorio venezolano el pasado 24 de junio.
La emergencia, causada por los dos sismos de gran magnitud, dejó severos daños en distintas regiones del país y provocó el colapso de varias edificaciones. Uno de los casos que más llamó la atención fue el del condominio donde se hospedaba Natalia junto a su esposo, Miguel, y su hija, quienes habían viajado para disfrutar unos días de descanso después de que la mujer superara un complejo proceso médico.
De acuerdo con el relato de sus familiares, el esposo y la menor habían salido del apartamento pocos minutos antes del primer movimiento telúrico, lo que terminó salvándoles la vida. Natalia, en cambio, permanecía dentro del inmueble cuando la estructura cedió y quedó sepultada entre los restos del edificio.
Durante varios días, sus allegados mantuvieron la esperanza de encontrarla con vida. Alicia Peñaranda, prima de la víctima, hizo un llamado público para que se reforzaran las labores de rescate con equipos especializados, al advertir que el estado de salud de Natalia hacía aún más urgente cualquier intervención.

La mujer había recibido un trasplante de riñón aproximadamente un año antes, gracias a la donación realizada por una de sus hermanas, por lo que dependía de medicamentos inmunosupresores y de un seguimiento médico permanente. Esa condición convirtió el paso de las horas en un factor crítico para su supervivencia.
Mientras el esposo de Natalia permanecía colaborando con las labores de búsqueda, la hija de la pareja fue trasladada a un centro asistencial debido a las lesiones faciales que sufrió durante la emergencia. Desde Santa Marta, ciudad donde nació la ingeniera, y desde España, país donde residía desde hace varios años, familiares y amigos impulsaron una campaña para solicitar apoyo internacional que permitiera acelerar las operaciones de rescate.
Según explicó Alicia Peñaranda en repetidas ocasiones, las autoridades habían logrado establecer el lugar donde permanecía atrapada Natalia, pero las dificultades logísticas y el nivel de destrucción complicaban el acceso al punto donde se encontraba.
La familia también confirmó que la Cancillería colombiana tenía conocimiento del caso y que funcionarios consulares acompañaban la situación. Sin embargo, insistieron en la necesidad de contar con mayor tecnología y personal especializado para remover los escombros en el menor tiempo posible.
Las solicitudes de ayuda se multiplicaron en redes sociales durante los días posteriores al desastre. El mensaje era claro: cada minuto podía marcar la diferencia, no solo para Natalia, sino también para otras personas que seguían desaparecidas bajo las estructuras colapsadas en diferentes sectores del estado Falcón.
No obstante, la esperanza terminó apagándose. Después de más de 90 horas de labores ininterrumpidas, el gobernador de Falcón, Víctor Clark Boscán, confirmó que los equipos de búsqueda recuperaron doce cuerpos sin vida en el conjunto residencial La Mar Suite y anunciaron el cierre del operativo en ese edificio. Entre las víctimas figuraba Natalia, la única ciudadana colombiana identificada en ese lugar.
El funcionario destacó que en las labores participaron más de 1.500 voluntarios y 642 integrantes de organismos especializados, quienes trabajaron de manera continua con la expectativa de encontrar sobrevivientes.

