Opinión

Maldito epitafio

De los 193 edificios que formaban parte de la Gran Misión Vivienda Venezuela que ideó Chávez y continuó Maduro como solución habitacional para muchos venezolanos de bajos recursos, sólo 3 han quedado en pie

AME5338. LA GUAIRA (VENEZUELA), 27/06/2026.- Rescatistas participan en labores de búsqueda en un edificio afectado por un terremoto, este sábado en La Guaira (Venezuela). EFE/ Henry Chirinos
Rescatistas participan en labores de búsqueda en un edificio afectado por un terremoto, este sábado en La Guaira (Venezuela).
EFE/ Henry Chirinos

Es muy difícil describir el horror con palabras porque todas se quedan cortas, pequeñas, enanas, diminutas… Simplemente no hay palabras para describir los días que está viviendo Venezuela y los que le quedan por vivir. Esta vez no ha sido la mano del hombre, esa que lleva más de 25 años ensañándose con el “bravo pueblo”. Esta vez ha sido ha sido directamente la tierra la que los ha sacudido hasta agrietarse en una herida mortal.

A estas horas son 1450 el número de muertos y 3200 los heridos. Aún quedan muchos desaparecidos, 131 de ellos españoles según el Ministerio de Exteriores. Han pasado 4 días desde que, a media tarde de un feriado día de San Juan, dos temblores seguidos de 7.2 y 7.5 rompieron la serenidad de tantas viviendas y vidas a los que nos estamos asomando estos días. Cientos de cámaras en casas, en móviles, en edificios nos hacen ser testigos como nunca antes de cómo y dónde te pilla un terremoto. Hemos bajado la escalera con un vecino que mostraba como el edificio se iba deshaciendo a su paso y cada planta inferior era un destrozo mayor en segundos, hemos visto a un anciano desconcertado ante el primer sismo y que acabó protegiendo con su cuerpo a su esposa en silla de ruedas mientras ella le decía “tengo miedo, no te vayas”, hemos visto el mismo instinto protector en ese hermano de cuatro o cinco años sobre una bebé de uno a la que sacó volando de su casa con el bibe en mano, hemos visto miles de reacciones heroicas en décimas de segundos de un pueblo que lleva 30 años sin dejar de temblar y reaccionar.

AME4476. CARACAS (VENEZUELA), 25/06/2026.- Rescatistas y voluntarios buscan víctimas en una vivienda afectada por los terremotos este jueves, en el municipio Libertador en el este de Caracas (Venezuela). Los dos terremotos que sacudieron el miércoles la costa norte de Venezuela dejaron al menos 188 fallecidos y más de 1500 heridos. EFE/ Boris Vergara
Rescatistas y voluntarios buscan víctimas en una vivienda afectada por los terremotos este jueves, en el municipio Libertador en el este de Caracas (Venezuela).
EFE

En menos de 5 minutos se desplomaron más de 250 edificios como si fuesen castillos de arena, montañas de ahorros de toda una vida reducidas a escombros. Y la desolación. Y el dolor. Ese padre y marido de La Guaira que se sabe a salvo y, a la vez, es consciente de que acaba de perder a su mujer y sus dos hijas de 5 y 9 años y se quiere morir… “mi familia quedó allá, no hay nada que recuperar… solo queda la resignación”, esa ternura de Mateo que, recién arrancado de entre los cascotes, cuenta que es el único superviviente de su familia porque su mamá dejó de respirar “ayer a las 7.30h” precisa. Por eso no hay tiempo que perder, cada segundo sepultado cuenta. Y ahí es donde el dolor se encuentra con la impotencia de saber que hay manos, pero no hay medios. Hay hombres, pero no hay máquinas. En la era de la inteligencia artificial, acosados por el miedo a la tecnología, ni un aviso previo, ni un rescate a tiempo. Hace años que Venezuela colapsó, de la misma forma que ahora han colapsado algunos de sus edificios. Muchas de sus instituciones cayeron a plomo, como el sistema judicial o el Estado de derecho, y otras a trozos como PDVSA, el sistema sanitario o el educativo. Así es como ocurre siempre, golpe a golpe, pieza a pieza. Sin prisa, pero sin pausa. Hasta el colapso total.

Por eso nadie puede hacerse ahora el sorprendido. No. No hay rescatistas, ni bomberos especializados, ni equipos caninos de búsqueda, ni personal de logística, ni de emergencias en Venezuela. No hay de nada porque lo han robado casi todo. Queda el bravo pueblo, los venezolanos dispuestos a darlo todo una vez más. Por no tener, no tienen ni un gobierno legítimo y, quien lo ocupa, se atrevió a pronunciar como primeras palabras un vergonzante “activamos la red de salud pública del país para la atención de los heridos”. ¿Cómo se activa de forma urgente una sanidad pública que lleva más de 20 años quebrada y destrozada? Una red donde los médicos huyeron en busca de mejor vida y los pacientes son obligados que llevar sus propios insumos, desde las gasas y vías a los medicamentos para ser tratados. “Los servicios públicos mantienen su actividad”, prosiguió. Nadie sabe a qué servicios se refiere. Mucho menos su actividad. Lo más grave lo reservó para el final. “Para los que sufrieron la pérdida de algún familiar, extendemos nuestras condolencias”. Así. Como lo oyen, extendió condolencias como quien extiende un cheque. Que incapacidad. Ni en los peores momentos. Eso sí, nadie puede hacerse ahora el sorprendido. Tampoco en esto. Sabemos quienes son y lo que han hecho. No es verdad que si esta gestión del desastre la hace bien, podrá legitimarse. No ocurrirá. Nunca ha ocurrido. Nunca han hecho nada bien. De hecho, de los 193 edificios que formaban parte de la Gran Misión Vivienda Venezuela que ideó Chávez y continuó Maduro como solución habitacional para muchos venezolanos de bajos recursos, sólo 3 han quedado en pie. La mayoría colapsaron. Maldito epitafio.

TAGS DE ESTA NOTICIA