Carmela y Noelia, las policías que viajaban en el Iryo y ayudaron a salvar vidas: “Nos daban las gracias por no dejarles solos”

Noelia y Carmela llevan años trabajando juntas y han desarrollado esa extraña complicidad que solo tienen quienes han compartido viajes, malos días y conversaciones interminables de carretera. Se completan y, cuando una duda al recordar lo vivido en el accidente...

Accidente de trenes en Urda
Accidente de trenes en Urda
Europa Press

Noelia y Carmela llevan años trabajando juntas y han desarrollado esa extraña complicidad que solo tienen quienes han compartido viajes, malos días y conversaciones interminables de carretera. Se completan y, cuando una duda al recordar lo vivido en el accidente de Urda, la otra aparece para rellenar el hueco. Psicóloga -Noelía- y Facultativa de la rama jurídica -Carmela-, ambas pertenecen a la Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM) de la Policía Nacional, una especialidad acostumbrada a convivir con relatos de violencia, miedo y sufrimiento. Su trabajo consiste en escuchar, acompañar, estar; en permanecer ahí cuando todo parece venirse abajo. Ahora son ellas quienes se apoyan la una en la otra para asimilar lo que han vivido. “Gracias a que nos ha pasado juntas, lo estamos llevando mucho mejor”, reconocen. “A veces nos ponemos la coraza, pero muchos ratos también nos hundimos”. Aunque “estamos acostumbradas a trabajar en situaciones de riesgo, nadie está preparado para vivir algo de esta magnitud”, aseguran a Artículo 14. 

El 28 de octubre viajaban juntas en el coche 6 del Iryo, rumbo a Ciudad Real. Iban a participar en una jornada organizada por la Unidad de Violencia sobre la Mujer para policías, guardias civiles y agentes de Policía Local. Hablarían de mujeres con discapacidad víctimas de violencia de género, de vulnerabilidad, de escucha y de acompañamiento, pero el accidente de Urda hizo que aquella lección no llegara al aula.

URDA (TOLEDO), 28/10/2026.- Servicios de emergencia y miembros de la Guardia Civil trabajan en el lugar del accidente de dos trenes de alta velocidad, uno de Renfe y otro de Iryo, que han colisionado a primera hora de este miércoles a la altura de la estación de Urda (Toledo), donde hay al menos 64 fallecidos. EFE/ Chema Moya
Servicios de emergencia y miembros de la Guardia Civil trabajando en el lugar del accidente.
EFE/ Chema Moya

Días después, cuando rebuscan en la memoria de aquella mañana, lo primero que aparece no son los golpes ni el ruido, sino las personas. Hablan de Rafael, uno de los heridos con el que permanecieron durante horas; de una joven con una brecha en la frente; de los trabajadores del campo que corrieron hacia las vías con cizallas para abrir las vallas, de los compañeros de la UFAM que acudieron a recogerlas, de los vecinos de Urda; de los sanitarios; de la Guardia Civil, de los bomberos, de la UME… Hablan de la cantidad de personas que aparecieron para ayudar sin preguntarse antes a quién. “Lo que más nos ha impresionado es la gente. Hay una calidad humana de la que todos los españoles deberíamos sentirnos muy orgullosos”. 

El impacto

El recuerdo de aquellos primeros segundos todavía se les entrecorta. Todo sucedió de forma brusca y violenta. Hasta entonces, el viaje transcurría con normalidad. “Íbamos hablando tranquilamente de nuestras cosas”, recuerda Noelia. Solo hubo un instante previo que Carmela conserva en la memoria. El tren permaneció detenido más tiempo de lo habitual. “A mí no me gusta cuando para mucho rato”, subraya. 

Entonces llegó el impacto. Primero, un golpe seco. Después, varios movimientos de menor intensidad que parecieron prolongarse durante una eternidad. Como si el tren encadenara frenazos violentos que empujaban a los pasajeros hacia delante sin posibilidad de reaccionar. Las maletas comenzaron a desprenderse de los compartimentos y a caer sobre los asientos. Nadie entendía todavía qué estaba ocurriendo.

URDA (TOLEDO), 28/10/2026.- Servicios de emergencia y miembros de la Guardia Civil trabajan en el lugar del accidente de dos trenes de alta velocidad, uno de Renfe y otro de Iryo, que han colisionado a primera hora de este miércoles a la altura de la estación de Urda (Toledo), donde hay al menos 64 fallecidos. EFE/ Chema Moya
Miembros de la Guardia Civil en el lugar del accidente.
EFE/ Chema Moya

Carmela, que viajaba en el asiento del pasillo, salió despedida y dio una vuelta de campana antes de caer de espaldas en el corredor. “Yo no recuerdo eso, me lo contó Noelia”. Consiguió agarrarse a los asientos de ambos lados para mantenerse sujeta, sin saber si aquello había terminado o si todavía podían producirse nuevos movimientos. Noelia, junto a la ventanilla, permaneció en su asiento. Al mirar a su compañera vio que tenía sangre en la cara y pensó que estaba herida, pero no era suya. Procedía de un pasajero que viajaba a su lado y que, tras golpearse violentamente, parecía haberse fracturado la nariz clavándose las gafas.

Cuando los impactos cesaron, pudieron incorporarse. Lo primero fue comprobar que ambas estaban conscientes y podían moverse. Tenían algunos golpes, pero todavía no alcanzaban a comprender la dimensión de lo que acababa de suceder.

Su reacción fue inmediata. Empezaron a preguntar a los pasajeros más próximos si se encontraban bien. Atendieron a aquel hombre y a una joven que tenía una herida. La tranquilizaron y trataron de restar importancia a la sangre, que hacía que la herida pareciera mucho más aparatosа de lo que era. Después, su prioridad fue sacar a todos del tren y alcanzar un lugar seguro. El convoy había quedado detenido en una zona elevada y el descenso no era sencillo. Tampoco sabían si podía haber más movimientos. 

“Los teléfonos ardían”

Se identificaron como policías cuando vieron que algunos viajeros intentaban recuperar sus maletas. Les pidieron que dejaran atrás sus pertenencias y que bajaran de forma ordenada. Ayudaron especialmente a quienes tenían más dificultades para desplazarse. Fuera, los trabajadores del campo que se encontraban junto a las vías ya habían comenzado a cortar las vallas. “Aquella ayuda fue inmediata y decisiva” para facilitar la salida de los pasajeros.

Al identificarse, sintieron también que los demás esperaban algo de ellas. “Te miran como alguien que puede y que debe ayudar. Y ya tú misma, con la adrenalina de lo ocurrido, te pones en acción con eso”, apuntan.

Aún no sabían qué había ocurrido ni hasta dónde llegaba la tragedia. Llamaron a sus familias, al responsable de la UFAM Central y a la responsable de la Unidad de Violencia sobre la Mujer de Ciudad Real, que les esperaban, para comunicarles que el tren había sufrido un accidente y que ellas estaban bien. Después siguieron ayudando a evacuar a los viajeros de los vagones contiguos y los fueron dirigiendo hacia una explanada para mantenerlos agrupados.

Durante los primeros minutos los móviles no dejaron de sonar. “Los teléfonos ardían”, resume Carmela. Más tarde llegarían los problemas de cobertura y las comunicaciones empezarían a colapsarse, pero durante aquellos instantes cada llamada perseguía la misma certeza, el escuchar una voz conocida pronunciando un: “Estoy bien”.

Carmela se quedó con quienes tenían más dificultades para caminar. Noelia avanzó hacia la zona de los vagones más afectados. Sin haber tenido tiempo apenas para asimilar lo que acababan de vivir, cada una encontró una manera de ayudar. Mientras tanto, las horas transcurrían sin que apenas fueran conscientes de ello. Cuando volvieron a mirar el reloj, habían pasado tres horas y media desde el accidente. A ellas les pareció que solo habían transcurrido diez o quince minutos. “No fuimos muy conscientes del paso del tiempo”.

Accidente de tren en Toledo
Fotografía facilitada por la Guardia Civil que muestra la vista aérea del accidente de Urda, Toledo.
Efe

En aquellos primeros momentos, antes de que el despliegue de emergencias estuviera completamente operativo, la ayuda llegó de muchos lugares distintos. No había demasiadas personas prestando asistencia, por lo que quienes estaban colaborando terminaron reconociéndose entre sí. Recuerdan especialmente a una responsable de Prosegur, Sonia, que participó activamente en la atención a los pasajeros, a José Luis, agente de la Policía que terminaba su turno y volvía a Sevilla y a un padre y su hijo franceses que no dudaron en echar una mano desde el primer momento. “Al final nos veíamos las caras constantemente porque no éramos tantos”. 

Hubo muchas personas y situaciones que las marcaron aquel día. Sin embargo, ambas coinciden en algo que no esperaban: les sorprendió cuánto agradecían los pasajeros que alguien se acercara a preguntarles cómo estaban. No tanto una cura o una solución inmediata, sino una presencia. “En aquellos momentos, sentirse acompañado era muy importante”, destacan.

Accidente de tren en Toledo
Imagen de los pasajeros del accidente ferroviario entre Los Yébenes y Urda (Toledo).
Artículo14

La asistencia que salvó vidas

Entre todos los rostros de aquella mañana hay uno que sigue apareciendo en la conversación: Rafael. Noelia se quedó junto a él en los primeros momentos, mientras llegaban los sanitarios. Tenía una herida abierta en una pierna y, tras una primera valoración, le intentó contener la hemorragia con un torniquete. Después comenzó una espera que se hizo larga. Noelia permaneció a su lado intentando que no perdiera la consciencia. Hablaron de su familia, de su trabajo y de asuntos cotidianos. También contactó con sus familiares y con su jefe para informarles de la situación. A pocos metros, Carmela atendía a otros heridos, aunque ambas mantenían un contacto visual constante para comprobar si la otra necesitaba ayuda.

En un momento dado, Noelia necesitó más material para seguir asistiendo a Rafael. Carmela consiguió gasas y suero y regresó hasta donde estaban. Fue entonces cuando intercambiaron unas palabras que ambas siguen recordando. Al saber que ella también se llamaba Carmela, igual que su mujer, Rafael se emocionó. “Nos dio las gracias por no dejarle solo”. Desde aquel día siguen pendientes de su evolución a través de la familia. Las noticias, cuentan, han sido esperanzadoras.

Carmela también conserva un recuerdo especial de otra pareja que permaneció entre los evacuados durante horas. Él padecía diabetes, problemas de tensión arterial y dificultades respiratorias. Ella procuró que ambos recibieran atención médica y permaneció pendiente de ellos mientras aguardaban asistencia. “Me buscaban y me llamaban por mi nombre cuando necesitaban algo”.

En aquella situación, además, contaron con algo que para ellas fue especialmente importante: “El hecho de estar juntas en ese momento tan crítico nos ayudó a poder gestionar la situación con la mayor serenidad posible”. Después del accidente, la Dirección General de la Policía también se volcó con ellas desde el primer momento y les ofreció los servicios psicosociales, con los que ya han mantenido una primera sesión.

Aquellas situaciones terminaron dejándoles una reflexión que va más allá del accidente. En medio de la incertidumbre, cuando nadie sabe exactamente qué va a ocurrir y las respuestas son escasas, la necesidad más urgente no siempre es una explicación. A veces basta con saber que alguien está ahí.

Muchos de los agentes que ocupaban las sillas de aquellas jornadas a la que Noelia y Carmela acudían como ponentes salieron apresuradamente hacia el lugar del accidente y terminaron formando parte del dispositivo desplegado en Urda. La emergencia vació la sala. “Luego nos dijeron: ¡Éramos vuestros alumnos!”. 

“Queremos trasladar nuestro más sentido pésame a los familiares y allegados de las personas fallecidas, y expresar nuestra solidaridad con todas las víctimas del accidente y con sus familias”, apuntan ambas agentes. También destacan el trabajo de todos los profesionales que participaron en el dispositivo de emergencia y de todos los vecinos que se acercaron a ayudar de forma espontánea. “Su labor fue fundamental”. 

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