Se le atribuye al poeta Aulo Persio Flaco un aforismo que Cela convirtió en lema personal y que Raúl del Pozo detestaba por tópico: “Qui resistit, vincit”. O sea, quien resiste, gana. Bien podría la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil seguir el ejemplo del Nobel –de Literatura, se entiende; cuando un periodista le preguntó si le sorprendió la concesión del galardón, el escritor le respondió: “¡Muchísimo! Sobre todo, porque me esperaba el Premio Nobel de Física”–. Porque antes de la invasión de Ceuta, que casi nos remite al 711; del desahucio de Maricarmen Abascal, que nos queda como en la Revolución Industrial; del accidente ferroviario de Urda e, incluso, del de Adamuz, el órgano central del servicio de Policía Judicial de la Benemérita estaba ahí, y, al igual que el dinosaurio de Monterroso, como un flemón para el Gobierno de Sánchez y sus enanitos políticos y mediáticos –qué vergüencita ajena dan algunas plañideras turiferarias de Puente, por cierto–, ahí sigue.
El presidente y su corte surfean sobre la sobrecarga informativa como Garrett McNamara sobre olas de veintitrés metros. Conocen la teoría del ciclo de atención pública de Anthony Downs y el concepto de “economía de la atención” de Herbert Alexander Simon: los episodios acaban caducando, y el exceso de información devora la atención de sus destinatarios. En 2017, Steve Bannon utilizó la expresión flood the zone, “inundar la zona”: a mayor número de anuncios, medidas y decisiones, menor capacidad de digestión y de respuesta.
En España, a lo largo de la XV Legislatura, han convergido un turbión de acontecimientos de diferente naturaleza y un Gobierno que, cuando le han venido mal dadas, le ha echado más arroz a la paella tirando de filtraciones, bulos y melodramas. Así, por ejemplo, el intercambio de mensajes de wasap entre Sánchez y Puente con motivo de la dimisión del segundo –mensajes que, sin el concurso del uno o del otro, jamás habrían salido a la luz– se traduce en un culebrón mediático utilísimo para el Ejecutivo: mientras las sesenta y nueve víctimas mortales del accidente de Urda quedan escoradas en la parrilla informativa, refulgen el marujeo, el cálculo electoral y los libelos y las hagiografías de Carlos Cuerpo, sustituto y presunta antítesis del exalcalde de Valladolid.
Contra los dinamiteros de la memoria, la UCO se revela como un DeMemory guadianesco, pero implacable y persistente; como ese chiquillo que, amparado en la ley –Dura lex, sed lex–, se rebela contra quienes, desde los partidos implicados, las instituciones conquistadas y los medios serviles, consagráronse para negar la desnudez del emperador. Este jueves, los agentes detuvieron al exchófer de Sánchez, Cristian Corvillo, interrogaron a la pareja del recluso Ábalos, Andrea de la Torre, requisaron en Adif contratos de la alta velocidad y realizaron varios registros en Madrid, Valencia –incluida la vivienda del exministro de Transportes–, Sevilla y Córdoba. Todo ello, por cortesía del juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, en el marco del caso Koldo. En cuanto se supo la noticia, para torcerle el brazo a la amnesia resultante de la sobrecarga informativa –”¡Ah, ya me acueeerdo!”–, afloraron el caso Cerdán, el de la presunta financiación irregular del PSOE, el de Begoña Gómez, el de David Sánchez, el de Leire Latre y las cloacas, y el caso Hidrocarburos, y el de la SEPI, y el Plus Ultra, y, ya puestos, hasta el del fiscal condenado, Álvaro García Ortiz, que calienta para el indulto. A veinticuatro días de las generales. Con un punto evangélico: el cielo y la tierra pasarán, pero la UCO no pasará.

