El debate público de la España actual me produce un profundo hastío, una enorme pereza intelectual. Por eso, cada columna que escribo que se aparta radicalmente del mainstream nacional la celebro con la misma felicidad con la que los adolescentes viven su primer amor. No es, sin embargo, fácil encontrar historias que escapen de esta dictadura monotemática patria, pero, a veces, en este triste otoño de la crispación y la trivialidad se producen pequeños milagros de la primavera de la excelencia y la tolerancia.
Esta semana cayó en mis manos una deliciosa entrevista que en el periódico La Rioja realizaban al catedrático de Derecho romano Antonio Fernández de Buján con motivo de su investidura como doctor honoris causa por la universidad riojana. La entrevista la firmaba Pío García, al que quiero felicitar por alcanzar, como Stefan Zweig, esa cima tan difícil de hollar: divulgar deleitando.

Esa página del diario logroñés es lo mejor que he leído en la prensa española en toda la semana. Mi simpatía por la tierra de Gonzalo de Berceo no para de aumentar. Por un lado, como dice Virgilio: “el vino, ese regalo de los dioses” y, por el otro, Luis de la Fuente, ese regalo del denostado fútbol a todos los españoles.
El periodista riojano con sus acertadas preguntas sobre la historia y la vigencia del Derecho de Roma en el mundo de hoy y mi paisano de Lugo con sus atinadas y eruditas respuestas me convencieron de la actualidad de la célebre reflexión de Xavier Zubiri: “la metafísica griega, el derecho romano y la religión de Israel… son los tres productos más gigantescos del espíritu humano”. El discípulo predilecto de Ortega no añadió el programa Horizonte del gran Iker Jiménez, porque no existía en su época.
Sumo sacerdote del derecho romano español
Me maravilló que el ilustre profesor de la Universidad Autónoma de Madrid nos contase que China había codificado recientemente su derecho civil bebiendo directamente en las fuentes romanas. El jurista gallego resumía en una frase la importancia imperecedera de su disciplina: “estudiar Derecho romano para un jurista es como estudiar Aristóteles para un filósofo. El filósofo griego no ha sido superado y al menos una parte del derecho romano sigue vigente: el usufructo, la hipoteca…”. Y yo añado, como leer a Ovidio, Séneca y Cicerón para un escritor.
Antonio Fernández de Buján es el sumo sacerdote del derecho romano español. Un hombre que ha dedicado toda su vida a la universidad y a la investigación, viviendo la docencia como un auténtico sacerdocio y creando la escuela más amplia de romanistas españoles: setenta discípulos (quince de ellos catedráticos) repartidos en veinticinco universidades españolas y extranjeras. Un auténtico maestro que afirma con humildad: “maestro es el que sabe… y sabe compartir”.
Un trabajador estajanovista al que sus hijos no han visto descansar un solo día de su vida. Esa es la razón de que sea el autor de treinta libros individuales (incluidos sus manuales, convertidos ya en “clásicos” entre los estudiantes de Derecho) y trescientas setenta publicaciones jurídicas en tres materias distintas: derecho romano, procesal y civil; lo que le ha hecho merecedor de la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort en 2016. Este magisterio, este trabajo, esta colosal obra, casi del tamaño de la de Honoré de Balzac, la ha descrito muy bien uno de sus discípulos, Juan Alfredo Obarrio Moreno: “detrás de un Maestro siempre hay una vida de silencioso estudio, de denodado esfuerzo y de infinita entrega a sus alumnos y discípulos”.
El padre de la jurisdicción voluntaria
Una parte muy relevante de su trayectoria institucional está vinculada a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España en la que ingresó en 2013. También aquí su cursus honorum está siendo muy destacado: es el actual vicepresidente de la corporación, tras haber sido director de publicaciones y censor.
Son muchos los honores y condecoraciones que ha recibido en su larga carrera. Destacan sus diez doctorados honoris causa, que para él parecen tan fáciles de conseguir como para Messi los balones de oro. Sin embargo, como gallego que es, el lugar más preciado en su corazón lo ocupa la Medalla Castelao, que recibió en el año 2011.
La entrevista del periodista riojano tiene otra virtud añadida que la hace aún más interesante. Además de hablar de historia, versa sobre temas jurídicos del presente. Buján no solo es “el padre de la jurisdicción voluntaria” y de su ley de 2015, y ha escrito valiosos estudios sobre discapacidad, sino que es uno de los mayores expertos y estudiosos de un tema de rabiosa actualidad: la acción popular. El catedrático emérito, con carácter vitalicio, de la Autónoma madrileña argumenta con la finezza que se le supone a un jurista, y más a un jurista gallego: “no se debe criminalizar la acción popular, gracias a la cual se han resuelto muchos asuntos graves, lo que hay que hacer, a mi juicio, es reforzar el control judicial y establecer sanciones en el supuesto de que se haya utilizado con fines espurios”.
Desechos del derecho
El uso y abuso de la acción popular por parte de los partidos políticos y de esos entes que yo denomino desechos del derecho es, en mi humilde opinión, uno de los fenómenos que más amenazan la pacífica convivencia entre los españoles. Espero y deseo que la acción popular sea reformada con urgencia oyendo la voz y opinión de los grandes expertos, como Antonio Fernández de Buján.
La biografía de este lucense, para quien la familia ocupa un lugar esencial en la vida, me hace comprender a Spinoza: “la excelencia es tan difícil como rara”. Y me hace expresar un deseo en voz alta. No quiero una España de Koldos, Ábalos y Bárcenas, quiero una de Nadales, Bujanes y Luis Albertos de Cuenca.
Todas las carreras empiezan en la juventud. Esos años marcan el camino de todos en la vida. Antonio Fernández de Buján descubrió el suyo cuando leyó esos versos inmortales de Virgilio en la Eneida: “Vosotros, los romanos, recordad que vuestro arte es regir a las naciones, implantar la costumbre de la paz, asimilar a todos los vencidos y derrotar a todos los soberbios”.
