El lunes, Donald Trump se autoproclamó “ángel de la guardia” del estrecho de Ormuz y anunció que cobraría a “todos y cada uno” de los barcos que lo crucen una tasa del 20% del valor de su carga. El martes, la retiró. Entre una cosa y otra pasaron menos de 24 horas, el barril de Brent superó los 86 dólares y medio sector naviero mundial se echó las manos a la cabeza. Es el patrón que los analistas conocen como TACO, “Trump Always Chickens Out” -Trump siempre se acobarda-, el acrónimo que desde hace tiempo define su costumbre de lanzar amenazas descomunales para recular después: pasó con los aranceles, pasó con la OTAN y su ultimátum del 5%, y acaba de pasar en el punto más caliente del comercio marítimo global.
Lo cierto es que el vaivén llega en el peor momento posible. El propio lunes, Trump notificó al Congreso que Estados Unidos vuelve a estar oficialmente en guerra con Irán, apenas tres semanas después de firmar un acuerdo que él mismo había calificado de histórico. En ese escenario cayó la ocurrencia del peaje. “He decidido reemplazar la tasa del 20% con acuerdos comerciales e inversiones que varios países del Golfo harán en EE UU”, escribió Trump el martes en su red social, antes de rematar en el Despacho Oval que no cree que “nadie deba poder cobrar una tarifa por el uso del estrecho”. Reyes y emires, explicó, le habían convencido de que preferían invertir miles de millones en Estados Unidos antes que pagar por navegar. Según Al Jazeera y Axios, ninguna capital de Oriente Próximo fue consultada antes del anuncio original.

“Ningún país puede cobrar peajes o tasas”
Y es que los vaivenes del magnate ya son difíciles de seguir hasta dentro de sus propias filas. El secretario de Estado, Marco Rubio, había defendido en Abu Dabi que Ormuz es una “autopista marítima internacional” donde “ningún país puede cobrar peajes o tasas”. Lo decía cuando la idea era iraní, porque cuando pasó a ser de su jefe, el argumento quedó en evidencia, y Teherán recogió el regalo encantado. “El presidente de Estados Unidos tiene toda la razón. Quien garantice el paso seguro de los buques mercantes por el estrecho debe ser compensado”, celebró el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchí, con remate incluido: “El 20% es, por supuesto, excesivo. Nosotros seremos justos”.
Trump, que de momento mantiene el bloqueo naval, continúa su cierre sobre el estrecho para impedir que cualquier barco que entre o salga de puertos iraníes o transporte carga relacionada con Irán. Y sobre el agua, los barcos que se atreven a cruzar lo hacen a cuentagotas y con el transpondedor apagado para no ser localizados. Sólo en la última semana, al menos siete buques han sido atacados por Irán, y la confianza en la protección estadounidense se erosiona incluso en la ruta sur, la que discurre por aguas omaníes bajo amparo de la Armada.
De momento, y después de tantas idas y venidas, los países la Agencia Europea de Seguridad Aérea recomienda encarecidamente a los viajeros que no viajen a zonas cercanas a Oriente Próximo. La volatilidad del conflicto y las “violaciones recurrentes y significativas”, explica la EASA, hacen que siga habiendo un alto nivel de riesgo en todo el Golfo.

Locura en los mercados
Los números explican el alivio del sector naviero por la marcha atrás. La patronal de armadores ‘Bimco‘ calculaba que un superpetrolero habría pagado unos 27 millones de dólares por viaje, y un portacontenedores, hasta 260, unos costes que habrían terminado repercutidos en los consumidores, que habrían pagado muchísimo más que la tasa inicialmente pensada por Irán. Lula da Silva fue de los primeros ministros en entrar al trapo: “Esto antes se llamaba piratería”.
La Organización Marítima Internacional insiste en que los peajes carecen de “ningún fundamento jurídico”, pero la idea ya tiene padrinos en los dos bandos, e Irán y Omán negocian desde hace semanas su propio esquema para el estrecho. Consultoras y empresas sacan la calculadora y algunas ya calculan que el tránsito por Ormuz caerá a entre el 5% y el 15% de los niveles previos a la guerra. La factura, como siempre, llegará repartida: petróleo, gas y fertilizantes más caros hasta nueva orden.

