A Cristina Cienfuegos (31, Oviedo) se le habían acabado las vacaciones. Después de estar una semana en Maldivas, hizo las maletas para volver a Asturias. Cuando reservó el viaje no sabía que la vuelta, larga y con escala incluida, se daría en medio del mayor conflicto en Oriente Medio desde que, en 2011, estalló la guerra civil Siria.
La primera parada antes de llegar a Madrid era de apenas dos horas en el aeropuerto de Doha, Qatar. Pero ese día, ni Cristina ni otros muchos españoles pudieron volar. El aeropuerto qatarí se blindó ante lo que era la primera amenaza formal por parte de Irán.
“De repente saltaron las alertas en los teléfonos. Eran mensajes árabes y no entendíamos nada, aunque tardamos poco en darnos cuenta de que nos avisaban de que Qatar había sido amenazado”, explica Cristina, ya tranquila desde Asturias, en conversación con este periódico. La primera noche durmió junto al resto de españoles en el aeropuerto. “Al principio, pensábamos que podía ser cuestión de horas, que tal vez podríamos salir la mañana siguiente”, explica. Cristina estuvo finalmente atrapada en Qatar una semana entera.

Más de 30.000 españoles atrapados en el Golfo
Ella es sólo una de los más de 30.000 españoles que, durante la primera semana de marzo, estuvieron atrapados en algunos de los países más ricos del mundo: rodeados de lujos, pero bajo el zumbido continuo de drones y misiles iraníes. Por primera vez desde hace más de una década, países como Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Kuwait, Omán o Baréin son formalmente amenazados por la República Islámica que les ha puesto en la diana como objetivos legítimos.
Hasta ahora, estos países habían sido un oasis para el turismo de lujo. Y también la principal puerta de entrada a Asia. Quien no los visita por turismo, lo hace por obligación de las compañías aéreas o incluso viven en ellos. Desde hace tiempo, estos estados son considerados auténticos paraísos fiscales cuya propaganda se centra en atraer nuevos y ricos inversores.
Pero la publicidad y el modelo de estabilidad construido por los vecinos de Irán durante más de 50 años se ha ido al garete cuando Irán estableció como objetivos las bases militares ubicadas en la región. La seguridad de estos países, rodeados de conflictos, era un espejismo. Hasta ahora, ni la guerra en Irak ni tampoco los atentados del Estado Islámico o las bombas sobre Gaza y el Líbano han hecho temblar a estos países llenos de rascacielos costeros e islas artificiales.

Se rompe la estrategia de los países del Golfo
El conflicto de Irán ha hecho tambalear toda la estructura de estos estados. Sus esfuerzos por atraer inversiones millonarias y su aparente seguridad ya no convencen a los miles de residentes que, a pesar de sus ventajosas políticas fiscales, han comenzado a huir a cuentagotas.
Para Cristina, que recordaba el país tranquilo y seguro, Qatar se convirtió en un infierno en el que, durante 7 noches, escuchaba el ruido continuo de misiles y bombardeos. “El primer ataque lo vimos la primera noche que dormimos en el aeropuerto”, relata. “Vimos como empezaban a caer en torno a 8 misiles”. Lo que Cristina vio era el primer ataque formal contra la monarquía catarí: una operación coordinada de los ayatolás contra una de las bases de Estados Unidos, situada a 40 kilómetros del aeropuerto.
En ese momento comenzó el desalojo del aeropuerto. Un trabajo laborioso para el principal hub del mundo que los empleados tardaron en hacer más de 5 horas. “Fue un caos, la gente estaba muy asustada”, recuerda. Justo después, Cristina y el resto de los españoles, pero también extranjeros y europeos fueron trasladados a hoteles cercanos. Sin embargo, las cinco estrellas del resort de lujo en el que se alojaban no consiguieron calmar los ánimos. “En frente del hotel vimos como interceptaban varios misiles”, explica.

La llamada de Barbón
A Cristina le llamó Adrián Barbón, el presidente del principado de Asturias. “Como no conseguíamos contactar con la embajada me dijo que iba a intentar hablar con Exteriores. Al poco tiempo me llamó Álvaro Renedo, el embajador español en Qatar”, relata. La peor noche fue la quinta, cuando Irán atacó por sorpresa la embajada norteamericana a tan sólo 6 kilómetros del hotel en el que se alojaba Cristina. “Tembló todo, fue muy impactante”, recuerda.
La huida no llegó hasta la siguiente noche, la sexta. “A las tres tenéis que estar en el lobby del hotel”. Ese fue el mensaje que, sin previo aviso y por sorpresa, recibieron algunos españoles. Qatar Airways había organizado corredores de emergencia para ir sacando a todos los europeos. La aerolínea, que llevaba sin operar con normalidad desde el 28 de febrero, recibió permiso para poder volar. Lo mismo hicieron sus países vecinos. Arabia Saudí o Emiratos Árabes comenzaron unas repatriaciones maratonianas para intentar poner a salvo a los miles de españoles que llevaban durante días atrapados en lo que, hasta ese momento, eran algunos de los países más ricos y seguros del mundo.
