Desde el estallido de la gran guerra regional en Oriente Medio, el régimen iraní ha centrado el foco de sus ataques en los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Pese a su histórico carácter neutral, la rica monarquía árabe es un epicentro económico global. Y el ‘plan B’ de Teherán es la disrupción financiera. Por ello, este lunes drones iraníes e impactaron de nuevo en Fujairah, el mayor puerto y almacén de petróleo del país, así como el Aeropuerto Internacional de Dubái.
Debido a los ataques, que provocaron intensas humaredas negras, los vuelos fueron suspendidos temporalmente. En Abu Dabi, capital de los EAU, un ciudadano palestino murió por el impacto de un misil. Solamente este lunes, las defensas antiaéreas de EAU interceptaron seis misiles balísticos y 21 drones, acorde al ministerio de defensa. Desde el inicio de la guerra, se calcula que el país árabe -el más cercano a la costa iraní- ha recibido unos 1.900 misiles y drones.
Debido a la carestía y complejidad operativa de las baterías antiaéreas, múltiples países del Golfo Pérsico reclamaron ayuda a Ucrania para compartir su experiencia en la lucha para interceptar drones, un arma usada por Moscú para infligir daños en territorio ocupado. El aeropuerto de Dubái, uno de los más transitados por viajeros internacionales, ya ha sido impactado en tres ocasiones desde el estallido de la guerra.
Irán recrudece su ofensiva contra Emiratos
El reino árabe, que presume de seguridad y estabilidad para hacer negocios, está siendo duramente castigado por Irán. De hecho, Teherán dedica casi los mismos recursos bélicos a Israel que a EAU. Otros países de la zona, como Qatar, Bahréin o Arabia Saudí también son blancos frecuentes, aunque con menor intensidad. De hecho, Doha exigió este martes a Irán que detenga los ataques sobre el Golfo Pérsico y urgió a encontrar una solución diplomática para frenar la guerra.
Pese a que EAU calcula que interceptó cerca del 90% de los drones y misiles, la vida civil se encuentra en standby, como ocurre en Israel. Los residentes de Dubái o Abu Dabi escuchan frecuentes estruendos por las intercepciones, alarmas antiaéreas y alertas en sus teléfonos móviles. Hoteles, edificios residenciales, el principal centro financiero de Dubái o el consulado estadounidense en la ciudad han sido atacados.

“Para Irán, los Emiratos Árabes Unidos representan un lugar estratégico desde donde los ataques pueden presionar a Washington, interrumpir los flujos energéticos mundiales, desestabilizar las finanzas y las empresas internacionales, y generar atención mundial”, consideró Emma Graham en el canal CNBC.
Irán puede infligir un daño considerable a nivel regional y global, poniendo a prueba a un estado que se ha posicionado como el puente más seguro del Golfo entre Oriente y Occidente, y como el futuro de la región en materia de finanzas, logística, aviación o tecnología. Paradójicamente, el paraíso fiscal de EAU sirvió al régimen iraní para sortear las sanciones económicas occidentales y hacer negocios en el mundo.
Los ataques al sector energético -a almacenes o buques petroleros- ya afectan directamente a las economías occidentales, donde el precio de la gasolina se disparó. Fruto de los impactos del sábado pasado y de este lunes, las actividades quedaron temporalmente detenidas. El puerto de Fujairah yace en la costa este de los EAU, por lo que las embarcaciones no necesitan acceder por el estrecho de Ormuz para operar.

La ubicación significa que el puerto desempeña un papel “crucial” para “ayudar a mantener el flujo de suministros globales” cuando el estrecho de Ormuz está bloqueado por Irán”, apuntó el analista Justin Harper, editor de CEO Middle East a la BBC. La compañía petrolera estatal Adnoc mantiene en Fujairah sus reservas de crudo, que suponen un suministro crucial para el mercado asiático.
No obstante, Harper apunta que la ubicación “prueba la vulnerabilidad de la infraestructura del Golfo. Este es el primer puerto de parada rumbo a China y Singapur”. Pese a los continuos ataques, las autoridades de EAU tratan de mostrar resiliencia ante la ciudadanía y los mercados, y mantienen abiertos restaurantes o centros comerciales. “La gente subestima la capacidad de supervivencia de Dubái”, concluye.
A nivel interno -pese a los duros golpes atestados al liderazgo político y militar del régimen iraní-, el nuevo líder supremo Mojtaba Jamenei habría ordenado a los oficiales nombrados por su difunto padre que mantengan sus puestos y misiones. La orden es clara: seguir las políticas y la “guía” que recibieron durante el mandato de Ali Jamenei. Y según las estimaciones de los gabinetes de guerra en Washington y Jerusalén, el fin de la guerra todavía no está en el horizonte próximo.
