Opinión

El plan de Maryam Rajavi para un Irán libre

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Durante años, cuando en Europa se hablaba de Irán, el debate parecía reducido a una falsa dicotomía: o el régimen de los ayatolás o el caos. Esa simplificación interesada ha sido una de las grandes coartadas de la pasividad internacional frente a una de las teocracias más represivas del planeta. Sin embargo, esa narrativa ignora algo fundamental: el pueblo iraní no solo se levanta periódicamente contra la dictadura, también existe una alternativa política organizada que ha articulado una visión clara para el futuro del país.

Conocí a Maryam Rajavi en Bruselas al comienzo de mi etapa en el Parlamento Europeo. Desde aquel primer encuentro comprendí que su liderazgo representaba algo más que la oposición a una dictadura: encarnaba una visión política clara para el futuro de Irán. En aquellos años impulsé desde el Parlamento el programa AWARE (Alliance of Women Against Radicalization and Extremism), centrado en el papel de las mujeres como fuerza transformadora frente al extremismo y la radicalización, y la señora Rajavi fue una firme aliada de esa iniciativa. Paralelamente, desarrollamos una intensa labor política conjunta a través del grupo Friends of Free Iran, una plataforma transversal de la Eurocámara en la que participé con entusiasmo, liderando desde España el trabajo conjunto para apoyar las aspiraciones democráticas del pueblo iraní.

Ese compromiso internacional volvió a ponerse de manifiesto este mismo domingo, 15 de marzo, durante una cumbre celebrada en formato online convocada por Rajavi como presidenta electa del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán. Desde distintos países, ideologías y trayectorias, los casi doscientos representantes políticos e institucionales de todo el mundo que participamos coincidimos en una conclusión que no por obvia es menos relevante: la única salida real para Irán es un cambio de régimen.

La líder del grupo opositor iraní Muyahidin Jalq, Mariam Rajavi
EFE/Oliver Hoslet

Además de mostrar su visión detallada del escenario que afronta su país, Rajavi volvió a recordar su Plan de Diez Puntos, la hoja de ruta concreta para la transición democrática de Irán que lleva dos décadas defendiendo, desde que la presentara por primera vez en 2006 ante el Consejo de Europa. Más vigente que nunca, lo relevante de esta propuesta no es únicamente su contenido, sino lo que simboliza.

Frente al régimen de los ayatolás —fundado en el principio de velayat-e faqih, el gobierno absoluto del clérigo— el plan comienza con una premisa sencilla y revolucionaria en el contexto iraní: la soberanía pertenece al pueblo. Ni a los clérigos, ni a una élite religiosa. Al pueblo.

Ese primer punto establece la base de una república fundada en el sufragio universal y el pluralismo político. Es decir, exactamente lo contrario del sistema actual, donde cualquier candidato debe superar primero el filtro ideológico de un Consejo de Guardianes controlado por el régimen.

Irán
Una manifestante con los colores de Irán durante una protesta en Frankfurt
Efe

El segundo pilar es igualmente esencial: libertades políticas plenas. Libertad de expresión, de prensa, de internet, de asociación y de partidos. Hoy en Irán estas libertades son inexistentes. Periodistas encarcelados, redes sociales bloqueadas, manifestaciones reprimidas. La libertad que el régimen promete en su propaganda termina siempre en la misma realidad: prisión o exilio.

Por eso el plan incluye algo imprescindible para cualquier transición real: la disolución del aparato represivo del régimen. La Guardia Revolucionaria, la fuerza Qods, la milicia Basij, el Ministerio de Inteligencia y la red de patrullas de control ideológico. No se trata de una cuestión simbólica. Estas estructuras constituyen la columna vertebral de la represión interna y del terrorismo exterior del régimen.

Otro punto central aborda la cuestión de los derechos humanos. Rajavi plantea un compromiso explícito con la Declaración Universal de Derechos Humanos, la prohibición de la tortura y la abolición de la pena de muerte. Conviene recordar que Irán sigue siendo uno de los países con mayor número de ejecuciones del mundo, muchas de ellas tras procesos judiciales sin garantías.

Un grafiti del retrato del nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, en el norte de Teherán
EFE/Jaime León

Pero quizá el elemento más transformador del plan es su defensa de la igualdad entre mujeres y hombres.

La ola de protestas que recorrió Irán tras el asesinato de Mahsa Amini en 2022 dejó claro que la lucha por la libertad en el país tiene rostro de mujer. El lema “Mujer, vida, libertad” no fue una consigna pasajera, sino la expresión de una sociedad que rechaza décadas de control patriarcal impuesto por el régimen.

El plan recoge esa realidad: igualdad política, social y económica; derecho a elegir libremente la vestimenta; igualdad en el matrimonio y el divorcio; acceso pleno a educación y empleo. No es un detalle menor que la mitad de los miembros del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán sean mujeres.

Y qué mujeres.

Una manifestación en París, Francia
EFE/EPA/MOHAMMED BADRA

El documento también propone la separación entre religión y Estado, la autonomía para las minorías étnicas dentro de la integridad territorial de Irán, un sistema judicial independiente y una economía abierta basada en igualdad de oportunidades.

Y hay un último punto que debería resonar especialmente en Europa: un Irán no nuclear, comprometido con la coexistencia pacífica y la cooperación internacional. Durante demasiado tiempo, parte de la comunidad internacional ha optado por el apaciguamiento frente a Teherán, esperando que concesiones económicas moderaran a un régimen cuya naturaleza es intrínsecamente represiva y expansionista. Pero la realidad ha demostrado que el régimen nunca, de ninguna manera, va a reformarse.

El Plan de Diez Puntos de Maryam Rajavi no es una utopía, es un mapa. Y, sobre todo, el recordatorio incómodo de que el futuro de Irán no pertenece a los ayatolás, sino a los iraníes. La verdadera cuestión es si el mundo está dispuesto a escuchar a quienes dentro y fuera de Irán llevan décadas defendiendo una alternativa democrática.

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