“Nos atacan más a nosotros que a los judíos, los iraníes son nuestros enemigos, más de lo que son respecto a los judíos. Hace unos días cayó un misil al lado del Kotel (Muro de las Lamentaciones), es decir, al lado de la Mezquita de Al Aqsa”, comenta un palestino desesperado al reportero Suleiman Maswadeh, del canal Kan 11.
El periodista, que creció en el barrio musulmán de la ciudad antigua de Jerusalén, conoce las estrechas y laberínticas callejuelas del lugar como la palma de su mano. En árabe y hebreo, pregunta a los escasos transeúntes que se cruza durante su recorrido. Pregunta a otro lugareño si a los iraníes les importa que Al-Aqsa pueda recibir un impacto. Durante el mes de guerra contra Irán, ya han caído fragmentos de misiles balísticos en los barrios cristiano, musulmán y judío de la ciudad amurallada.

“Atacan también a Dubai o Arabia Saudí, que son musulmanes. Atacan familias, niños y edificios. Atacan a los árabes. Así que nosotros sufrimos por todos lados”, lamenta otro palestino. Los misiles del régimen iraní apuntan indiscriminadamente a zonas densamente pobladas, no objetivos militares. Un judío explora el lugar del impacto a escasos metros del Kotel. “Sí que da miedo, pero debemos afrontar la situación”, reconoce.
En la ciudad antigua de Jerusalén apenas hay refugios. Cuando suenan las alarmas, la mayoría de sus residentes o comerciantes se resignan. “Todo es posible, en la guerra no hay leyes”, lamentó un trabajador del barrio armenio. El periodista le pregunta sobre la santidad de Jerusalén, el mito de que Dios siempre protegerá a la ciudad santa ante ataques por aire. El entrevistado no tiene respuestas. “Cuando hay guerra debemos mantenernos unidos, la alternativa es la anarquía”, se resigna.
La pascua cristiana y el pesaj judío
En Israel y los territorios palestinos, la población no calcula estos días las recetas que preparan para la Pascua cristiana o el Pesaj judío, sino lo cerca que estarán de un refugio antibombas. A diario, y en franjas horarias bien distribuidas, el régimen iraní dispara misiles balísticos -con bombas de racimo- que logran generar una disrupción total de la vida, en un país cuyo territorio apenas alcanza la mitad de Cataluña.
No solo está afectado el sector turístico, dado el cierre casi total del aeropuerto internacional de Tel Aviv. El sistema educativo está parado desde el 28 de febrero, muchos negocios cerrados, decenas de miles de reservistas movilizados en el frente libanés y, sobre todo, una losa de incertidumbre sobre cuándo y cómo acabará la guerra. Este miércoles, una salva de misiles dejó once heridos, entre ellos dos niños gravemente, en el centro de Israel.

Las autoridades israelíes limitan las aglomeraciones de gente para evitar que un posible impacto genere muchas víctimas y heridos. Dicha limitación generó polémica en el Santo Sepulcro, cuando el cardenal católico Pizzaballa intentó acceder a la iglesia y la policía israelí le vetó el acceso. Los tradicionales Seder de Pesaj, la ceremonia en que se conmemora la libertad de los israelitas tras su salida de Egipto, estarán marcados por las alarmas y las continuas notificaciones de soldados caídos o civiles heridos.

En las callejuelas de Jerusalén, otro residente remarca que “nunca pensé que habría impactos aquí. No corremos a protegernos, porque no hay refugios aquí, no hay donde correr. Simplemente salimos a filmar. Hubo un boom muy fuerte”, explicó. Y avisó: “si los iraníes disparan aquí a propósito, abren un frente en todo el mundo. Al Aqsa, la iglesia del Santo Sepulcro…todos los lugares sensibles están aquí”.
“¿Dios cuida este lugar?”, pregunta el periodista. “Hasta ahora, si”, dice sonriente en medio del ambiente apocalíptico. En la pandemia del coronavirus, se forzó el cierre de comercios, pero ahora la ciudad amurallada está literalmente muerta. Como todos los callejones son tan estrechos y cerrados, un impacto podría ser una trampa mortal que impediría rescatar a la gente.
“La guerra trae pérdidas para todos, los misiles no saben donde caen. Los misiles no nos diferencian, estamos ahora juntos, lo que os pasa a vosotros, nos pasa a nosotros. Hay Dios, y hay misiles”, lamentan dos veteranos palestinos, que se limitan a fumar y comentar la cruda realidad ante la falta de turistas, su principal sustento.
Golpe a la economía israelí
El golpe a la economía doméstica es letal. De acuerdo a Reuters, el gasto militar directo, la pérdida de producción por cierre parcial de la economía, la movilización de reservistas, y daños materiales por ataques están drenando las cuentas del estado judío. Se estima que las pérdidas por la guerra ascienden a casi 3.000 millones de dólares por semana.
Para la israelí Yifat Bonen, este año la festividad será “más íntima, más sobre la gente que sobre las cosas materiales”. Los misiles iraníes también afectan al turismo saliente. Durante el Pesaj, decenas de miles de israelíes suelen viajar al extranjero. Ante la práctica inactividad del aeropuerto internacional, miles de personas se acumulan en la frontera con Egipto, para cruzar en bus y buscar la libertad en lugares que no están asediados por los misiles.
