Venezuela afronta este sábado uno de los momentos más delicados desde que dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieran el norte del país el pasado miércoles. A punto de cumplirse las primeras 72 horas desde la catástrofe, consideradas decisivas para localizar supervivientes entre los escombros, las operaciones de rescate se desarrollan sin descanso mientras el balance oficial asciende ya a 920 fallecidos y 3.360 personas heridas.
La emergencia mantiene movilizados a miles de efectivos nacionales e internacionales, en una carrera contrarreloj en la que cada minuto puede marcar la diferencia. El Gobierno venezolano ha reiterado que el objetivo prioritario sigue siendo encontrar con vida a quienes permanecen atrapados bajo edificios derrumbados, especialmente en el estado de La Guaira, la zona más castigada por los seísmos.
Durante las últimas horas, el dispositivo de respuesta se ha reforzado con la llegada de más de 1.600 especialistas en búsqueda y rescate procedentes de distintos países. Equipos de España, Estados Unidos, México, Italia, Colombia, Chile, Ecuador, Suiza, República Dominicana, Países Bajos y El Salvador ya trabajan sobre el terreno junto a los servicios venezolanos, mientras las autoridades esperan nuevos vuelos con personal y material en las próximas horas.

La Guaira se ha convertido en el epicentro de la respuesta humanitaria, pero también del colapso logístico. Miles de ciudadanos han intentado acceder al estado con alimentos, agua, medicamentos y herramientas para colaborar con los damnificados. Esa ola de solidaridad provocó importantes atascos en las principales carreteras de acceso, dificultando incluso el desplazamiento de algunos equipos de emergencia. Ante esta situación, el Ejecutivo decidió restringir el ingreso al estado durante la noche del viernes y reforzó el control de la zona con un amplio despliegue militar para facilitar las labores de rescate.
En numerosos puntos afectados, la maquinaria pesada continúa retirando toneladas de escombros mientras los rescatistas interrumpen periódicamente los trabajos para guardar silencio e intentar detectar posibles señales de vida. En algunos barrios, vecinos y voluntarios comenzaron las búsquedas con herramientas improvisadas antes de la llegada de los equipos especializados.
La situación también continúa siendo crítica en Caracas, donde varios edificios sufrieron graves daños estructurales. Las autoridades locales reconocen la enorme complejidad de algunas operaciones debido al riesgo de nuevos derrumbes y al peso de las estructuras colapsadas, factores que ralentizan el avance de los trabajos pese al despliegue de recursos.

Paralelamente, el puente internacional de ayuda sigue ampliándose. El aeropuerto internacional de Maiquetía, afectado por el terremoto, permanece parcialmente inoperativo mientras personal militar y técnico trabaja para recuperar cuanto antes su capacidad logística y garantizar la llegada de más asistencia humanitaria.
La tragedia también afecta a ciudadanos de otros países. El Ministerio de Asuntos Exteriores de España mantiene en cinco la cifra de españoles fallecidos, mientras el número de desaparecidos asciende ya a 133. Además, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) ha recomendado canalizar la solidaridad mediante donaciones económicas, al considerar que este tipo de ayuda resulta más eficaz que el envío de materiales en una emergencia de estas dimensiones.
Mientras continúan las tareas de búsqueda, numerosos gobiernos han trasladado sus condolencias y respaldo a Venezuela. En estas horas decisivas, la prioridad sigue siendo encontrar supervivientes y atender a miles de familias que, casi tres días después del desastre, continúan esperando noticias.

