Victoria Sandino, exguerrillera y exnegociadora de paz por las FARC, no rehúye la controversia. Cómoda en foros internacionales sobre procesos de paz, embauca con el tono de voz y la mirada de quien ha vivido varias guerras -y no solo las armadas-, y con la convicción de que la lucha feminista sigue siendo incómoda, incluso dentro de los movimientos que se dicen revolucionarios.
Sandino recuerda que, durante el proceso de paz con el Gobierno colombiano, fue la única mujer plenipotenciaria en la mesa por parte de la insurgencia. “Hablar de participación de las mujeres en las negociaciones era casi subversivo”, admite a Artículo14, aludiendo a la resistencia tanto dentro de las FARC como del propio Estado colombiano. Sin embargo, junto con otras compañeras insurgentes y bajo la presión de los movimientos feministas del país, impulsaron la creación de la subcomisión de género. Desde allí lograron que el enfoque de género se integrara transversalmente en los acuerdos de paz de 2016, un hito que “marcó un salto histórico” para los procesos de paz en el mundo.
Diez años después de la firma, Sandino reconoce a Artículo14 que la implementación del enfoque de género ha sido limitada, pero reivindica los avances logrados. “Seguimos empujando la participación efectiva de las mujeres, con todas nuestras diversidades y agendas. Hoy ya podemos hablar de feminismo, una palabra que en 2016 era casi un tabú”, explica.
La mirada feminista en las mesas de negociación
La ex senadora celebra que, por primera vez, Colombia tenga una mujer dirigiendo una mesa de negociación, Vera Graves, exguerrillera del M19 y actual jefa de la delegación del gobierno en los diálogos con el ELN. Pero advierte que la presencia femenina no basta. “Hace la diferencia si hay voluntad real, pero no lo garantiza. La paridad de género es importante, pero sin compromiso feminista, sin una apuesta verdadera por la paz y por las mujeres, todo se queda en la forma”.
Cuenta que ha conversado con Graves sobre las dificultades a las que se enfrenta. Incluso el propio ELN reconoce en ella una actitud distinta: “No busca imponer fuerza, sino construir acuerdos. Y eso, en una mesa de negociación, cambia mucho”.
“Las FARC eran profundamente machistas”
Cuando se le pregunta si había machismo en las FARC, Sandino no duda: “Muchísimo. Hay muchísimo machismo en las FARC. Muchísimo“.
Recuerda que, aunque cerca del 40% de la guerrilla estaba conformada por mujeres, las estructuras seguían siendo profundamente patriarcales. “Era una organización jerárquica, militar, dominada por hombres. Nunca hubo una mujer en la comandancia general”, señala. Las mujeres ocupaban cargos medios o roles políticos, pero sin poder real de decisión.
Tras la firma del acuerdo, la mentalidad no cambió. “Muchos de los antiguos comandantes siguieron comportándose igual, muy verticales, muy machistas. Mientras fundábamos un partido político y hablábamos de nuevas formas de hacer política, ellos no cambiaron el chip”, admite.
Sandino, que se apartó del partido surgido del acuerdo, continúa trabajando desde los territorios con otras excombatientes y lideresas bajo una consigna propia: el feminismo insurgente. “Eso no cabía en la cabeza de muchos de ellos”, critica.
Un feminismo que no se acomoda
Crítica con lo que llama “feminismo de Estado”, Sandino considera que el feminismo institucional se queda corto. “Tiene que ser un feminismo revolucionario, que interpele las estructuras de poder, las causas mismas de la guerra, y que denuncie la violencia patriarcal en todas sus formas”.
Por eso le incomoda que en los foros internacionales apenas se mencionen los conflictos en curso: “Aquí no se dice nada del genocidio en Gaza ni de la guerra en Ucrania. Es un feminismo light, que no se atreve a hablar de la guerra”.
Sandino menciona el trabajo de las mujeres mediadoras de paz en regiones donde no llega el Estado. “Son mujeres campesinas, afrodescendientes e indígenas que se enfrentan directamente a los grupos armados para evitar reclutamientos o proteger a sus comunidades. Es una mediación real, arriesgada, pero casi nadie la reconoce”, explica.
Las violaciones en las FARC
A pesar de todo lo publicado en Colombia y las denuncias sobre la violencia sexual en el conflicto, Sandino asegura que las FARC tenían normas estrictas y que los casos que se presentaban eran castigados con la pena máxima. Relata uno que conoció de cerca, en el que dos guerrilleros fueron ejecutados tras violar a una mujer de una comunidad campesina. “Había reglas. Y se cumplían”, recuerda.
Paz con rostro de mujer
A sus 60 años, Sandino sigue militando por la paz, esta vez desde otro frente: el de la sanación colectiva. “La guerra deja muchos dolores, físicos y del alma. Y esos dolores nadie los trata. Ni el Estado, ni los psicólogos. Nosotras lo hacemos juntas, reconociendo las ausencias, los duelos, los traumas. Cuidándonos entre nosotras”, describe sobre uno de sus proyectos comunitarios.
“Si la guerra tiene rostro de mujer, la negociación y la implementación de la paz también deben tenerlo. Solo así habrá una paz verdadera, duradera y justa”, concluye Sandino.

