León XIV en España

El histórico ultimátum de León XIV a las mafias desde La Laguna: “Deténganse, rompan las cadenas, devuelvan lo arrebatado”

Ante una plaza que, alejada de las masificaciones de otros actos, le permitió bendecir uno a uno a los presentes, el Pontífice escucha los estremecedores testimonios de los supervivientes y lanza la condena más feroz de su pontificado contra quienes trafican con la desesperación humana

GRAFCAN5123. LA LAGUNA (TENERIFE), 12/06/2026.- El papa León XIV saluda a varios niños durante su visita este viernes al centro de primera acogida 'Las Raíces' de Tenerife. EFE/ Ramón De La Rocha
El Papa León XIV saluda a varios niños durante su visita este viernes Tenerife
EFE

La Plaza del Cristo de La Laguna no albergaba este viernes las apreturas multitudinarias ni la tensión logística de otros recintos tinerfeños, y fue precisamente esa llamativa amplitud espacial la que obró, desde el primer minuto, el milagro de la cercanía humana. Lejos de las prisas inapelables del estricto protocolo vaticano, el Papa León XIV aprovechó el respiro del aforo para detenerse con la quietud y la lentitud de quien sabe perfectamente que los gestos físicos suelen curar muchas más heridas que los discursos, acercándose a bendecir uno a uno a los niños congregados y posando pacientemente sus manos sobre la silla de ruedas de un enfermo que aguardaba bajo el cielo de la histórica capital universitaria.

Esa proximidad corporal sirvió de prólogo inmejorable para un acto diseñado en torno a la Red de Hospitalidad Atlántica y concebido para diseccionar a fondo el reto mayúsculo, arduo y a menudo silenciado que asume toda sociedad de acogida cuando el migrante ya ha logrado sobrevivir al océano y pisa tierra firme: el complejo laberinto de la integración. Así lo resumió lúcidamente el obispo anfitrión, monseñor Eloy Santiago, advirtiendo desde el atril que el verdadero celo cristiano obliga inexorablemente a “caminar con quienes caminan”, brindándoles las herramientas del idioma y la ocupación laboral para que dejen de ser eternos tutelados y logren integrarse aportando todo su talento a nuestra casa común, derribando para siempre los agobiantes muros del miedo y del prejuicio identitario.

GRAFCAN5168. LA LAGUNA (TENERIFE), 12/06/2026.- El papa León XIV durante su visita este viernes al centro de primera acogida 'Las Raíces' de Tenerife. EFE/ Ramón De La Rocha
El Papa León XIV durante su visita a Tenerife
EFE

Ese intrincado camino de la acogida, que discurre por senderos llenos de frustraciones burocráticas y miedos invisibles, fue ilustrado ante el Santo Padre con la crudeza cristalina que solamente puede otorgar la experiencia propia. Darwin Rivas, un sacerdote venezolano que lleva siete años curtido en la dolorosa y exigente trinchera migratoria de la isla de El Hierro, confesó ante el Pontífice el espantoso agotamiento extremo que acarrea sostener la humanidad de los otros cuando las barcazas abarrotadas no dejan de despuntar en la negrura del muelle de La Restinga. Con la voz atemperada por la fatiga de un servicio incansable, el párroco relató sus madrugadas de vacilaciones, relatando sin pudor aquellos instantes de pura zozobra humana en los que la tentación de resguardarse en la comodidad de su propia casa era sofocada por una simple intervención de su conciencia espiritual: “¿Qué haría nuestro Señor?”. Y siempre, confesaba este cura migrante volcado en asimilar el dolor ajeno, encontraba escondido en medio del llanto un rostro agradecido que daba sentido y justificaba todos los desvelos de la plataforma solidaria vecinal Corazón Naranja.

Esa gratitud vital e infinita a la que aludía el sacerdote fue la que logró materializar durante su intervención Mbacke, un jovencísimo senegalés de apenas veinte años amparado por la Fundación Canaria El Buen Samaritano, que supo esquivar in extremis el abismo desolador del sinhogarismo que devora rutinariamente a los extutelados cuando el calendario les marca la mayoría de edad y las instituciones públicas les retiran la mochila de la protección. En un relato rebosante de una luz inusitada, el muchacho le agradeció a la Iglesia haberle procurado muchísimo más que un simple techo y un plato de comida al ofrecerle, sobre todo, una contención emocional cimentada en el respeto y en una voz de aliento que le repetía machaconamente “tú vales, tú puedes”. Interrumpido en varias ocasiones por los cálidos aplausos de una plaza que obligaron al propio Papa a secarse la emoción de los ojos, el chico culminó su alocución recitando con asombrosa firmeza los versos de un poema diseñado por el grupo de teatro de su fundación para triturar los estigmas del racismo cotidiano: “La tierra es de todos, no hay división. Y aunque nos miren como extraños aquí, sabemos que el mundo es para compartir”.

Ver morir a decenas de personas

Pero si hay biografías que encapsulan con fidelidad la peor de las pesadillas imaginables de la frontera sur europea, son aquellas que consiguen reescribir a pulso un desenlace próspero tras haber rozado el aliento de la muerte con la punta de los dedos. Khalid Allad, de 24 años, repasó su llegada desde Marruecos en 2020. Un primer intento en patera se saldó con la defunción de veinte personas. “Recuerdo que, cuando regresé a casa, mi padre me abrazó llorando y me dijo que no había dormido en toda la noche porque había soñado que la patera volcaba. Mi padre me prohibió volver a intentarlo”, relató. Sin embargo, volvió a embarcarse hasta lograr llegar la costa de Tenerife. Allí, la Fundación Don Bosco le brindó formación laboral hasta conseguir un trabajo en un colegio salesiano: “Hoy siento que en Canarias no solo he encontrado una oportunidad, sino también un hogar donde trabajar, aportar y vivir con dignidad formando parte de esta comunidad”.

Por su parte, Thalia Johana Saldarriaga, ciudadana colombiana, relató cómo migrar de manera regular no libra a nadie de acabar sin hogar. Rescatada por el CEAR y apoyada por Cáritas, argumentó cómo aquella ayuda le otorgó independencia y la llevó a la reciprocidad. Transformada hoy en voluntaria, Thalia remarcó al líder católico la importancia material y espiritual de la acogida: “Entendí que mi experiencia puede servir de puente para otras personas. Cuando el acompañamiento es de corazón, de fe, no solo salimos adelante, sino que aportamos y ayudamos a construir comunidad”.

Al tomar el micrófono, León XIV empleó la propia idiosincrasia de la ciudad anfitriona para lanzar su primer mensaje: “Me ha llamado la atención lo que se ha dicho de esta ciudad: que es una ciudad sin murallas, una ciudad abierta. Quizá este detalle nos ayude a comprender que las barreras más difíciles de derribar no siempre son de piedra. A veces están en la mirada, en el miedo o en la indiferencia”. El Pontífice advirtió frente a la asamblea católica del riesgo de deshumanizar las crisis: “Hay miradas que ven y, sin embargo, no reconocen; convierten un rostro en cifra, una historia en expediente y una diferencia en distancia”. Frente a ello, pidió aprender el lenguaje de la cercanía para lograr “unas manos capaces de socorrer, acompañar, orientar, enseñar y abrir caminos”.

 

Para León XIV, la verdadera integración exige esfuerzos de ambas partes. “Integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria. Tampoco significa crear mundos paralelos”, aclaró. Lo definió como un camino recíproco: “Quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro”. El Papa pidió a los extranjeros “aprender su lengua, respetar sus leyes, conocer sus costumbres”, al tiempo que urgió a las sociedades a frenar el “naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad”.

Fue precisamente al mencionar a esos aprovechados cuando el tono del Santo Padre mutó para erigirse en un ultimátum directo contra las redes del tráfico humano. León XIV fijó la mirada en los presentes y endureció su mensaje: “Quiero dirigir una palabra clara a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio: Deténganse. Conviértanse”.

Elevando el tono, el Papa sentenció el futuro de estas mafias: “El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro. Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina”. Y cerró su intervención rematando su histórica condena con tres verbos de acción inmediata para los delincuentes: “Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen bajo dominio. Devuelvan lo arrebatado y reparen cuanto puedan”.

TAGS DE ESTA NOTICIA