Sabíamos perfectamente lo que estaba en juego. Sabíamos que estábamos cargados de razones y de dignidad. La lucha por evitar el cierre de la Central Nuclear de Almaraz era de todos. Y todos teníamos que poner de nuestra parte y dar la cara con orgullo hasta el final para poder decir hoy que Almaraz seguirá funcionando hasta 2030.
La rectificación del Gobierno de Sánchez, que durante años mantuvo el cierre de las centrales nucleares como una decisión inamovible y puso el foco y la urgencia en el cierre de Almaraz, aporta ahora algo que era de justicia y que llevábamos meses reclamando: tranquilidad para miles de familias y certidumbre para una comarca entera, el Campo Arañuelo, que sabe bien lo que la central significa para su presente y para sus oportunidades de futuro.
Porque Almaraz no ha sido ni es solamente una cuestión energética. Es industria, empleo cualificado y actividad económica. Es mundo rural y es bienestar. Y es también la garantía de que nuevos proyectos que ya han elegido Extremadura encuentren aquí las condiciones que necesitan para crecer.
En todo momento defendimos la continuidad de la vida útil de la central. Lo hicimos cuando nadie creía en la importancia de las nucleares, algo que luego se ha demostrado con el apagón como punto de inflexión que evidenció que esta fuente de energía era crucial para dar estabilidad a todo el sistema.
Desde que llegamos a la Junta de Extremadura defendimos que Almaraz era imprescindible. Lo hicimos trabajando, uniendo a las instituciones y a la sociedad civil alrededor de una misma reivindicación. Tomando decisiones, como la reducción de la ecotasa, para que el tejido empresarial extremeño pudiera también reclamar al Gobierno la continuidad de la central.
Pero hay algo todavía más importante que la propia prórroga: Almaraz demuestra que Extremadura puede hacerse escuchar cuando se une. En esta movilización social que pasará a la historia han estado trabajadores, sindicatos, empresarios, alcaldes, organizaciones sociales y ciudadanos, con distintas ideas y responsabilidades, pero con una convicción compartida.
Por eso hoy toca dar las gracias. A todos los extremeños que defendieron Almaraz sin miedo. A quienes explicaron una y otra vez lo que significaba. A quienes no se resignaron. A quienes se mantuvieron firmes. No hemos ganado una batalla contra nadie. Hemos ganado todos, dando un paso fundamental para el futuro de los extremeños y para la soberanía energética de España.

