Opinión

‘Anubis’ Sánchez revive (otra vez) con Abascal

MADRID, 09/09/2026.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), conversa con el vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo (d), durante la primera sesión de control del Congreso del curso político, este miércoles. EFE/ J.J. Guillén
El presidente Pedro Sánchez conversa con el vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo . EFE/ J.J. Guillén
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Sólo el dios egipcio Ra, que lo hacía a diario, acumula más resurrecciones que Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno, en la sesión de control de este miércoles, mostróse crecidísimo, lozano y pizpireto respondiendo al líder de Vox, Santiago Abascal; creyéndose el “líder internacional” del argumentario desvelado por Chicote en Artículo14, y con la vista puesta en Sajonia-Anhalt, el nuevo baluarte de la AfD, y quien dice AfD, dice ultraderecha, y, bueno, quien dice ultraderecha, a este paso, acabará diciendo informe PISA, Antonio García-Ferreras o, como a Mohamed VI se le antoje, Margarita Robles.

El yerno de Sabiniano, el de las saunas, se siente más cómodo portando la máscara de Anubis, o sea, la del cánido, que la del halcón de Ra: “Me llaman ‘perro’ –remató ante el macho alfa de Vox–. A diferencia de usted, yo seré un perro, pero no tengo amo”. Pumba, objetivo conseguido: brillante colofón, vídeo perfecto para redes y contrincante noqueado. Abascal, turulato, rechazó gastar los doce segundos que le quedaban para replicarle. Set y partido para un tipo espiado con Pegasus.

Con matices, a ver. El sociata no estuvo antológico, sino vivo; el voxero, excesivamente confiado, con Ceuta invadida y las encuestas más recientes dándole a su formación en torno a sesenta escaños, desbarró. Abascal deshilachó la camisa de fuerza a medida que Feijóo le tejió a Sánchez. El líder de la oposición mezcló churras con merinas, pero lo hizo bien, sin deslavar: “Las aulas de todo el país se vacían de conocimiento y las mochilas de los alumnos de Ceuta se llenan de espráis de pimienta”. El presidente del PP acusó al del Gobierno de estar sólo pendiente “de manipular el censo con la ley de nietos” y repasó la agenda de todos aquellos que, si cantan, malo: la gerente del PSOE, Ábalos, Julio Martínez, Gertrudis, Marruecos, etcétera. “Si mañana volvieran a entrar 80.000 personas en Ceuta –añadió–, ¿usted qué haría?”.

Sánchez pasó de responder y culpó a las CCAA del PP de la sobrepoblación de ceporros en los colegios, Feijóo recordó que el último PISA es “el primer examen a su ley educativa, el mayor de los fracasos de la historia democrática de este país” y le pidió elecciones, y el presidente tuvo un lapsus, o no, cualquiera sabe: “Por supuesto que va a haber elecciones en el año 2026, digo, 2027”. El “uuuuy” que sonó en el hemiciclo superó en decibelios a cualquier gol celebrado en la noche del martes en el Bernabéu.

Abascal, que la semana pasada clavó su intervención en el pleno sobre Ceuta, confundió el hemiciclo con un plató de televisión y se creyó una especie de Javier Aroca de derechas: “Este es su sistema educativo: cultura marroquí, lengua árabe y menús halal en los comedores”. El presidente de Vox dijo que “el próximo Gobierno de España no puede estar en Rabat, ni en Bruselas, ni en Washington ni en Tel Aviv” y pidió “activar el artículo 102 para llevar al señor Sánchez ante el Supremo y para saber exactamente cuántos diputados tiene Marruecos en esta cámara”. El jefe del Ejecutivo, sin despeinarse: “Usted y su partido son una amenaza para la democracia. (…) Si alguien va con una correa al cuello es precisamente usted: por eso aplaude los aranceles de uno y los genocidios de otro”. Luego, ya digo, vinieron el remate perruno del primero y el silencio derrotado del segundo.

Rufián jugó el rol de asustaviejas con poco éxito. Según el portavoz de ERC, si PP y Vox suman 210 diputados, invocarían a Cthulhu. “¿De qué sirven dos o tres diputados más si estos –los de Génova y los de Bambú– van a llegar a 210? Muchas gracias”, terminó, como compungido. Sánchez, en su salsa, acusó a Feijóo de “amenazar con enchironar a toda la oposición” y concluyó recurriendo a un poeta que el socialista creyó soriano pero que escribió que su infancia “son recuerdos de un patio de Sevilla”: “Esto es lo que tenemos que hacer, señoría: hacer camino al andar”.

Por lo demás, Ester Muñoz no consiguió que Carlos Cuerpo le respondiera a una sola de las cuatro preguntas que formuló sobre Ceuta. La melillense Sofía Acedo tiró por una obviedad que escuece a los enanitos políticos y mediáticos del Gobierno: “No es una crisis humanitaria, fue una invasión, y la única medida que puede salvar a Ceuta es que esos invasores sean expulsados a Marruecos”. Yolanda Díaz, no sé si demagoga, no sé si desconocedora del significado del significante “invasor”: “Son seres humanos que vienen a este país porque tienen razones y hambres”. A ver, una cosilla: un invasor no tiene por qué ser violento. “Invadir”, reza el Diccionario, es también “ocupar anormal o irregularmente un lugar”, que es lo que, objetivamente, sucedió en Ceuta los días 30 y 31 de julio. Cuando, por ejemplo, un peatón invade la calzada, se entiende que cruza por lugares no permitidos o permanece en una vía, pero no que lo hace con una motosierra encendida, como Cara de Cuero en La matanza de Texas. La vicepresidenta segunda atacó al PP atizando al cazador Figaredo, que yacía recostado sobre su escaño y se frotaba recurrentemente los párpados. Tellado, víctima del lapsus, al ministro del Interior: “La nueva normalidad de Marruecos, ¿sabe lo que es? Que los niños no pueden ir tranquilamente al colegio. Que las mujeres no pueden salir a la calle sin un espray antivioladores”. El secretario general del PP le dijo a Marlaska que “la CIA avisó al CNI, el CNI avisó a Margarita Robles, la Policía Nacional le avisó a usted y Vivas avisó a todo el mundo”. Y Marlaska, ¿con segundas?, respondióle: “¿Se da cuenta de la gravedad de lo dicho? Está imputando a la señora Robles que no elevó una noticia de esa importancia al Consejo de Seguridad Nacional”. El tiempo decretará si estamos o no ante un pellizco de monja.